Estudiantes de Quenn´s University, de Canadá en La Habana

Todo está en una canción

Carmen del Pino • La Habana, Cuba

El calor no los espanta y, justo a las dos de la tarde, cuando el sol está a medio camino de su trayectoria diaria, cuando desafía las voluntades más férreas, comienzan a llegar los estudiantes de la Queen's University de Canadá al Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau. La escena se repite, otros son los rincones de la ciudad que acogen a este heterogéneo grupo de jóvenes que, por estos días, pasan un curso en Cuba con el título “Cuban Culture and Society”, que propicia desde perspectivas diversas una actualización sobre la historia más reciente de la Isla.

Para Karen Dubinsky se trata de descubrir nuevas miradas, de entrar en contacto con la cotidianidad de un país, con su gente. Y de regreso de un apretado programa de encuentros, conferencias, conversatorios y recorridos por diversas zonas de La Habana, Karen se dispone a contestar un grupo de preguntas que tienen como hilo central esta visita a Cuba, pero que también indagan sobre sus proyectos investigativos.

“Este es nuestro quinto año proponiendo este curso de cuatro semanas, en el cual pasamos dos semanas en Canadá preparándonos y dos aquí. En Canadá tenemos clases cada día (tres horas en cada jornada), y los alumnos leen muchos materiales, ven documentales sobre diversas temáticas y películas —por ejemplo, hemos compartido clásicos como Memorias del subdesarrollo o Fresa y chocolate. Después venimos y se produce una transformación: si en Canadá nosotros somos los maestros, en estas tierras, especialistas cubanos —como Fidel Díaz Castro, este miércoles en el Centro Pablo—, presentan las clases. Esta es una oportunidad maravillosa para los alumnos de conocer sobre diversas temáticas, pero de conocer también una amplia muestra de personas”.

¿Cómo está conformado el programa de estudios de este curso?

Soy historiadora y tengo interés por la música cubana. Los temas que mis colegas y yo conocemos mejor, están relacionados con la música y el cine. Sin embargo, los estudiantes se sienten entusiasmados con elementos relacionados con la agricultura, y Cuba tiene una reputación muy elevada en asuntos de agricultura urbana. De modo que incluimos en este curso algunas sesiones para explorar esta área.

Proponemos, entonces, una mezcla de tópicos culturales con otros más generales: hemos tenido visitas a organopónicos; conferencias con especialistas como Esteban Morales sobre las relaciones raciales en el país; pensamos recorrer el Instituto Superior de Arte; queremos reunirnos con Daniel Díaz Torres, de quien vimos en Canadá la película Lisanka. En nuestro programa confluyen múltiples intereses, resulta muy variado.

Y variado es también el grupo de alumnos que vienen a Cuba…

La mayoría son de nuestro Departamento de Estudios en Desarrollo Global; pero otros pertenecen a especialidades de cine, arte, historia —incluso ingenierías, algo que no es común—. Son jóvenes que se presentan a concurso para obtener una plaza que les permita sumarse a este viaje: deben escribir un ensayo explicando las razones por las cuales quieren venir a Cuba. La mayoría son muy estudiosos, saben de la riqueza de la cultura cubana y de la peculiaridad del país con respecto al resto de la región; saben que ahora mismo hay muchos asuntos que aprender sobre lo que está sucediendo en términos de economía y política en la Isla.

En esta quinta edición del curso incluyen un recorrido por el Centro Pablo

La relación con el Centro comienza a través de mi colega y amigo Joaquín Borges-Triana, uno de nuestros profesores. Esta es la primera vez que venimos como grupo a la institución, y espero que podamos regresar, porque es un espacio muy importante para la ciudad y el país: un lugar tranquilo, con personal muy profesional.

Además del curso, como investigadora la trae a Cuba un proyecto pendiente con Ediciones La Memoria, del Centro Pablo: la publicación de un libro sobre Carlos Varela.

Mi primera visita Cuba fue en 1978, durante el Festival de la Juventud y los Estudiantes. Como investigadora llegué a Cuba hace diez años, cuando escribía un trabajo sobre las adopciones y los conflictos de la emigración de niños. Trabajé con tres ejemplos: uno de Canadá, uno de Guatemala y otro de Cuba, donde investigué la Operación Peter Pan. En aquel entonces, conocí a mi actual colega y amiga, especialista en temas de cine, Caridad Cumaná, quien me dijo que si quería entender algo sobre el país y su historia más reciente, tenía que empezar con las letras de Carlos Varela. Pienso que ella tenía razón: empecé a escuchar y leer sus letras; aprendí muchísimo de esta fuente.

Como soy historiadora, este fue un momento muy importante: me di cuenta de que las letras de las canciones de un trovador en Cuba, o en cualquier otro país, pueden ser una fuente fundamental para descubrir la historia de esa geografía. La mayoría de los historiadores no utilizan esas fuentes de este modo. Para mí Varela fue mi maestro, mi historiador cubano preferido, como siempre digo. Me enseñó la importancia del músico como historiador social.

Fidel Díaz Castro defendía esta idea el pasado miércoles durante su conferencia en el Centro Pablo.

Exacto: los trovadores son periodistas con música.

Regresemos sobre el volumen Habáname: la ciudad musical de Carlos Varela, en el cual confluyen una gran diversidad de autores…

Somos un grupo donde se entremezclan diferentes perspectivas y formaciones. Algunos son musicólogos, historiadores, especialistas en cine, periodistas… es una combinación bien interesante. Nuestro objetivo es explicar cómo Varela funciona como un cronista de algo, en este caso del periodo especial, de La Habana

¿Qué otros proyectos tiene pendientes relacionados con nuestro país?

Siempre estoy bromeando con Joaquín (Borges-Triana), diciéndole que tenemos que escribir algo más, y esto es una broma entre nosotros, pero tengo la fuerte sensación de que personas como Frank Delgado merecen un libro, merecen ser más conocidos fuera de Cuba, porque no puedo imaginar una manera más inteligente y elegante de explicar a mis alumnos la historia entre Cuba y Miami que a través de la canción “La otra orilla”: todo en una canción”.

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