Dramaturgia cubana en el corazón de Madrid

Miércoles, 5 de Junio y 2013 (9:42 am)

El novelista Paul Auster opinaba en su libro Experimentos con la verdad: "El azar es parte de la realidad; continuamente nos vemos transformados por las fuerzas de la coincidencia". Abel González Melo —uno de los nombres esenciales en la dramaturgia cubana de este joven siglo XXI— parece seguir de cerca esa afirmación en el argumento de su obra Chamaco. En lo que sí no hay ni azar ni casualidad es en el hecho de que este texto haya recibido varios premios y se haya llevado a las tablas en plazas teatrales tan diversas como Estambul o Miami.

En Cuba pudimos disfrutar de su estreno y de varias temporadas, dirigido por Carlos Celdrán con su grupo Argos Teatro. También fue muy comentada la versión cinematográfica de Juan Carlos Cremata.

Vuelve a estar firmada por Celdrán la puesta en escena que acaba de estrenarse en Madrid con amplia repercusión en los medios y una calurosa acogida de público. Cuando hablo en el título del "corazón de Madrid" me refiero a la vez a lo céntrico del Teatro Fernando de Rojas del legendario Círculo de Bellas Artes y también a la cercanía, la complicidad, el incentivo para la reflexión que ha suscitado Chamaco en los espectadores madrileños. El tejido de pasiones, el sutil viaje a los rincones más ásperos y menos conocidos de la ciudad, la brillante estructura entre narrativa y dramática de la obra pasan por la prueba de fuego de una traslación de contexto. Los cambios en las palabras son solo los imprescindibles y algunos de los costados temáticos que están en la obra dialogan especialmente con la realidad española en un momento de crisis económica y de incesante debate social.

El espectáculo ratifica —esta vez de una forma serena y sólida— la maestría que Celdrán ha venido consolidando en los últimos lustros. El entorno escenográfico y el diseño de luces resultan eficaces y están a cargo de sus colaboradores habaneros Alain Ortiz y Manolo Garriga. La puesta en escena es sobria y se encomienda sobre todo a propiciar el lucimiento de los intérpretes en unos personajes llenos de fuerza, matices y dolor.

Fidel Betancourt protagoniza en Madrid como lo hizo en el estreno mundial en nuestra Habana. El actor se relaciona con coherencia y sinceridad con los cambios que una nueva circunstancia imponen a su personaje. Ejemplar el equilibrio que alcanza entre la palabra y el silencio; entre la elaboración del mundo interior de su Chamaco y la complicada relación con los otros seres que habitan la escena.

En el resto del elenco sobresale la formidable proyección —a la vez teatral y muy íntima— de Ernesto Arias. Este intérprete, de robusta trayectoria en la escena española, dicta una clase magistral en el decir, en la exactitud del gesto y, sobre todo, en la sinceridad al transmitir las emociones.

Los desempeños de los españoles Paloma Zavala y Francesco Carril y de los cubanos Luis Castellanos y Rey Montesinos sostienen con eficacia y algunos momentos formidables el ritmo de la puesta. En el caso de Pilar Vilaplana y Juan O’Gallar se aprecia también talento en los intérpretes y se reconoce la sabia mano directriz de Celdrán, pero necesitarán de la sucesión de las representaciones, de la maduración que aporta una temporada más larga, para ganar en fluidez en sus acciones físicas y profundidad en las diversas intenciones de sus personajes.

Chamaco ha triunfado en Madrid sin dejar de ser cubana. Argos Teatro deja su sello de rigor en la cartelera española y tengo la certeza de que esta experiencia enriquecerá su fecundo diálogo con el espectador habanero.

Fuente: Periódico Granma

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