Aspersores sobre el húmedo limo
de los muertos diáfanos

Miladis Hernández Acosta • Guantanamo, Cuba

La lluvia entra por el hueco de la ventana única: Cito. Ventana por donde primero entró la niebla para cargar con los vivos que ingresaron con horror al vaciadero. He aquí, sin tener que explicarlo, un libro oscuro, raro, invencible y contumaz, poseso de una materia magra, de una sustancia recia, amarga, y pesada. Un libro donde las palabras están sometidas a una fuerte presión, son expulsadas a presión, y se expresan con la misma intensidad de ese mecanismo o artefacto hidráulico que se utiliza para rociar el agua a las rosas, el agua a las cosechas, y del mismo modo el agua a los cementerios. Un sitio para destilar ausencias, silencio, y pérdidas estériles, pero también, para afirmarse en el acto efímero, pertinaz y absurdo de la vida.