A propósito de tres exposiciones

Glissant y su imaginario

Gabriela G. Azcuy • La Habana, Cuba
Imagen: La Jiribilla
 
No abdicamos a nuestras identidades cuando nos debemos
al Otro, cuando realizamos nuestro ser como participante
de un rizoma centelleante, frágil y amenazado más
vivaz y obstinado, que no es una concentración totalitaria
donde todo se confunde en el todo, sino un sistema no sistemático
de relación donde adivinamos lo imprevisible del
mundo.
Glissant (“Poétique de la Relation”)

 

Como resultado de los procesos históricos originados en el Caribe, este constituye un espacio marcado por la confluencia de culturas, donde se han ido asimilando expresiones foráneas que conforman un corpus cultural autónomo. En este fenómeno han intervenido diferentes factores como los procesos socio-históricos, (neo) coloniales y las migraciones, los cuales han dado lugar al sincretismo, la fusión y el mestizaje, características que hacen del Caribe, desde su surgimiento, una cultura en extremo diversa.

El Coloquio Internacional La Diversidad Cultural en el Caribe que organiza Casa de las Américas, en concordancia con la celebración del Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo, está dedicado en esta edición al intelectual martiniqueño Édouard Glissant. En homenaje a su obra y memoria están pensadas las exposiciones Región interior. La Otra-América de Glissant-Lam-Cárdenas-Matta; Para Glissant, en blanco y negro y Rostros del Carnaval.

Imagen: La Jiribilla

La primera de las muestras, expuesta en la galería El reino de este mundo de la Biblioteca Nacional José Martí, aúna obras de los cubanos Wifredo Lam y Agustín Cárdenas y del chileno Roberto Matta, quienes tuvieron en vida una relación directa con el poeta. El trabajo curatorial, a cargo de José Manuel Noceda, Ariel Camejo y Kirenia Rodríguez expuso esa relación de modo didáctico, conduciendo al espectador por revistas, libros, fotografías, testimonios y excelsas interpretaciones. Los curadores expresarían sobre la expo: “El merecido homenaje a la aguda sensibilidad del poeta se materializa en diálogo con las obras y sus artistas amigos, los de la Otra-América más frecuentes en su ejercicio crítico y que comparten, cual rizoma, las espirales concéntricas que organizaron sus cuadernos y pensamientos”.

De este modo, textos como: “Con Wifredo Lam la poética del paisaje americano (acumulación, dilatación, carga del pasado, conexión africana, presencia de los tótems) se dibuja”; “La escultura de Cárdenas no es grito, es discurso”; o “Roberto Matta figura los conflictos candentes donde hoy día se forja la siquis de los hombres”; permiten ir deconstruyendo el tipo de diálogo creativo que existía entre los autores.

Para la reconstrucción de esta memoria fue esencial la figura de la pintora Sylvie Glissant, viuda del artista, quien rescató varios de los documentos que testifican tal amistad. Durante muchos años Édouard Glissant fungió como jefe de redacción de la revista Unesco y en portadas, contraportadas y artículos aparecen obras de Lam y Matta, y textos sobre su obra plástica. En libros como Le discours antillais la portada es de Cárdenas; en catálogos de exposiciones personales de los artistas aparecen ensayos del poeta; en una exposición homenaje que se le hiciera en París en 1988 participaron los tres creadores; y así continúa mostrándose, a través de disímiles ejemplos, la constante colaboración entre las partes.

La museografía, a través del uso de las vitrinas, fue narrando paulatinamente esta relación con cada uno de los creadores en particular, y exponiendo sus obras: grabados, dibujos, pinturas y esculturas, para permitirle al espectador comprender no solo la relación de Glissant con ellos, sino también la coincidencia de sus obras con el pensamiento esgrimido por el poeta, un corpus teórico interesado por la definición del Caribe y el ser caribeño. De este modo se suceden los grabados de corte social de Matta, el imaginario híbrido de Lam y las fuertes curvas negras de Cárdenas.

Imagen: La Jiribilla

Por su parte, la expo Para Glissant, en blanco y negro del artista martiniqueño Víctor Anicet, se exhibe en la Casa Víctor Hugo de la Oficina del Historiador. En esta muestra, el texto y la imagen también se complementan para discursar en torno a la relación entre la obra de ambos autores.

Una selección de poemas del libro La sal negra traducidos por Nancy Morejón, dialogan con los dibujos expresionistas del pintor. El trazo de las formas, responde a una pincelada bien marcada y gruesa, que acentúa el dramatismo propio de los valores blanco y negro, escogidos por el artista para todas las piezas. Las figuras de cierto abstraccionismo remedan a hombres negros agonizantes de dolor y a la temible esclavitud: “El cuentero mide su palabra en su desmedido resplandor. Su propia soledad lo conmina a cantarle a la tierra, a aquellos que lo sufren. Pero no ofrece su palabra a los que la palabra hechizó; ni a los que se exaltan con ella; la ofrece a los cuerpos quemados por el tiempo: montes pueblos forzados, aldeas a la intemperie, multitud ribereña”.

Anicet también utiliza la fotografía como elemento compositivo de algunas piezas, y hay una obra que se inserta dentro del campo del poema ilustrado. El punto visual de la muestra es una pancarta donde el artista conjuga su historia con la de Glissant, para entretejer un pasado que le es común al hombre negro caribeño.  

De igual manera, se concibió una tercera exposición en la Galería Mariano de Casa de las Américas, la cual desde su tópico se imbricaba con la conciencia caribeña que delineó en sus escritos el poeta Glissant.

Imagen: La Jiribilla

Rostros del carnaval es una exposición fotográfica de los artistas Mario Picayo y Mariano Hernández. Estos autores, por más de 20 años, han mantenido una relación directa con la cultura popular caribeña y una de sus expresiones más amplias: el carnaval. Picayo, proveniente de Cuba y Hernández, de Rep. Dominicana, representan en su obra una estética común aun cuando se citan y recorren distintas locaciones geográficas —Barbados, Curazao, Dominica, Granada, Islas Vírgenes (británicas y norteamericanas), Martinica, Puerto Rico, Haití, Guyana Francesa, San Kitts, Trinidad, y sus países natales—;y es que el fenómeno del carnaval caribeño es la imagen fehaciente de la unicidad de un Caribe diverso.

Una sección de las fotografías está focalizada hacia el género del retrato. Una gran variedad etaria, de género y edad es capturada con diversas poses, atuendos y maquillajes. Hay muchas de estas piezas donde la máscara constituye el elemento esencial, que simboliza la tradición donde se insertan. Los atuendos, generalmente, se caracterizan por colores estridentes, y el uso de materiales como las lentejuelas y plumas. Hay una obra muy interesante en este grupo, que es una especie de collage de 117 rostros, donde cuatro de ellos son espejos a diferentes alturas, lo cual le permite al espectador, sin más, integrarse a la obra y completar la escena caribeña.

Hay otro grupo de imágenes que tienen un carácter más documental y espontáneo, sin perder esa belleza esteticista característica de toda la exposición. Así, son testimoniados personajes tipos como el Cotui de Rep. Dominicana, recreación de un príncipe africano con tocados y ornamentos que pudieran entenderse femeninos y, sin embargo, la masculinidad de su rostro es tan arrasante que desborda cualquier otro criterio.

La muestra curada por los propios artistas y el especialista Orlando Gattorno, no se frena en la epidermis del fenómeno del Carnaval, reconoce también la génesis misma de esta celebración: “Ha sido el carnaval para nuestros países el momento de desatar el descontento popular en pos de la delación pública de las injusticias sociales y los problemas de la cotidianidad”[1], por ello se percibe una indagación social en el lente de estos fotógrafos tras la práctica misma del carnaval. Además, uno de los principales méritos de la exposición es que es una mirada para nada folclorista de un suceso tan vilipendiado en ocasiones y movido al plano de la periferia cultural. Sin embargo, la muestra expone en una especie de metonimia, al Carnaval como el Caribe mismo, plural y diverso, único y autónomo.

De este modo, las artes plásticas durante el coloquio respondieron a la intención que según los organizadores se pretendía, no homenajear simplemente a Glissant sino asumirlo como figura tutelar de todas las acciones del evento.




[1] Orlando Victores: Caza –carnavales. La fotografía del gesto detenido. (Palabras al Catálogo). Exposición “Rostros del Carnaval”. Galería Mariano, La Habana mayo-junio de 2013.

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