Ayiti Chérie

Haití de mis orígenes

Rachel D. Rojas • La Habana, Cuba

Haití fue el primer país de nuestro continente que consiguió la independencia. A la significación de aquellos hechos se dedicó la primera jornada de trabajo del Coloquio Internacional La Diversidad Cultural en el Caribe, evento organizado por Casa de las Américas durante estos días. La grata coincidencia del Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo, celebrado cada 21 de mayo, con este panel dedicado a Haití, fundamenta las palabras de la Directora del Centro de Estudios del Caribe, Yolanda Wood, para quien se trata de “una de las expresiones más intensas de la diversidad concertada desde la resistencia cultural de un pueblo”.

La rebelión fallida de Espartaco fue uno de los primeros hechos reveladores de las ansias históricas de libertad de los esclavos. En diversas ocasiones se ha hablado de ella como un referente para la rebelión haitiana. Pero en materia de historia escrita, según varios participantes en el foro, se enfatiza mucho más en aquella rebelión que en la de los esclavos haitianos, a pesar de que esta última sí tuvo un desenlace exitoso. Por ello, coincidieron los expertos, vale la pena preguntarse por las connotaciones de estos hechos cuando se cumple su bicentenario, más aún cuando los debates sobre la diversidad cultural se convierten en una de las claves para la integración de los países latinoamericanos.

Desde la teoría política existen varias interpretaciones acerca del triunfo de aquella gesta. “Hablamos de la primera revolución social de la historia, la primera vez que los esclavos fueron liberados. Habría que pensar cuánto aportan estos hechos a la Teoría de la Liberación en el continente americano”, afirmó sobre el tema la historiadora e investigadora de la Universidad de La Habana, Gloria M. León.

Imagen: La Jiribilla

Uno de los elementos que más llama la atención a la profesora es el sustento ideológico de la Revolución Haitiana. Ella recordó el planteamiento de Carlos Marx acerca de que, cuando las clases populares no contaban con hombres portadores de ideas y cultura, sencillamente las pedían prestadas. “Estos líderes se suicidaban como clase y pasaban a representar los intereses de las clases sociales más bajas, mayoritarias y marginadas. El propio Marx fue un ejemplo de ello, como también lo fueron Simón Bolívar y Fidel Castro. Pero siempre me ha llamado la atención, y no creo haberlo leído en ninguna parte, el hecho del liderazgo haitiano. Ellos no pidieron prestadas las ideas a otra clase social, no tuvieron que importar de los blancos el proceso de la revolución”.

Cualquiera podría recordar, entonces, los sucesos de la Revolución Francesa y el impacto que esas ideas tuvieron en los procesos independentistas haitianos. Sin embargo, a pesar de las búsquedas actuales sobre el sustento ideológico de aquel proceso, no ha de minimizarse la importancia de las ideas independentistas francesas. Para la Dra. León, el hecho de que mucho antes de 1810 existiera en Haití el cimarronaje y las rebeliones como consecuencia de la gran concentración y explotación a la que eran sometidos los esclavos, supone que la Revolución Haitiana habría sucedido independientemente de la francesa, aunque fuera de un modo distinto.

Fuera ya del terreno de las suposiciones, hay un hecho que no admite duda. En la Francia de aquellos años la igualdad, la fraternidad y la libertad no incluía, entre otros grupos sociales, a los esclavos, como tampoco lo hacía la Declaración de Independencia de 1776, en EE.UU. Para las sociedades esclavistas estas personas no eran más que instrumentos parlantes de las economías de plantación.

“No se podía concebir la abolición de la esclavitud a causa de los marcados intereses económicos de las clases más poderosas. EE.UU. no podía reconocer la independencia de Haití sencillamente porque mantenía y mantuvo la esclavitud a pesar de su Declaración de Independencia. Y no fue hasta la Guerra de Secesión (1861-1865) que Lincoln reconoció la independencia de la República Haitiana”, explicó la académica.

La victoria de una pequeña colonia frente a una gran potencia colonialista, la abolición de la esclavitud y el establecimiento de una república negra, constituía un mal ejemplo para el resto de las comunidades negras en las colonias de América. Luego de aquel triunfo, la reacción de las esferas blancas de poder no se hizo esperar: Napoleón llevó a cabo la Venta de la Luisiana a los EE.UU. por un precio risible, tierras que hoy son casi el 23 porciento de su territorio; Haití fue obligada por Francia a pagar una onerosa indemnización por “los daños ocasionados durante la guerra”, que hoy se calcula en más de 25 mil millones de francos oro; y EE.UU., que había declarado la igualdad entre los hombres y su derecho a la búsqueda de la felicidad, se sumó al cerco político y económico al que fue sometida la naciente república durante más de 60 años, como recordó, a propósito del encuentro, el embajador de ese país en Cuba, Jean Victor Généus, autor de varios libros sobre la temática.

Imagen: La Jiribilla

En sentido general, la mirada que se tiene sobre el papel de los esclavos está centrada en cuánto aportaron a la riqueza y la opulencia de las colonias, y no en la significación que alcanzó el contenido de sus saberes traídos de África.

La Dra. León opina que ese es un elemento muy importante a tener en cuenta en la continuidad de estudios sobre Haití, lo cual exige un gran esfuerzo para seguir redescubriendo matices históricos de este tipo. “Detrás de los grandes sueños de los grandes hombres del siglo XX está la Revolución Haitiana”, subraya la investigadora.

De acuerdo con lo anterior, Raymundo Gómez, coordinador del Aula dedicada a Haití en la Cátedra de Estudios del Caribe de la Universidad de La Habana, informó en esta ocasión, que uno de los propósitos de la comunidad haitiana en nuestro país es el de dignificar su rol en la sociedad cubana. Para dignificar a los miembros de una comunidad que existe en la Isla desde mucho antes de 1810, se ha proyectado, entre otras acciones, la construcción de un parque temático en el Central Haití, en la municipalidad de Santa Cruz.

También Hilario Batista, reportero de Radio Habana Cuba, e investigador del Departamento de Créole de esa institución, basó su intervención en la necesidad de conocer la influencia haitiana en la formación de nuestra identidad nacional. El idioma propio de esa nación, por ejemplo, “forma parte de la cultura de resistencia del Caribe y es, aunque muchos lo desconozcan, la segunda lengua hablada en Cuba, principalmente en la región oriental del país”, añadió.

Es importante fomentar el saber sobre Haití en cada persona, pero fundamentalmente en las nuevas generaciones, las cuales hoy, según la profesora de literatura francófona Josefina Castro (Facultad de Lenguas Extranjeras de la Universidad de La Habana), “se identifican cada vez menos con la cultura y la literatura proveniente de Haití o África, que con la de Francia o Québec”. Por esa razón, asegura que, desde el punto de vista pedagógico, queda mucho trabajo que hacer aún.

La Asociación del Caribe, la Cátedra del Caribe de la Universidad de La Habana y la Casa de las Américas son instituciones con una consolidada experiencia de trabajo en el tema de la presencia haitiana en Cuba. Pero, a juicio de la Dra. León, todavía queda mucho por escudriñar para reconocer en toda su amplitud el aporte a nuestra cultura de esos esclavos que llegaron a Cuba mediante sus flujos migratorios.

Imagen: La Jiribilla

Un ejemplo de ello es el análisis sobre el libro inédito del periodista y escritor cubano Enrique Serpa, La mirada nómada, que llevó a cabo el profesor universitario Gilberto Padilla como parte del panel. El material, según el especialista y miembro del grupo que integra el programa interdisciplinario de estudios de postgrado caribeños entre Casa de las Américas y la Universidad de La Habana, es un volumen fecundo en cuanto a estilos; una mezcla de crónicas, artículos, relatos de viaje, diario íntimo, etc. En él, Serpa brinda coordenadas para pensar la nación desde un espacio urbano, recurso que, según el profesor, es muy poco usual en la tradición literaria cubana. El volumen también da cuenta de la fascinación de su autor por la vida en Haití.

Miradas múltiples

El dilema de ese país tras la captura de Toussaint Louverture por los franceses, seguida de su triste muerte en una selva francesa, fue reconocer cómo salir de la tragedia que se le imponía y cómo llevar adelante la construcción de su naciente república. Los numerosos liderazgos que emergieron a partir de ese entonces complejizaron significativamente su situación interna.  Las grandes potencias aprovecharon esta situación para presentar esa revolución al mundo de un modo acorde con sus intereses.

“La información que sobre la Revolución Haitiana que estuvo disponible entonces y la manipulación mediática que durante años se hizo de los hechos formaron parte del hostigamiento al que se vio sometido el país desde su triunfo. Aunque es cierto que se cometieron errores y que en ese país hubo un llamado de violencia contra los blancos, el cuadro que por mucho tiempo subsistió de esa hazaña fue la del terror negro hacia los blancos, sin hablar lo suficiente de las ejecuciones francesas y los esclavos muertos bajo el sistema colonialista”, explicó la profesora León. Esa fue la imagen, añadió, que fue utilizada “para que recorriera América como un fantasma, tan bien manejado, que más de 60 años después, influía en otros territorios como Cuba”. Ese hostigamiento tuvo, además del matiz económico, el elemento simbólico e ideológico.

Partiendo de esta idea, la especialista en artes plásticas de Casa de las Américas, Nahela Echevarría, comentó la exposición Ayiti, miradas contemporáneas. “Nos proponemos ampliar el espectro conocido de una zona geográfica sin mucha visibilidad en el campo de las artes visuales”, dijo en el momento de su inauguración. La muestra consiste en una selección de 60 piezas de cuatro fotógrafos: Barnabas Dievdonné, Mac Kenson Saint Féliz, Jeho Abraham y Josué Azor. Forma parte de una colección mucho mayor, la cual fue exhibida en el Encuentro Bienal de Arte Contemporáneo del Caribe, Aruba 2011-2012. En ella destaca el “interés antropológico de los artistas, que intentan representar a Haití mediante sus tradiciones y el espacio urbano compartido”, explicó la joven museógrafa.

A pesar de algunos esfuerzos como estos por reivindicar la historia y la cultura haitiana, los silencios y cegueras continúan. Solo hay que pensar el modo en que ese pueblo ha sido caracterizado en nuestros tiempos: incapaz de gobernarse y de salir del subdesarrollo, destructor de su propio ámbito natural, etc. La pobreza de Haití, sin embargo, no es inherente a su Revolución, y la imposibilidad de su mejoramiento económico ha tenido que ver con factores externos, no con su idiosincrasia ni con las características que la describen como nación.

Para la Dra. León, otro elemento indispensable en este análisis público apresurado está relacionado con la ayuda internacional que se le brinda a Haití. Según su criterio, prácticamente se ha construido la imagen de que es un país que vive de la “caridad pública". Ella sostiene además, que la nación caribeña se ha visto inundada también por los cuerpos de paz, por la USAID y otras instituciones semejantes, que no han sido más que “una forma de injerencia en la política de esa república”, concluyó.

De una forma u otra, la mayoría de las intervenciones en el panel reflexionaron sobre la importancia de apoyarse en un enfoque histórico para comprender la realidad social haitiana; un pueblo que, en definitiva, surgió sobrepoblado a causa de su antiguo estatus de esclavo, endeudado, arrasado por la guerra y bloqueado política y económicamente, razones todas independientes a su accionar soberano. Sobre esa base originaria, Haití debe ser para América Latina, lo que El reino de este mundo para cualquier investigador de la literatura cubana escrita durante la etapa neocolonial: un referente.

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