Selección Con filo en la letra

Palabras como cimientos y trincheras

Fernando Rodríguez Sosa • La Habana, Cuba
Fotos de Archivo

Imagen: La Jiribilla
 

Parecía imposible que, en las páginas de un libro, pudieran presentarse, en toda su riqueza y esplendor, la acción y el pensamiento de Carlos Rafael Rodríguez. Porque, en verdad, no resultaba fácil el empeño de anotar, comentar, señalar, valorar, en un solo volumen, aquellos elementos imprescindibles para acercarse a la fecunda existencia del prestigioso humanista revolucionario.

He ahí, indudablemente, el primer elogio que merece la obra titulada Con filo en la letra (Editorial de Ciencias Sociales, Colección Premio Nacional de Ciencias Sociales, 328 pp.) que, con selección, liminar y notas de Fernando Carr Parúas —quien también, junto con Moralinda del Valle Fonseca, se ocupa de la edición—, propone una enriquecedora mirada al legado de Carlos Rafael Rodríguez.

Es este el sexto tomo de una serie que, desde el año 2006, se dedica a reconocer la obra de la vida de quienes han recibido, por sus aportes investigativos y por los resultados de su labor, la distinción que conceden la Academia de Ciencias de Cuba y el Instituto Cubano del Libro, el Premio Nacional de Ciencias Sociales, concedido a Carlos Rafael Rodríguez, en 1995, en la primera entrega del alto galardón.

Con filo en la letra, como las restantes entregas de la colección, se estructura inteligentemente en dos partes. La primera, se dedica a rescatar, a través de diversos caminos, la huella, personal e intelectual, del autor; mientras que, en la segunda, se recopilan aquellos textos que le permiten al lector tener una visión global de los temas presentes en la obra del homenajeado.

La periodista Miriam Zito abre el volumen, con “Carlos Rafael Rodríguez, hombre de pensamiento humanista y universal”, un texto en el cual, como en un gran fresco, mediante el testimonio de familiares, amigos y compañeros, junto con fotografías y otros documentos, se reconstruye la biografía del prestigioso estadista de sólida formación marxista-leninista.

En “Aportes de Carlos Rafael a la política exterior cubana y a la independencia de los países subdesarrollados”, el estudio que aparece a continuación, Carlos Martínez Salsamendi, quien por dos décadas fue cercano colaborador del incansable revolucionario, analiza su legado en esferas como la política, la economía, la historia, y la cultura.

En seis secciones, Con filo en la letra entrega una visión panorámica de la obra de Carlos Rafael Rodríguez. Organizados por temas, se recopilan, en este volumen, esos ensayos, artículos, discursos, entrevistas, que permiten conocer las realidades y problemáticas que, durante varias décadas, le preocuparon —y ocuparon— y le hicieron reflexionar, teorizar, analizar.

Prevalecen en esta colección, las valoraciones acerca de quienes, en diversos momentos del devenir histórico y cultural de la nación cubana, dejaron su imperecedera huella. Se revela, así, el alcance y permanencia de figuras como Félix Varela, José de la Luz y Caballero, Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena, Juan Marinello, Raúl Roa, Blas Roca...

Sobresale, entre esas semblanzas, la dedicada al Héroe Nacional José Martí. Se trata de un discurso, pronunciado en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, en el aniversario 110 de su natalicio, y publicado, en el periódico Hoy, el 29 de enero de 1963. Un texto, medio siglo después de su aparición, de innegable vigencia, como lo confirman estos fragmentos:

La Cuba socialista de hoy puede aproximarse a José Martí mirándolo de cerca, no como la figura a la cual se honra para continuar el curso de la historia en la lejanía, sino como batallador de nuestra propia pelea, como un hombre con el cual compartimos todavía mucha porción de su ideario, porque es un hombre situado en el centro mismo de la angustia de su patria y de las esperanzas contemporáneas de su pueblo.

Cuba tiene ese privilegio, el de que sus grandes héroes nacionales, Martí y Maceo señaladamente, sean todavía héroes en brega diaria, hombres cuya lección no ha terminado, héroes que comparten con los héroes de hoy, el homenaje caliente, actual, de un pueblo que no puede olvidarlos ni mirarlos como figuras remotas.

La significación del Grupo Ariel, el pensamiento de la juventud ortodoxa, la historia del periódico Hoy, la experiencia de la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, el papel de la universidad en el socialismo, la relación entre materialismo y religión, los comunistas ante el proceso y las perspectivas de la cultura cubana a fines de los años 50 del siglo XX, son otros de los asuntos analizados en estas páginas.

“Las instituciones culturales y la situación cubana”, uno de esos artículos, publicado en la revista Mensajes y fechado en enero de 1958, resulta una abierta y valiente denuncia de la realidad de la Isla en los días finales de la tiranía batistiana:

La situación cubana ha llegado a extremos tales de gravedad que el movimiento cultural se encuentra obligado a evaluarla en su conjunto para adoptar la actitud que por deber le corresponde.

No se trata, es evidente, de que existan transgresiones ocasionales del procedimiento democrático que, por su parte, han sido frecuentes durante todo el desarrollo republicano. Lo que presenciamos es la represión más feroz de cualquier disidencia y, más aún, la “cura en salud” con la que el régimen impide —previendo y adivinando que una cultura libre resulta a la larga incompatible con la tiranía política, y mediante la permanente suspensión de las garantías constitucionales y el ejercicio de una censura que abarca hasta las publicaciones científicas—, todo aquello que favorezca el examen libre y veraz de la realidad nacional.

Vinculado con la lucha revolucionaria desde sus años estudiantiles, profundo estudioso del marxismo-leninismo, Carlos Rafael Rodríguez (Cienfuegos, 1913-La Habana, 1997), quien se incorporó a las filas del Partido Comunista de Cuba a partir de 1936, antes de la alborada de enero de 1959 desarrolló una activa y fecunda labor política e intelectual.

Diversas responsabilidades políticas y estatales le fueron asignadas a partir del triunfo de la Revolución cubana, que le permitieron participar activamente en el proceso de construcción de la nueva sociedad socialista, esa a la que había consagrado, desde su más temprana juventud, sus mayores empeños, energías y anhelos.

“Cimientos a la vez que trincheras deben ser las palabras” sentenciaba el más trascendente revolucionario e intelectual del siglo XIX cubano. “Las palabras deshonran —aseguraba también el Apóstol— cuando no llevan detrás un corazón limpio y entero. Las palabras están de más, cuando no fundan, cuando no esclarecen, cuando no atraen, cuando no añaden”.

Carlos Rafael Rodríguez, de incuestionable vocación martiana, supo de la utilidad, del servicio, del compromiso, de la entrega. Y supo, igualmente, como lo confirma ahora la publicación de Con el filo en la letra, de esas palabras sinceras, honestas, dignas, que fundan, que añaden, que atraen, que esclarecen, que son cimientos y trincheras.

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