Semblanza biográfica y bibliográfica: glosas a la Biobibliografía de Carlos Rafael Rodríguez

Araceli García Carranza • La Habana, Cuba
Fotos de Archivo

Imagen: La Jiribilla
 

Hace más de 20 años que mi hermana Josefina y yo compilamos la Biobibliografía de Carlos Rafael Rodríguez, que fue publicada a fines de 1987, por la Editorial Letras Cubanas. Un breve recorrido a través de esta obra hará posible una semblanza, a partir de la información que ofrece nuestro repertorio.

Jose y yo tuvimos el inmenso privilegio de conocer a un hombre extraordinario, poseedor de una obra plena y fecunda, nutrida de las riquezas que solo proporcionan el conocimiento verdadero y las virtudes de un hombre grande.

La Biblioteca Nacional José Martí había incluido en sus planes de trabajo esta obra, para homenajearlo con motivo de sus 70 años, que cumpliría en 1983.

Ya por esta fecha habíamos iniciado las primeras búsquedas, y cuando el Dr. Julio Le Riverend Brusone nos mandó a la Oficina del Dr. Carlos Rafael Rodríguez, este nos recibió con la caballerosidad y la sencillez que lo caracterizaron siempre.

Después, rodeadas por un colectivo de excelencia, nos sentimos como en nuestras propias oficinas. Siempre atendidas por su Jefa de Despacho quien hizo lo indecible para procurarnos cuanta información necesitábamos, y atenta siempre al más mínimo detalle. El Dr. Carlos Rafael Rodríguez nos dijo que no dudáramos en tocar a su puerta; trabajamos en una oficina contigua a su despacho, pero nunca nos atrevimos a tanto.

De esta relación profesional guardo notas de puño y letra de Carlos Rafael Rodríguez —a veces le consultábamos personalmente, otras mediante algunas notas nuestras y, casi siempre, a través de sus especialistas—. También guardo fotocopias de las viñetas que le pedimos a Martínez Pedro para ilustrar la BiobliografíaCarlos Rafael Rodríguez nos había confesado que Martínez Pedro era su pintor preferido.

Para este trabajo también contamos con la papelería que atesoraba la culta y capaz investigadora y museóloga Antonieta Henríquez.

En la Aclaración que aparece en la página 7 de nuestro repertorio, Josefina y yo nos atrevimos a sentenciar que nuestro trabajo, con motivo del 70 cumpleaños de Carlos Rafael Rodríguez, era un homenaje perdurable que le rendía la Biblioteca Nacional; y creo que así ha sido, porque ese inventario de su vida y de su obra ha resultado material de obligada consulta para quienes se han empeñado —y se empeñan— en el estudio de su figura. Nosotros tuvimos el inmenso honor de organizarlo.

Y, en diagonal, quiero hacer una disección de vida y obra destacando sus primeros 25 años, etapa en que surgen el revolucionario y el periodista, y después detallo lo más relevante de su bibliografía. Con los pormenores de sus años jóvenes, les recuerdo la forja de su estatura revolucionaria y cultural.

En su Trayectoria Vital no exhaustiva que aparece en las páginas 11-57, Josefina y yo relacionamos datos biográficos imprescindibles de su vida y obra desde que naciera el 23 de mayo de 1913, en Cienfuegos. Sus padres, Pedro Rodríguez Villameitide, natural de La Cogela, Galicia, y su madre, Antonia Rodríguez, natural de Cienfuegos, decidieron que su único hijo cursara sus estudios primarios y secundarios en los colegios Monserrat y Champagnat, respectivamente; y en 1930, exactamente el 30 de septiembre, con motivo de la caída de Rafael Trejo, participa en la primera manifestación estudiantil contra Machado, en Cienfuegos. Así surgió el revolucionario vertical que, con solo 17 años, descubrió el origen de la dependencia neocolonial y el imperialismo que engendraba esa tiranía. Luchó contra Machado con decisión y valentía, y llegó a ocupar la Dirección del Directorio Estudiantil en su Cienfuegos natal. A partir de noviembre de 1932, dirigió la revista Juventud. De este órgano de oposición a la dictadura publicó cinco números antes de que fuera clausurado. Por su trabajo en esta revista sufrió prisión. En 1933, después de la caída de Machado, fundó el grupo literario Ariel, y en acto público realizado en el Teatro Terry de Cienfuegos, pronunció su primer discurso-ensayo: “Significación de Ariel”, publicado en La Correspondencia de Cienfuegos, los días 28 de febrero y 1ro. de marzo de 1933. Al caer Machado fue designado por el Directorio Estudiantil alcalde revolucionario de Cienfuegos, posición a la que renunció pocos meses después. Tampoco aceptó formar parte de la Conferencia Panamericana de Montevideo. Con ambas negativas previó que el gobierno de Ramón Grau San Martín no respondería a las exigencias revolucionarias del momento.

En 1934, fundó la revista Segur, en Cienfuegos. Constituyó, junto con el caricaturista Juan David, su consejo de Dirección. En su único número colaboró con el artículo “La docencia intacta”; tradujo la dialéctica marxista, de Sydney Hook y redactó el índice o noticiero final. Años más tarde diría de esta revista, órgano del grupo Ariel: “…se trataba de una revista segadora (…) con esa letra afilada que cada día se va haciendo más imprescindible. Confirmé así que el combatiente que he querido ser se sobrepone en mí al escritor que no pude llegar a ser enteramente”.

En ese año 1934, matriculó en la Escuela de Derecho y en la de Ciencias Políticas y Económicas, en la Universidad de La Habana, donde se incorporó inmediatamente al Ala Izquierda Estudiantil.

En 1935, ingresó en el Primer Partido Comunista de Cuba, y continuó en él a través de Unión Revolucionaria Comunista y el Partido Socialista Popular hasta su disolución en las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), en 1960. En ese año, hizo uso de la palabra en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, al conmemorarse un nuevo aniversario del asesinato de Julio Antonio Mella. Sus palabras fueron publicadas bajo el título “Mella y la universidad” en el periódico La Palabra —exactamente el 3 de febrero. Colaboró en el magazín dominical de este diario, primer periódico legal del Partido Comunista de Cuba, que había surgido en 1934 dirigido por Juan Marinello. Después, en los días de la huelga de marzo del 35, fue clausurado. En 1936, fundó junto con Nicolás Guillén y otros escritores de izquierda nada menos que la valiosa revista Mediodía, la cual dirigió hasta 1938.

En 1937, a nombre del movimiento estudiantil, habló en el acto de devolución de la autonomía universitaria y fundó con Ángel Augier la Editorial Páginas. En este año, recibió el Premio Nacional de Periodismo que otorgaba la Dirección Nacional de Cultura, por su artículo “Hombres en Congreso” (Mediodía, 17 de agosto) referente al Congreso Mundial en Defensa de la Cultura celebrado en Valencia como respaldo a la República Española, y en 1938 publicó en la memorable serie Cuadernos de Historia Habanera que dirigiera Emilio Roig de Leuchering su conferencia “José Manuel Mestre: la filosofía en La Habana”, calificada 44 años después por Antonio Sánchez de Bustamante y Montoro desde las páginas de la Revista de la Biblioteca Nacional  (Nro. 1-2, 1982) como único trabajo sobre las ideas de Mestre bien enfocado desde la filosofía marxista.

Y con estos datos, a “vuela pluma” he querido caracterizar los primeros 25 años de este joven extraordinario, auténtico revolucionario, fundador desde la política y la cultura de la nueva Patria, tal como reza en la Trayectoria Vital de nuestra Biobliografía, relación biográfica que, casi 30 años después, sigue siendo punto de partida para su biografía.

En el cuerpo bibliográfico activo aparecen sus libros descritos y sus colaboraciones en libros y en publicaciones periódicas desde 1938, cuando publica su conferencia ya citada sobre José Manuel Mestre hasta Letra con filo, obra selecta publicada por las editoriales Ciencias Sociales y Unión en 1983, sin olvidar que fue editada por Reynaldo González, Premio Nacional de Literatura, a quien quiso como a un hijo.

Letra con filo resume en tres tomos lo mejor de su obra política, económica, cultural e histórica, y es documento que identifica al revolucionario, al político, al economista, al diplomático y al historiador que entregó cada día de su vida a la Revolución cubana.

En emotivo discurso, agradeció este esfuerzo editorial: “…al demandarme los editores que les sugiriese un título común para los tres libros en los que la política, economía y  los problemas culturales aparecen agrupados como temas céntricos, brotó casi espontáneamente ese de Letra con filo. En lo interno de mi ser, habría querido decir que esa letra tiene filo, contrafilo y punta”.

Exactamente, Carlos Rafael Rodríguez legó a la bibliografia cubana 46 libros —sin contar sus colaboraciones en estos documentos y en publicaciones periódicas—. Desde 1937, colaboró en libros como Curso de Introducción a la Historia de Cuba (el duodécimo Cuaderno de Historia Habanera); La España de Martí, por Emilio  Roig de Leuchenring; En defensa del pueblo, de Blas Roca; Martí y la Iglesia Católica, publicado por la Editorial Páginas, en 1940; Por la patria, en la colonia y en la república de Enrique José Varona, homenaje del municipio de La Habana al ilustre prócer, en el centenario de su nacimiento; y en Siete enfoques marxistas sobre José Martí, obra publicada por el Centro de Estudios Martianos, en 1978; así como en otros libros incluyendo algunos de sus discursos, conferencias, prólogos y entrevistas.

Sus colaboraciones en publicaciones periódicas son descritas año por año a partir de 1931. Apenas había cumplido 18 años cuando publicó en el periódico El País su primer artículo “Fuerzas encontradas”, en el cual analiza con criterio marxista la necesidad de que el estado intervenga en la economía; después se suceden sus artículos en La Correspondencia y en la revista Juventud, de Cienfuegos, y en el periódico El País, de La Habana. En La Correspondencia califica a Gabriel García Maroto como embajador espontáneo de la revolución en el arte (Alejo Carpentier había escrito sobre las ideas, los proyectos y los libros de magia de Maroto en el Diario de la Marina, el 15 de enero de 1928) y en El País, Carlos Rafael Rodríguez califica a don Medardo Vitier como maestro en el sentido iluminador de que hablara don José de la Luz y Caballero. En este periódico, comentó "Americanismo y cubanismo literarios” de Juan Marinello, bajo el título “Lo universal cubano”. En esta década, colaboró también en relevantes revistas habaneras de la época (Universidad de La Habana, Polémica, Mediodía, Bohemia y Ultra; en Segur, de Cienfuegos; y en Orto, de Manzanillo; y otros periódicos como el Diario de Cuba, Ahora, La Palabra y Hoy. En los años 40, 50 y 60 continuó su fértil periodismo político, como testigo de nuestra historia, en los periódicos Hoy y Revolución así como en las revistas El Comunista, Fundamentos, Magazine de Hoy (después Hoy Domingo), Dialéctica, Ultra, Mensajes, Obra Revolucionaria y Cuba Socialista, entre otras.

El movimiento editorial cubano está en deuda con Carlos Rafael Rodríguez porque su obra periodística merece ser publicada y compilada en varios tomos, para bien de nuestra bibliografía nacional. Y para que el presente y el futuro de Cuba conozcan esta parte imprescindible de su labor.

Nosotras, Josefina y yo, intentamos ofrecer la dimensión de un quehacer hasta donde este se había materializado en letra impresa, y logramos algo más, pues el apoyo que nos prodigara el Dr. Carlos Rafael Rodríguez nos permitió acceder a impresos sueltos y a documentos no publicados e inéditos, como el Llamamiento que el redactara a nombre del Directorio Estudiantil de Cienfuegos con motivo del derrocamiento de Gerardo Machado, el 12 de agosto de 1933, y el discurso que, a sus 25 años, pronunciara en el Pleno del Comité Provincial del Partido Unión Revolucionaria Comunista, en La Habana, en 1938, con motivo del aniversario 70 del 10 de octubre de 1868; así como a algunos editoriales que redactara para la Emisora Mil Diez en los años 1943, 1947 y 1948.

Estos inéditos aparecen descritos en los asientos 688-922 en nuestra Biobliografía…, en la sección titulada Archivo Personal. En esta oportuna catalogación que logramos no se nos escapó La teoría marxista del valor, su tesis de grado presentada en la Escuela de Ciencias Sociales y Derecho Público de la Universidad de La Habana, en 1948; la Audiencia sobre la muerte de Jesús Menéndez en Santiago de Cuba, el 23 de abril de 1952; sobre el desempleo en Cuba (44 hojas escritas entre los años 1956-1957); ni la revisión de la versión escrita de la grabación de la Conferencia de Intelectuales y Artistas, preparatoria del Congreso de Escritores y Artistas (119 hojas fechadas el 16 de junio de 1961). Otra deuda del movimiento editorial de Cuba con Carlos Rafael Rodríguez es la publicación de lo más valioso de esta papelería.

La indización auxiliar de títulos analítica, y de publicaciones consultadas cierra nuestra Biobliografía…, ofreciendo, aproximadamente, tres mil datos al estudioso o investigador que se interese en la vida y la obra de Carlos Rafael Rodríguez. Su amplia y espléndida producción impresa, abarcadora de su periodismo revolucionario y de sus ensayos de temas culturales en los años anteriores a la Revolución, creímos haberla agotado y, si así no fuera, en nuestro repertorio, aparece en gran medida.

Josefina y yo llegamos a la Oficina de Carlos Rafael Rodríguez a compilar su obra —nada menos que la obra de un miembro del Buró Político y del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, también Vicepresidente del Consejo de Estado—; fuimos a describir, analizar e inventariar la obra de un revolucionario, un político, un diplomático, un economista y, por encima de todo, la obra de un hombre extraordinario. Y lo logramos, gracias a su apoyo, a su caballerosidad, a su decencia y a su grandeza. De toda esta labor biográfica y bibliográfica, Josefina y yo guardamos como tesoro la carta que Carlos Rafael Rodríguez nos escribiera al recibir este repertorio al cual me he referido tratando de glosarlo en pos de una sencilla y escueta semblanza. De esa carta solo citaré unos párrafos que nos enorgullecen a las dos, porque Josefina no ha dejado de estar conmigo.

La Habana, 21 de marzo. 1988.
 

Estimadas Araceli y Josefina:

He recibido la biobibliografía. Es un trabajo ejemplar el que ustedes han realizado. No sé como encomiarlo.

Ahí está mi vida pública y parte de mi vida privada, compendiada por ustedes en forma admirable y reseñada a través de notas inteligentes. Si algo puedo decirles es que a través de estas páginas mi vida me va pareciendo más intensa y fructífera de lo que creía, y los hechos pasados cobran animación y vuelven a mi memoria con vigencia actual.

Gracias por una labor tan fecunda que me re-anima y me hace sentir más útil la parte de mi existencia que me queda por vencer y lograr. […]

Y uso palabras de nuestro Apóstol José Martí para terminar: “Queda del hombre su luz y el bien que hace”. Carlos Rafael Rodríguez nos dejó su luz y el bien que con su acción, su obra, y su entrega le hizo a Cuba.
 

Intervención en el panel "Semblanza de Carlos Rafael Rodríguez". Jornada Científica Centenario de Carlos Rafael Rodríguez, Instituto Superior de Relaciones Internacionales. La Habana, 17 de mayo de 2013.

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