ICAIC expone detalles
sobre su proceso de reestructuración

Cubacine • La Habana, Cuba

En asamblea con los creadores, especialistas y trabajadores de los Estudios de Animación del Instituto Cubano del Arte e Industrias Cinematográficos (ICAIC), efectuada el pasado viernes 10 de mayo, la presidencia de ese organismo expuso los objetivos fundamentales que deberá cumplir el proyecto de reestructuración de la institución rectora de la actividad cinematográfica en la Isla, lo cual redundará en el logro de un mejor escenario para el desarrollo del cine cubano. 

Según explicaron los organizadores del encuentro, la consulta y participación de los cineastas, especialistas y trabajadores —que en el ICAIC encabezan eventos, programas de desarrollo y varias dependencias organizativas—, siempre ha sido considerada una parte esencial del estudio y la puesta en práctica de las diferentes acciones que deberán concretarse en los próximos meses.

Este intercambio, que da continuidad a varias reuniones efectuadas durante los últimos meses, se extenderá a otros departamentos del Instituto y permitió familiarizar a los trabajadores de los Estudios de Animación con el tema de los imprescindibles cambios estructurales y funcionales que han de producirse en el ICAIC para adecuarlo a las nuevas realidades económicas y sociales que vive el país. Como parte del cronograma de trabajo previsto, el proceso de consulta permanente se extenderá, en una primera etapa, hasta septiembre próximo, cuando el Grupo de Trabajo creado al efecto, deberá presentar su propuesta a las instancias de dirección del Gobierno.

El debate fue presidido, además de por los principales dirigentes del ICAIC, por los realizadores cinematográficos Manuel Pérez Paredes, Premio Nacional de Cine 2013, y Jorge Luis Sánchez, quienes integran el Grupo de Trabajo encargado de formular la propuesta y coordinar el proceso de consulta y participación de los creadores y de los demás trabajadores vinculados a la actividad cinematográfica en Cuba.  

Un camino a transitar en pos del cine nacional

Como parte de las transformaciones que se vienen realizando por el Estado y el Gobierno a partir del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), se constituyó un grupo de trabajo que se encarga de diagnosticar y proponer soluciones para los problemas acuciantes que atraviesan al ámbito cinematográfico nacional, incluidas las experiencias en el sector no estatal.

La Comisión Permanente para la Implementación y Desarrollo de los Lineamientos Económicos y Sociales del Partido y la Revolución, acordó priorizar al Instituto como la primera de las grandes instituciones artísticas que será sometida al proceso de diagnóstico y reestructuración de su labor. El objetivo central es adaptarla al nuevo contexto en que se desenvuelve el país.

Sobre las particularidades del proceso, el presidente del ICAIC, el escritor Omar González, explicó que este necesariamente debe conducirse de manera responsable, con audacia y libertad en la formulación de las propuestas y con una amplia participación de quienes han hecho y hacen el cine cubano, sin exclusión de ninguna dependencia o especialidad.

Actualmente, el trabajo se encuentra en la fase de Diagnóstico, el cual debe corresponderse luego con propuestas de soluciones. Al mismo tiempo, se incluye un minucioso estudio de las normas legales que deben modificarse o aprobarse para implementar las propias transformaciones. Según trascendió, el diagnóstico toma en cuenta todas las demandas que se han apuntado en otros debates y estudios realizados previamente, como sería el caso de los congresos de la UNEAC, la Asociación Hermanos Saíz y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Cultura, cuya consulta y participación permanentes están previstas en las premisas que rigen el desempeño del Grupo de Trabajo.

El presidente del ICAIC apuntó que “la Comisión, mediante sus indicaciones, establece las pautas de cómo ha de llevarse a cabo el proceso. Esta dimensión, necesariamente metodológica, permite trabajar de modo coordinado y organizado con otras instancias del Estado y el gobierno”. Asimismo, subrayó la seriedad de la labor que se está realizando, “la cual involucra a decenas de compañeras y compañeros del Instituto y de otros organismos, lo que permite asegurar que es la primera vez que esto sucede con una propuesta relacionada con el cine y garantiza que lo acordado no se convierta en letra muerta, como ha ocurrido otras veces. No nos quepa duda de que existe voluntad política para llevar a cabo este proceso y lo que resulte de él. Es algo que se va a cumplir, no es fruto de una especulación ocasional, ni de una visión parcelaria de la realidad; es un mandato, una indicación de la dirección de la Revolución. Y nosotros la cumpliremos con todo rigor, pues se trata de una oportunidad privilegiada para encontrar fórmulas que contribuyan de manera decisiva a solucionar integralmente los problemas del cine cubano, y, por extensión, los del audiovisual que le conciernen. La perspectiva de estos enfoques será siempre cultural, jamás economicista”.

En septiembre de 2013, el ICAIC debe entregar a la mencionada Comisión un diagnóstico de la situación actual, un conjunto de posibles soluciones a implementar, un estudio de la factibilidad económica de dichas propuestas, de lo que se derivará, una vez aprobadas por las instancias y autoridades competentes, un cronograma para su aplicación.

Según precisó el principal directivo del ICAIC, “paralelo a este estudio, desde hace tiempo se vienen racionalizando los recursos materiales y humanos de que disponemos, concibiendo como una posibilidad mucho más viable la contratación del personal creativo por obras, por proyectos, en lugar de la vieja costumbre de emplantillar a todo el mundo; de modo que cada vez habrá menos plazas fijas y menos trabajadores a tiempo completo, solo las imprescindibles. Debemos llegar a menos de mil trabajadores fijos en 2013, buscando la eficiencia por la vía del trabajo, garantizando la calidad de los procesos artísticos y tecnológicos. Lo difícil en una institución como la nuestra, que tiene de arte e industria cultural, es deslindar quiénes están directamente relacionados con la creación artística y quienes, apoyándola, también participan de ella”.

Se dio a conocer también que permanentemente se analizan estos temas con representantes de los ministerios de Cultura, cuyo titular, Rafael Bernal, encabeza el Grupo de Trabajo Temporal; Finanzas y Precios; Economía y Planificación, y Trabajo y Seguridad Social. “Creemos que no habrá que esperar a 2014, para comenzar a erradicar algunos de los problemas y dificultades que hoy perjudican nuestro desarrollo; como sería el caso del Decreto Ley del Creador Audiovisual y otras medidas de menor alcance”, sostuvo el presidente del ICAIC.

Posibles soluciones a contrariedades acumuladas

Susana Molina, vicepresidenta del Instituto, quien tuvo a su cargo la exposición de los problemas principales que pudiera incluir el diagnóstico, reveló que este trabajo se ha concebido como si se tratara de una radiografía del ICAIC actual, y se toman como base o referencia algunos datos que ilustran la gestión institucional de los últimos 5 años.

En este sentido, aclaró que un 55 % de la subvención que se recibe del Estado se emplea en el pago de salarios, incluidos los derivados de la contratación artística. Durante el último quinquenio, la institución cultural se ha involucrado en 542 producciones; de ellas, 107 largometrajes de ficción, cifra que toma en cuenta las coproducciones. Por otra parte, se han realizado 3016 minutos de animados. En este sentido, la vicepresidente destacó que la mayor parte de los ingresos proviene de los servicios que se brindan a las producciones extranjeras y la venta de derechos o royalties.

Asimismo, comentó que la mayoría de los países latinoamericanos cuenta con una ley de cine, una film comission, y un fondo de fomento a la producción cinematográfica, como pilares del audiovisual nacional. “En esos países, como aquí, tampoco se recupera la inversión cuando se produce un filme. En cambio —contrastó—, muy pocos cuentan con un archivo fílmico nacional ni una Cinemateca, algo que nosotros sí tenemos desde los años fundacionales del ICAIC”.

Molina insistió en la dificultad que entraña el trabajo que actualmente se realiza, ya que “está plagado de momentos de avance y retroceso, pues la identificación de una problemática implica el estudio de todos los aspectos que le rodean y ante cada nueva problemática es necesario reconsiderar lo avanzado hasta ese momento, para no dejar que se escape ningún detalle”.

En la última década, el ICAIC ha conducido el quehacer institucional hacia la diversificación genérica, temática y estética del cine nacional; la realización de inversiones en el área del patrimonio cinematográfico, cuya existencia peligraba; la posfilmación y un reconocimiento y participación creciente de los jóvenes realizadores y técnicos en la gestión institucional; se ha propiciado la entrada de los jóvenes a la producción cinematográfica y se ha apoyado la producción independiente —a pesar de que esta actividad aún no cuenta con una normativa jurídica que la regule—, entre otras acciones.

Los problemas identificados hasta el momento van desde cuestiones legales y organizativas hasta trabas de todo tipo que entorpecen tanto el trabajo de los creadores como de quienes apoyan la creación artística desde distintas especialidades asociadas. Toda esta “madeja” de factores incide de diversos modos en cada fase del desarrollo de una película: producción, posproducción, distribución, exhibición y promoción.

Otro elemento a tomar en cuenta es el proceso de migración hacia la tecnología digital en todos los ámbitos del séptimo arte, pues en breve la mayor parte del mundo la utilizará desde la fase de filmación hasta la exhibición; aspecto este último sumamente complejo debido a las erogaciones financieras que supone la modernización de las salas para asumir la exhibición enteramente digital.

Al respecto, un tema que salió a relucir nuevamente es que las salas cubanas cuentan con una dotación tecnológica envejecida, poco confort y mal estado constructivo. De hecho, varios presentes, mayoritariamente los animadores y productores, explicaron cómo sus películas, muchas veces concebidas y terminadas con altos niveles de calidad de imagen y sonido, deben disminuir estos valores con el fin de adaptarse a las posibilidades de los cines.

No obstante, resulta imposible e inconcebible plantearse en el contexto cubano de hoy, la inserción en una carrera tecnológica diseñada para excluir a la periferia de la industria cinematográfica mundial; pero esto implica la necesidad de, al menos, alcanzar y mantener una media en cuanto a actualización tecnológica.

La inteligencia colectiva: elemento ineludible

En el transcurso del encuentro, el presidente del ICAIC explicó cómo es que “vamos a continuar haciendo estas asambleas con todos los que participan en la realización del cine cubano; primero para el diagnóstico, luego para la elaboración de las propuestas de soluciones y políticas y por último para someter la idea final a la valoración colectiva de todos. Tenemos previsto un proceso asambleario para que participe todo el que lo desee: constructivamente, sin descalificaciones apresuradas. Estamos en una fase propositiva y solo presentaremos el documento cuando se haya sometido a una amplia consulta”. Las próximas asambleas se realizaran en los Estudios Cubanacán, la oficina central del ICAIC, y otras áreas técnicas y artísticas.

Los asistentes al encuentro intervinieron ampliamente, y de sus exposiciones emergieron nuevas ideas y cuestionamientos. Se compartieron varias experiencias que pudieran contribuir a los ingresos de recursos financieros al ICAIC.

Una de las conclusiones a las que arribaron los presentes es que muchas de estas potencialidades resultan casi imposibles de ejecutar debido a la manera en que se encuentra estructurada la realidad económica del país, las trabas burocráticas, incluso en la propia institución y en el Ministerio de Cultura, todo lo cual limita las capacidades productivas.

El director de animados Alexander Rodríguez aseveró que “el problema no es el ICAIC en sí, sino algo mucho más complejo, el modelo económico que aún prevalece en el país. Solo después de que se modifiquen las normas jurídicas que no permiten explotar al máximo las posibilidades que tenemos, será momento de analizar cómo mejorar el ICAIC y entrar a calibrar los problemas internos”.

El experimentado productor Aramís Acosta, confesó que durante la reunión “hubo cosas que le hicieron sentir muy bien; sobre todo la presencia en el grupo de trabajo de dos realizadores como Jorge Luis Sánchez y Manolo Pérez, pues todos sabemos lo que representa su pensamiento. Esto permite que se vean las cosas desde el punto de vista artístico, lo cual enriquecerá el documento final. Sé lo difícil que es el hecho de tener la responsabilidad de conducir un proceso para cambiar y mejorar las cosas”.

“Lo otro que me tranquiliza es que el Grupo de Trabajo se ha pronunciado favorablemente a que los Estudios de Animación reciban el tratamiento de ‘unidad presupuesta con tratamiento diferenciado’. Eso es lo más acertado. Yo temía que los Estudios entraran en esta especie de nueva corriente ‘empresarial’ porque eso sería quitarle el sentido a lo que durante tantos años ha significado el dibujo animado para nuestro país. Temía que lo que se había logrado hasta el momento desapareciera bajo el influjo de un entusiasmo nacional por cambiar radicalmente las cosas, que se omitiera la responsabilidad y la coherencia históricas”.

Por último, alertó: “No se nos olvide que tenemos muchas vías para ingresar moneda fuerte, sin que sea imprescindible convertirse en una empresa; sobre todo, mediante la prestación de servicios. Siempre sin dejar de hacer —y en eso quiero ser lo más conservador posible— las diferentes líneas de producción que históricamente hemos hecho, los talleres infantiles, los temas que abordamos”.

Algunos puntos de llegada y partida

Como parte del encuentro, se propuso la incorporación de Alexander Rodríguez y Ernesto Piña —dos jóvenes realizadores de animados—, además el productor Aramís Acosta, al grupo de trabajo que desde el ICAIC coordina el estudio para el proceso de transformación.

Existió consenso en torno a esta elección y a la idea de que hay una voluntad tanto en el país como en el ICAIC para solucionar todos los inconvenientes enumerados, así como se consideró que resulta una ventaja que las soluciones partan del interior de la institución, teniendo en cuenta que es allí donde mejor se conoce la naturaleza y las especificidades que implica el desarrollo del cine cubano. Todo ello sin dejar de tener en cuenta que la situación real del país es compleja y es necesario que se analicen bien las vías para que dichos cambios sean positivos. En base a lo anterior, se agregaron nuevas inquietudes al diagnóstico, surgidas como parte del intercambio.

Además, se insistió en la necesidad de poner el know how acumulado durante décadas por el ICAIC y los recursos humanos en función de proyectos que permitan ingresar recursos y elevar la capacidad productiva de la institución y de todos los creadores cinematográficos del país. “Ese potencial que tenemos ahora no podemos esperar a que se descapitalice, hay que empezar a aprovecharlo intensivamente ya”, dijo Omar González.

Con respecto a los comentarios emitidos, Jorge Luis Sánchez manifestó sus impresiones:

“Como sabemos, los Estudios Animados tienen una especificidad y una naturaleza muy particular. Me llama la atención cómo ustedes sienten que algunos problemas van más allá del ICAIC —quizá en otras áreas afines, otro tipo de creación, esto se manifieste con más matices—, pero teniendo en cuenta que aprecié cómo dominan los problemas que tienen aquí; estoy seguro que saben distinguir con certeza los problemas internos y los que son a nivel de país”.

“A veces es complicado estar en este tipo de comisiones porque, como diría Martí, es probable que solo se recoja la ingratitud de los hombres. En cambio, yo me siento alguien que pertenece al ICAIC, me siento parte del cine cubano, de la cultura y de este país. No nos queda más remedio que meternos en estos problemas, a veces áridos; es necesario indagar, participar para que se logre un cuerpo de ideas lo más completo posible sobre qué hacer con el ICAIC, que no se quede ninguna buena propuesta fuera. Todo el mundo debe sentirse parte de esto porque diagnosticar no es lo más difícil, sino llegar a la conclusión conjunta de cuál es el ICAIC que queremos, para reconstruirlo en sintonía con el presente y el futuro cercano”.

Casi al final, el director de Irremediablemente juntos (2012) y El Benny (2006) aclaró cuestiones relativas al decreto ley que otorgará personalidad jurídica al creador audiovisual independiente y pidió que antes de ser aprobado fuera visto por los animadores; porque así ganaría en pertinencia y calidad, todo lo cual es necesario tener previsto antes de que esta norma entre en vigor. También convocó a todos los interesados a comprometerse con el proceso y aportar sistemáticamente sus ideas.

Por último Manolo Pérez, director de El hombre de Maisinicú (1973) y Páginas del diario de Mauricio (2006), concluyó: “Aunque la geografía de los Estudios de Animación y la fisonomía de los rostros que observo desde aquí han cambiado —veo que la juventud impera en este lugar, como resultado de esta revolución digital que vivimos—, en medio del cansancio y la cantidad de problemas expuestos que abrumarían a cualquiera; me sorprende la esperanza que veo en ustedes y creo que hay que seguir luchando y creyendo, a pesar de los palos que da la vida. Es importante continuar defendiendo la especificidad de la creación cinematográfica. El sentido de pertenencia que siempre ha existido en los realizadores para con el ICAIC, existe todavía y lo veo en ustedes”.

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