Artes Escénicas

Ecos de Son Flamenco

Andrés D. Abreu • La Habana, Cuba
En la confusión del pluralismo y el mestizaje,
es el mestizaje el que parece triunfar,
 puesto que proporciona el modelo,
pero él también es víctima de la ilusión del triunfo,
puesto que se halla englobado por lo que modeliza.
Dominique Chateau 
 

Si en algo se han equivocado y se siguen equivocando los derroteros de muchas de las compañías danzarias cubanas de anunciada esencia folclórica —ya sea de raíz africana o hispánica— es en ese terco pensar que la actualización del ejercicio danzario profesional y la conformación de novedosos  espectáculos basados en los cantos y bailes de nuestro folclor se logra expeditamente con un común y trillado aderezo de gestualidades importadas de la danza contemporánea y el ballet neoclásico, o con efectos de segura funcionalidad probados en el ámbito del show mediático. 

Imagen: La Jiribilla

Importantes agrupaciones juegan al éxito con el empaste de clichés o el  recubrimiento de sus presupuestos con tales manipulaciones recurrentes, y hasta lo logran y reciben acreditaciones halagadoras y refrendos públicos comunicacionales en un mundo donde, día a día, se menudea más el terreno en las salas de teatro para un espectador superficialmente informado y, generalmente, desinteresado por la profundidad del pensar y el sentir, habituado al facilismo emocional y la inmediatez de los acontecimientos.

A partir de esa crisis sin freno de los valores totales que experimentamos los humanos dentro de una globalización evidente conducida por desmedidos dominios financieros, esta lamentable y paupérrima filosofía de vivir y hacer ha llegado a penetrar campos tan opuestos a ella como lo deben ser el arte y la conservación de la cultura ancestral.  

Puede esta introducción parecer demasiado grandilocuente y apocalíptica para hablar “simplemente” o tomar como referencia a un espectáculo como Son Flamenco, generado a finales del año 2012 por la Compañía Ecos. Pero es que, justamente, a partir de elementos de esta propuesta musical danzaria presentada en el teatro capitalino Mella, y que vuelve a anunciarse del 31 de mayo al 2 de junio en la Sala Covarrubias del Teatro Nacional, en medio de un panorama cultural exaltado por una nueva edición del Festival La Huella de España y las actividades de la plataforma DanzaCubaBaila, me resultó oportuno llamar la atención sobre aquellos aciertos que ha logrado Ecos justo en un funcionar creativo que implica renovar y proponer hoy la posible perpetuidad de  una herencia patrimonial.

Imagen: La Jiribilla

El flamenco es más que una manera de hacer música y danza, es la expresión de un modo de vivir que nació de una organización de existencia muy particular, comunitaria y contextual que, con el tiempo y en el andar propio de sus portadores, fue atravesando y dejando huellas en otras tierras y otras culturas, ya sea en el propio continente que rodea a Andalucía o hasta en islas como la nuestra, donde la colonización nos puso en un constante proceso de ida y vuelta con todo aquello que a Cuba llegó desde el reino de España.  

El flamenco, contrario a cerrarse y enquistarse en su origen, se ha universalizado y se ha renovado autónomamente en sí mismo, y quienes lo defienden desde esta orilla del Caribe no pueden estar ajenos a eso. Por eso, activo esta referencia al Son Flamenco de Ecos como espectáculo, porque desde su propuesta la agrupación reafirmó que su afinidad con esta manera de tocar, cantar y bailar es un acto serio de asimilación y renovación consecuente de una raíz cultural en la que se cree y se siente siendo cubanos.

Quienes conforman la base fundacional de Ecos han soportado como buenos gitanos la bendición y la maldición de apostar con fidelidad, desde esta Isla, por la pertenencia a este patrimonio. Los artistas que aún sostienen los tesones de la compañía han debido esquivar y sopesar los ademanes más facilistas de la comercialización viciada del flamenco para empeñarse en hacerlo con franqueza desde Cuba.  

Si algo ha marcado el andar de Ecos desde su fundación fue un ímpetu por aprender del más auténtico flamenco para insertarlo orgánicamente en el mestizaje que presupone la cubanía contemporánea.

Son Flamenco renovó como presentación espectacular principios que ya estaban pautados tímidamente desde 1999, cuando la joven compañía se lanzó al ruedo con su primera propuesta de puesta total Flamenqueando. De allá para acá han debido estudiar y encontrar ontológicas motivaciones dentro del panorama ancestral cubano tradicional y contemporáneo que le permitiesen particularizar en la fuerza flamenca que habían entrenado y siguen perfeccionando sus músicos y bailarines. 

Hoy creo que una buena parte de la membrecía de Ecos es mucho más orgánica en esos presupuestos. Tanto el entrenamiento danzario más congruente y general, y mucho más el enriquecimiento del potencial musical, respiran con mayor soltura las aportaciones que les eran necesarias y afines. Sus artistas cardinales están, evidentemente, más aptos para saber cómo y con quién mezclarse. Las persuasiones están en esa frescura y naturalidad con que se pasearon en Son Flamenco por sus válidas versiones de guajiras y  rumbas.

Imagen: La Jiribilla

Si bien Ecos puede aspirar a más como plataforma flamenca actualizada y recontextualizada, lo hecho resulta suficiente para mostrar una dedicación artística contemporánea sincera para con las raíces y el folclor, donde el sentimiento flamenco no se simula ni es adorno, ni sus elementos de autenticidad cultural se empastan libérrimamente con modismos oportunistas, como tampoco se le niega la necesaria convivencia con otras esencias que aportan sus fieles hacedores desde una Cuba que también puede sonar flamenca.

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