El poblamiento antiguo
de El Caribe insular

Antonio J. Martínez Fuentes • La Habana, Cuba
“…pero olvidamos o hasta envilecemos a
la raza de color de quienes con mayores dificultades, ya la habían descubierto y poblado
 con muchos siglos de anterioridad”.
 

Como preámbulo al problema fundamental de esta intervención considero necesario realizar una breve, pero imprescindible consideración acerca del enfoque antropológico en sentido general.

La perspectiva que ofrece la antropología sobre la especie humana tiene, por supuesto, puntos coincidentes con otras ciencias o disciplinas; pero siempre insisto que la peculiaridad o particularidad de la antropología radica en que aborda el estudio de la diversidad biológica y sociocultural de nuestra especie, en el espacio y el tiempo, así como la interacción de los múltiples factores (exógenos y endógenos) que intervienen en esa diversidad.

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Esta peculiaridad de la antropología de no prescindir de la perspectiva espacial y temporal de la diversidad humana le da la capacidad de estudiar procesos que no son limitados a corto plazo. Fundamentalmente, la antropología usa como marco temporal toda la secuencia del desarrollo humano, y esto le permite encarar con relativa comodidad fenómenos cuya duración exceden, por lo general, los parámetros de las demás ciencias que se ocupan del estudio del ser humano.

La antropología pretende dar respuesta o llegar a certezas sobre tres preguntas básicas: ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos? y ¿hacia dónde vamos? pues comprende todo el proceso evolutivo que da origen al ser humano actual, incluyendo los primates no humanos que le precedieron, hasta hacer proyecciones acerca del futuro de la especie. Entre sus pretensiones está la de estudiar la biología humana en el contexto de la cultura y la conducta. Lo que convencionalmente llamamos Antropología biológica parte del principio de que la biología humana es una biología socioculturalizada, pues el genoma se desarrolla en contextos sociales y culturales diversos.

¿Cuándo y de dónde vinieron los primeros habitantes de nuestro archipiélago?

El lingüista cubano Sergio Valdés Bernal 1 nos dice en uno de sus escritos:

…tras arriesgada travesía por el Mar de las Tinieblas, como llamaban los árabes a lo que posteriormente fue conocido como Océano Atlántico, Colón y sus acompañantes arribaron a unas islas posteriormente identificadas como “Bajamar”, hoy Bahamas en inglés. Sus habitantes se autodenominaban lucayos u ‘hombres de lo cayos’, de luku, ‘ser humano’, y cayo, quienes hablaban lenguas muy parecidas a las que se utilizaban en Cuba. Estas eran de origen amazónico y pertenecían a la gran familia de lenguas denominadas aruacas por los estudiosos del tema, término que se deriva de arua, ‘jaguar’, y ca, sufijo con significado totémico en estas lenguas. Colón se comunicó con los lucayos mediante el lenguaje gestual y diciendo algunas palabras. Con el transcurso de los días, su oído se fue adaptando a la lengua de estos aborígenes y creyó entender que más al sur había una tierra muy rica llamada Colba, como escribió originalmente. Pero a partir del 23 de octubre de 1492 recogió correctamente el nombre de Cuba, a cuya costa oriental arribó la noche lluviosa del 27 de octubre de 1492, por lo que dejó el desembarco para el otro día en la mañana. La belleza de la naturaleza le hizo decir la famosa frase “Esta es la tierra más hermosa que ojos humanos vieran”. Para nuestra suerte, a pesar de las disposiciones reales, el nombre indígena de nuestro país se preservó, Cuba, que en las lenguas aruacas significa ‘tierra cultivada’, vocablo utilizado por los monjes para significar el “paraíso”, el “edén” en las traducciones que se hicieron de la Biblia a diversas lenguas aruacas suramericanas. Por tanto, había comunicación e intercambio comercial entre Cuba y las Lucayas, ya que estos indios conocían la existencia de nuestro archipiélago.

Según el propio autor2:

…lucayos, ciboneyes, taínos y caribes insulares hablaban lenguas aruacas, como se desprende de las anotaciones de los cronistas y otros documentos, como lo evidencia la rica toponimia prehispánica preservada hasta el presente, y como destacan los lingüistas y arqueólogos que se dedican al estudio del pasado precolombino antillano y bahamense.

Los más recientes estudios realizados en el importante sitio arqueológico Canímar Abajo, Matanzas, por antropólogos y diferentes especialistas de la Universidad de La Habana, con la colaboración de otros centros del país, han demostrado que Cuba tiene una presencia humana que data de más de siete mil años de antigüedad.3 Otros sitios arqueológicos de notable antigüedad para Cuba son, por ejemplo: Cueva Funche, 4 700 años A.P. y Levisa, 5 140 años A.P.4

En la actualidad, el poblamiento precolombino de las islas caribeñas sigue siendo una cuestión controvertida. Evidencias geográficas, arqueológicas y lingüísticas fueron durante muchos años los argumentos esgrimidos para discutir sobre las posibles rutas migratorias hacia Cuba, las frecuencias de las migraciones y sus puntos de partida.

La investigación sobre los primeros habitantes de Cuba, origen y antigüedad fue algo que apasionó y apasiona a muchos científicos de diversos campos. El Padre de la Antropología cubana, Juan Luís Epifanio Montané (1849-1936) y el incansable maestro, Manuel Fermín Rivero de la Calle (1925-2001) dedicaron mucho tiempo de sus indagaciones a este tema y entre ambos hicieron importantes aportaciones.

Considero pertinente comentar un artículo de Rivero de la Calle, publicado en México en 1993, 5 y muy poco conocido en Cuba, bajo el título de “Osteología de los aborígenes del Caribe. Balance y perspectivas” donde realizó el análisis basándose fundamentalmente en estudios efectuados en Cuba y República Dominicana, debido a dos razones, como explicó en la obra: “a la dificultad en obtener la información científica y a los pocos trabajos publicados en otros países del área”.

En este artículo abordó aspectos craneométricos, realizó un breve panorama de las paleopatologías detectadas en la región y expresó sus consideraciones acerca de las perspectivas del trabajo osteológico.

Para realizar su estudio efectuó una división de los materiales óseos en dos grandes grupos: preagroalfareros y agroalfareros. A los primeros los consideró como de “origen incierto” y a los segundos integrados “por poblaciones arauacas que, procedentes de la zona del río Orinoco, en Venezuela, avanzaron hacia el norte para poblar las Antillas y las Lucayas o Bahamas”.

Rivero de la Calle presentó las diversas hipótesis acerca del origen de los preagroalfareros, planteando la posibilidad de un origen sudamericano, el centroamericano y la ruta desde la Florida vía Las Bahamas.

En este punto expresa:

…McNeish (1982), al estudiar algunos aspectos culturales y Granberry (1980), los lingüísticos, han sugerido un origen mesoamericano para los llamados grupos Guanahatabeyes de Cuba, que Rouse (1989) ubica al oeste de nuestro territorio, y afirma que si ambas conclusiones son correctas “los guanahatabeyes debieron pertenecer a los ítsmidos más bien que a los amazónicos”; esto de acuerdo a la nomenclatura popularizada por J. Imbelloni…

Los arauacos, tardíos pobladores de las Antillas, son clasificados por la mayor parte de los antropólogos como amazonidos, por tanto debemos buscar sus ancestros hacia el valle del Orinoco y la cuenca del Amazonas.

Para Rouse (op.cit.) aquellos que apoyan la teoría del modelo circuncaribe de Steward ―que sitúa el origen de los taínos en Venezuela y Colombia, pero derivados de la zona andina― tienen también razón y, de acuerdo con su criterio, tanto esta tesis como la de los amazonistas se complementan.

Concluye Rivero de la Calle “...no existe un consenso sobre el poblamiento aborigen del Caribe en la etapa preagroalfarera y, aun con respecto al mismo origen de los arauacos, existen todavía discrepancias aunque indudablemente la fuente de estos últimos pobladores hay que buscarla en el continente sudamericano”.

Con relación al origen del pueblo de los primeros habitantes de Cuba, debo señalar que en los últimos tiempos se han realizado importantes estudios desde la osteometría morfofuncional y geométrica tridimensional empleando modernos métodos de análisis multivariado. Ann Ross 6, antropóloga panameña, realizó un estudio comparativo por medio de la geometría tridimensional, con cráneos Taínos de Cuba, Puerto Rico, Jamaica, y La Española, y grupos pre-contacto de México, Venezuela, Colombia, y la Florida. La autora concluye que los Taínos cubanos difieren del resto de los otros grupos Taínos del Caribe, lo cual sugiere la existencia de ancestros diferentes, es decir que no tienen un origen común.

Para la autora, la similitud morfológica entre las muestras de los Taínos de Puerto Rico, Jamaica y La Española, no es sorprendente, mientras que la disimilitud entre los Taínos cubanos y el resto de los Taínos del Caribe resultó inesperada y sugiere que este grupo tuvo un origen diferente.

Para ella sus resultados, aún preliminares y sujetos a futuros análisis y pruebas, sugieren al menos dos rutas migratorias separadas. Una procedente de América del Sur, que evidencia la cercana afinidad de los Taínos del Caribe, excluyendo Cuba, y los grupos suramericanos. La otra posible es de América Central que da lugar a la diferenciación del Taíno cubano.

Por otra parte, tenemos que el desarrollo alcanzado en el campo de la antropología molecular permitió, a principios del presente siglo, llevar a cabo estudios en algunos países de El Caribe a través del análisis del ADN mitocondrial en restos óseos preagroalfafreros de Cuba, 7 8 9 así como en poblaciones contemporáneas, que han permitido hacer nuevas aportaciones que apuntan a un modelo complejo del movimiento poblacional en nuestra región en tiempos precolombinos.

No obstante, debido a la disposición consecutiva de las islas del Caribe, siempre ha sido plausible considerar una cadena migratoria desde Sudamérica. Para Lalueza-Fox y colaboradores 10 el primer movimiento migratorio se habría producido hace unos 7000 años por parte de grupos cazadores-recolectores, seguidos posteriormente por migraciones de agricultores.

Genoveva Keyeux, 11 antropóloga y genetista colombiana, considera que:

el collar de islas caribeñas de las Antillas Mayores y Menores que unen a la Florida con la región oriental de Venezuela y Guyana empieza a demostrar el papel que éstas jugaron como puente de canotaje o navegación entre unas y otras, haciendo posible el desplazamiento de los pobladores desde y hacia Sudamérica, posiblemente desde épocas tan remotas como 5 000-10 000 años atrás.

Hoy está más consolidada la idea de que el poblamiento del Caribe tuvo un carácter multidireccional y se basó en sucesivos movimientos migratorios.

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El conocimiento de la estructura genética de las poblaciones caribeñas contemporáneas para conocer sobre las migraciones antiguas a El Caribe

Los estudios con material genético humano han permitido encontrar en poblaciones del norte, sur y centro América autóctonas, en las llamadas poblaciones amerindias, un conjunto de variantes genéticas con altas frecuencias, que se han podido comprobar que tienen origen asiático. Estas variantes génicas se han agrupado en cuatro linajes de origen materno denominados haplogrupos A, B, C y D.

El creciente número de estudios en poblaciones amerindias, especialmente de los países que hasta ahora habían permanecido inexplorados como los del Caribe insular, está arrojando cada vez con más claridad, una idea de la complejidad de los patrones de migración y asentamiento que en muchas ocasiones tiende a desdibujar la visión existente hasta el momento.

Los resultados de Cuba, 12 13 y República Dominicana 14 muestran que algunas secuencias genéticas (C y D) hacen plausible la hipótesis del poblamiento a través del Arco del Caribe. Pues estos haplotipos, presentes en los preagroalfareros cubanos y también en los taínos dominicanos son típicos de la América del Sur, por lo que apunta a una similitud entre caribeños y suramericanos, especialmente con los indios Yanomami (del Brasil), e indica la probable fuente geográfica de las mencionadas secuencias genéticas.

Esta evidencia, y las obtenidas en otros estudios, permiten considerar que el modelo más probable para explicar el poblamiento del Caribe insular es el de sucesivos movimientos migratorios. Que tuvieron como punto de partida la zona del río Orinoco, sin embargo, el hallazgo del haplotipo A en muestras de preagroalfareros cubanos ―descrito anteriormente en Norteamérica y Centroamérica― hace que no pueda descartarse la presencia de influencias genéticas provenientes de estos lugares.

Pero estos mismos resultados genéticos hacen más complejo el panorama de los movimientos migratorios en El Caribe, un estudio publicado en Puerto Rico 15 concluye que la mayor parte del haplogrupo C de Puerto Rico, tiene un origen amazónico y podría representar el componente mayor de la migración agroalfarera que llegó a Puerto Rico hace poco más de 2000 años. Pero cuando los comparan con los resultados de Cuba se obtiene que existe un fundador común para el preagroalfarero de Cuba y el grupo Taíno puertorriqueño, y que la mayor diversidad del cubano, apunta a un origen más antiguo y una dirección migratoria de Cuba a Puerto Rico.

En un estudio realizado en el ADNmt de la provincia de Pinar del Río 16 se obtuvo que el 50 porciento de los linajes maternos de la provincia eran europeos, el 46 porciento africanos y solamente el 4 porciento era de origen amerindio.

Una investigación sobre el sistema HLA realizado en la población cubana por Alegre y colaboradores 17 encontraron alelos amerindios típicos (DRB1*0403, DRB1*0404, DRB1*0407, BRB1*0411, DRB1*0802 y DRB1*0809).

Mientras que Mendizabal y colaboradores [18] encuentran que el 45 porciento de las secuencias del ADNmt halladas en Cuba son africanas, el 33 porciento de origen nativo-americano, y el 22 porciento de origen del oeste de Europa. Resulta muy importante que en la fracción de origen amerindio se encontró que el haplogrupo A es el principal componente nativoamericano en Cuba, siendo un 67 porciento del total del acervo genético amerindio.

En cuanto a los haplogrupos del cromosoma Y, el 79 porciento de los cromosomas analizados pueden ser derivados del componente genético de Europa occidental, mientras que la fracción africana cuenta el 20 porciento de los linajes cubanos.

Esto pone de manifiesto la disparidad de las historias maternas y paternas de Cuba: Los colonizadores europeos eran sobre todo hombres, de las mujeres esclavas (amerindias y africanas) no pocas solían ser domésticas y era habitual que tuvieran descendencia con sus amos, mientras que los hombres esclavos aun siendo muchos, tenían tasas de mortalidad muy altas y un desfavorable proporción hombre/mujeres.

El origen de los nativos americanos del Caribe es un tema controvertido. A pesar de que la hipótesis más aceptada asigna un origen suramericano (Valle del Orinoco) a estas poblaciones. De todos modos, una contribución genética desde las penínsulas Yucatán o Florida no se puede ignorar. Los resultados demuestran que las frecuencias del ADNmt amerindios descritos en Cuba son bastante diferentes a la composición de haplogrupos de las muestras de estudios de ADN antiguo de ciboneyes y tainos.

Es posible que los taínos de Cuba, Puerto Rico y la República Dominicana tuvieran una composición de haplogrupos diferente debido a la deriva génica. Considerando la hipótesis de la primera colonización del Caribe a partir del poblamiento consecutivo de las islas desde el valle del Orinoco, la deriva génica podría haber tenido un importante papel en la determinación de las diferentes composiciones genéticas en las islas, especialmente en el caso de las islas que se encuentran en el extremo de la cadena de colonización, como es el caso de Cuba. Si esto fuera así, los taínos de la República Dominicana podrían no ser representativos de la diversidad taína de Cuba.

Según Lalueza-Fox y colaboradores19 la escasez del haplogrupo A y la predominancia de los linajes C y D en el Caribe, apuntarían a Sudamérica como el origen tanto de taínos como de siboneyes. El haplogrupo A supone un 53 porciento y 63 porciento en Norte y Centroamérica respectivamente, mientras que en Sudamérica es menos frecuente. Sin embargo, la alta frecuencia del haplogrupo A en la Cuba actual (67 porciento de los linajes amerindios) no está en concordancia con las frecuencias que esperaríamos si consideramos el Valle del Orinoco como el lugar de origen más plausible de los linajes amerindios cubanos.

Dos hipótesis no excluyentes podrían explicar esta discrepancia: los estudios de ADN antiguo pueden estar sesgados o el origen del sustrato amerindio no se puede situar únicamente en Sudamérica. El número limitado de muestras analizadas mediante métodos de ADN antiguo podría no ser representativo de la variación total de la población extinguida. Además, tenemos que considerar también la posibilidad de que en este tipo de estudios se puedan muestrear individuos estrechamente emparentados.

Como consecuencia, si Sudamérica es el origen de ambos grupos nativos, el aporte genético de otras poblaciones de Centro y Norteamérica podría explicar el incremento del haplogrupo A. Así, no se puede excluir el flujo genético desde la península del Yucatán o Florida.

La más reciente investigación realizada en Cuba 20 con el empleo de marcadores genéticos informativos para el origen ancestral, realizado en 1020 individuos cubanos de 137 municipios de todas las provincias del país, ha mostrado que como promedio el 69 porciento de los genes de la población cubana actual son de origen europeo, el 19 porciento de origen africano y el 12 porciento de origen nativoamericano-asiático.

En personas cuyo color de la piel fue definido como blanco, el porciento de genes africanos varió desde 1 porciento hasta 58 porciento y el de genes nativoamericanos desde 0,5 porciento hasta 43,4 porciento. En individuos definidos como negros por el color de la piel, los genes africanos variaron desde 3,4 porciento hasta 92,9 porciento y los genes nativoamericanos desde 0,5 porciento hasta 30 porciento. En personas mestizas, el porciento de genes africanos osciló entre 1,3 porciento y 78,8 porciento y el de genes nativoamericanos entre 0,6 porciento y 35,5 porciento.

Aún sin conclusiones definitivas

Los datos que poseemos en la actualidad no dejan lugar a dudas que El Caribe fue y es una gran olla donde se ha ido cociendo este complejo ajiaco, esta compleja y rica mezcla de componentes humanos.

Pero el conocimiento del poblamiento antiguo de El Caribe, y su evolución sigue siendo un reto para investigadores de numerosos campos. No son pocas las preguntas que quedan aún por responder para acercarnos cada día más a conocer más claramente acerca de nuestros primeros ancestros y la sobrevivencia de su legado hasta nuestros días. ¿Cómo los caribeños nos hemos ido construyendo como entes bioculturales? Profundizar en nuestras raíces es una necesidad para saber quiénes somos y hacia dónde vamos.


Notas:

1. Valdés Bernal, Sergio (2012) “¿Y nuestro abuelo indio dónde está?”. Antropológicas, no 36. Disponible en http://intranet.uh.cu/servicios-de-informacion/publicaciones-de-nuestra-...

2. Valdés Bernal, S O (2010) “El poblamiento precolombio del archipiélago cubano y su posterior repercusión en el español hablado de Cuba”. Contextos, estudios en humanidades y ciencias sociales, Nro. 24: 115.129.

3. Rodríguez Suárez, R, C. Arredondo, A Rangel, J G Martínez, Y. Chinique de Armas, y S Hernández Godoy (2009). “Aportes a la arqueología y la antropología física de Cuba y Las Antillas: sitio arqueológico Canímar Abajo, Matanzas, Cuba”. Premio Anual de la Academia de Ciencias de Cuba.

4. Dacal Moure, Ramón y Manuel Rivero de la Calle (1996) Art and archaeology of pre-Columbian Cuba. University of Pittsburg Press. Pittsburgh.

5. Rivero de la Calle, M. (1993) “Osteología de los aborígenes del Caribe. Balance y perspectivas”. En L. Arizpe y C. Serrano (Compiladores) Balance de la Antropología en América Latina y el Caribe. pp: 199-200. UNAM, Instituto de Investigaciones Antropológicas, Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias. México ISBN: 968-36-2999-7

6. Ross, AH (2004) “Cranial evidence of pre-contact multiple population expansions in the Caribbean”. Caribbean Journal of Science. 40(3): 291-298.

7. Lalueza-Fox C, FL Calderon, F Calafell, B Morera, J Bertranpetit J (2001) MtDNA from extinct Tainos and the peopling of the Caribbean. Ann Hum Genet 65: 137-51

8. Lalueza-Fox C, MT Gilbert, AJ Martinez-Fuentes, F Calafell, J Bertranpetit (2003) Mitochondrial DNA from pre-Columbian Ciboneys from Cuba and the prehistoric colonization of the Caribbean. Am J Phys Anthropol 121: 97-108

9. Martinez-Fuentes AJ, Lalueza-Fox C, MT Gilbert, A Lazo Valdivia, F Calafell, J Bertranpetit (2003) “El poblamiento antiguo del Caribe. Análisis del ADN mitocondrial en preagroalfareros de la región occidental de Cuba”. Catauro, 8: 62-74. ISSN 1681-7842

10. Ob. Cit.

11. Keyeux, G. (2004), “Indígenas de la región andina de Colombia y su relación con rutas migratorias en América del Sur: huellas del pasado y del presente”. En M. Vidal, A, Struck y D. Castro (compiladoras) Actas del VIII Congreso de la Asociación Latinoamericana de Antropología Biológica “Dra. Adelaida de Díaz Ungría” Caracas, Venezuela. Depósito Legal no. If25220043012989

12. Lalueza-Fox et al. (2003) Ob. Cit.

13. Martínez Fuentes, et al, (2003) Ob. Cit.

14. Lalueza-Fox et al. (2001) Ob. Cit.

15. Martínez Cruzado, J.C. et al. (2004) “El uso de ADN mitocondrial en poblaciones contemporáneas para estudiar las migraciones pre-colombinas al Caribe que dieron origen a los Taínos”. En M. Vidal, A, Struck y D. Castro (compiladoras) Actas del VIII Congreso de la Asociación Latinoamericana de Antropología Biológica “Dra. Adelaida de Díaz Ungría” Caracas, Venezuela. Depósito Legal no. If25220043012989

16. Torroni A, MD Brown, MT Lott NJ Newman, DC Wallace (1995) “African, Native American, and European mitochondrial DNAs in Cubans from Pinar del Rio Province and implications for the recent epidemic neuropathy in Cuba”. Cuba Neuropathy Field Investigation Team. Hum Mutat 5: 310-7

17. Alegre R, Moscoso J, Martínez-Laso J, Martin-Villa M, Suarez J, Moreno A, Serrano-Vela JI, Vargas-Alarcon G, Pacheco R, Arnaiz-Villena A (2007) “HLA genes in Cubans and the detection of Amerindian alleles”. Mol Immunol 44: 2426-35

18. Mendizabal I, K Sandoval, G Berniell-Lee, A Martínez-Fuentes, D. Comas D1 (2007) “Mezcla genética y asimetría sexual en los linajes materno y paterno en Cuba”. En Nieto Amada, J.L., Obón Nogués, J.A. y Baena Pinilla, S. (editores) Genes Ambiente y enfermedades en poblaciones humanas. Prensas Universitarias de Zaragoza. ISBN 978-84-92521-49-4

19. Lalueza-Fox C, MT Gilbert MT, AJ Martínez-Fuentes, F Calafell, J Bertranpetit J (2003) Ob. cit

20. Marcheco Teruel, B (2012) “La huella del mestizaje en el ADN y la pigmentación de la piel de los cubanos”. Antropológicas. No 47. Disponible en http://intranet.uh.cu/servicios-de-informacion/publicaciones-de-nuestra-universidad/antropologicas-publicacion-semanal

 
Intervención en el panel Memoria aborigen. Coloquio Internacional La Diversidad cultural en el Caribe. Casa de las Américas, 20-24 de mayo de 2013.

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