Apple, una manzana evasiva

Miguel Ernesto Gómez Masjuan • La Habana, Cuba

Imagen: La Jiribilla

Apple ha pasado a la historia por sus innovadores productos. Los iPhones, iPads, iPods y Mac se venden en todo el mundo y han convertido a la empresa, con sede principal en Cupertino, California, en una de las más poderosas del orbe. Ahora Apple parece haber asegurado otro lugar en la historia, pero no precisamente por una nueva versión de sus gadgets, sino porque sería el “Santo Grial de los evasores fiscales”, como lo calificó el senador estadounidense Carl Levin.

Durante décadas, pocos se preocuparon en el mundo por las acciones de “ingeniería fiscal” que le posibilitaron a las grandes empresas evadir el pago de miles de millones de dólares en impuestos. La utilización de sociedades offshore, registradas en países considerados “paraísos fiscales”, fue una de las vías empleadas por los ejecutivos para ocultar sus ingresos ante las instituciones tributarias. Probablemente, muchos conocieran estos planes, pero nunca antes los gobiernos se habían lanzado con tanta fuerza contra las transnacionales.

Ahora, en un contexto donde Europa vive una de sus peores crisis económicas postguerra, la que ha provocado la multiplicación del desempleo y la ejecución de amplios recortes en los gastos públicos, los gobiernos europeos y de EE.UU. decidieron que, finalmente, era el momento de intentar frenar el impacto negativo de las evasiones de impuestos corporativos. Apple no sería el primer evasor investigado, pero sí el más importante.

Un Subcomité permanente del Senado de EE.UU. realizó un estudio encaminado a examinar los métodos empleados por las corporaciones transnacionales para enviar sus ingresos al extranjero. En esa investigación, Apple salió muy mal parada. El capital de la empresa fundada por Steve Jobs sería de aproximadamente 145 mil millones de dólares; pero el Subcomité considera que de esa abultada cifra, 102 mil millones se encontrarían en bancos extranjeros.

El jefe del Subcomité, Levin, dijo que Apple era el “Santo Grial de los evasores fiscales” y que había creado una amplia red de sociedades offshore para ocultar en ellas miles de millones de dólares que nunca fueron declarados y, por tanto, no recibieron impuestos.

Apple no demoró en pasar a la ofensiva. De acuerdo con Tim Cook, el hombre que sustituyó a Steve Jobs como Consejero delegado, su empresa era una de las mayores contribuyentes estadounidenses, al pagar seis mil millones de dólares en impuestos corporativos federales, por sus ingresos en 2012. Esa cifra debió ser mucho mayor, según reconoce Levin quien asegura que Apple dejó de pagar nueve mil millones.

Las declaraciones de Cook también fueron criticadas por el senador John McCain. El republicano y ex candidato presidencial calificó a Apple como uno de los más eminentes evasores de impuestos dentro de las empresas estadounidenses.

¿Cómo funciona la red perfeccionada durante años por Apple? Los “ingenieros fiscales” de la empresa buscaron a un país que ofreciera un ventajoso sistema impositivo, para formar allí sociedades. Irlanda pareció la opción menos riesgosa, porque tiene establecido que las empresas pagan un impuesto de sociedades del 12,5 porciento sobre los beneficios operativos, un porcentaje muy inferior al de otras naciones europeas y EE.UU. Esto llamó la atención de los directivos que decidieron crear su filial Apple Operations International y la convirtieron en la sede de sus operaciones internacionales.

Los principales ingresos obtenidos por Apple, a través de las ventas de sus muy exitosos dispositivos, iban a parar a esa filial, la cual se dividía en otras muchas sociedades, ubicadas en paraísos fiscales, donde las corporaciones no pagan impuestos por las ganancias obtenidas en el extranjero y prima el secreto bancario. Por tanto, para los investigadores resultaba muy difícil determinar cuánto exactamente había obtenido Apple, ya que la información sobre los propietarios de esas sociedades offshore y sus ingresos quedaban resguardados por las leyes locales sobre la confidencialidad de los datos.

De acuerdo con el informe del Subcomité, “pese a reportar un ingreso neto de 30 mil millones de dólares entre 2009 y 2012, Apple Operations International no pagó ningún impuesto de sociedades a ningún gobierno durante ese periodo”. Los directivos de Apple desestimaron esos ataques. Según ellos, la empresa tiene un amplio capital en el extranjero, porque vende la mayoría de sus productos fuera de EE.UU. y estos ingresos foráneos reciben impuestos en las jurisdicciones donde se obtuvieron.

Aquí persiste el problema: ese dinero termina en la cuenta bancaria de una sociedad offshore —de la que nadie conoce la identidad real de sus propietarios— y como en los paraísos fiscales las cargas fiscales son muy bajas o nulas, entonces, en realidad, Apple no paga todos los impuestos que debe.

Diversas empresas estadounidenses han recibido fuertes críticas porque se han negado a enviar a los bancos norteños sus ganancias obtenidas en el extranjero. En EE.UU. se aplica un impuesto corporativo del 35 porciento, considerado entre los más altos del mundo; aunque, por lo general, las compañías pagan mucho menos, a partir de deducciones y exenciones que reciben; no obstante, consideran que el porcentaje continúa siendo muy alto, por lo que optan por mantener su capital en el exterior.

Apple volvió a colocarse en el centro de la polémica recientemente cuando vendió 17 mil millones de dólares, en bonos, para recaudar el dinero que debía pagar a sus accionistas. La empresa podía haber repatriado dinero de sus reservas y no acudir a esa venta; pero eso habría provocado un nuevo impuesto en EE.UU.

Los ejecutivos “piden” —podríamos decir, “exigen”— una modificación en las leyes fiscales estadounidenses. Para aumentar la presión sobre la Casa Blanca, por ejemplo, el director ejecutivo de Cisco, John Chambers, reconoció que si se mantuviera la política tributaria actual, su compañía privilegiaría todavía más la inversión en el extranjero.

Los líderes europeos también han mostrado su “preocupación” por el billón de euros que anualmente pierde la Unión por evasión de impuestos. En una Cumbre especial, realizada en Bruselas, para debatir sobre política energética y tributaria, los mandatarios exigieron aumentar los intercambios de información fiscal entre los países, así como realizar una exhaustiva revisión a las legislaciones de cada nación, con el objetivo de impedir los subterfugios legales, como los utilizados en Irlanda, no solo por Apple.

Las acusaciones contra Apple no fueron las primeras sobre transnacionales de las nuevas tecnologías. El senado estadounidense también ha criticado al conglomerado industrial General Electric, a Microsoft y Hewlett Packard; mientras, en el Reino Unido, Google, Amazon y Starbucks también han recibido reproches por sus acciones fiscales; sin embargo, ¿algo ha cambiado?

Reconocer el problema parece un primer paso de avance; pero los millones de dólares donados por esas empresas a las campañas de los políticos, combinados con los diversos intereses que se mueven detrás de cada decisión, no auguran que, en un futuro cercano, se apliquen medidas efectivas que eleven la carga fiscal de las compañías más poderosas del mundo.

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