Sobre la “descubierta” imagen de Martí y su antecesora:

Invitación al estudio

Mayra Beatriz Martínez • La Habana, Cuba
Si la polémica es dime y direte, sin más provecho que el de las riñas callejeras, donde el gentío empuja el codo a los peleadores, y goza con los motes y puñetazos, mejor es que cese la polémica, agria e inútil.
 
José Martí, “Las crónicas potosianas”
 
Agradezco el apoyo brindado por las especialistas Elsa Montero, del Archivo de la Oficina del Consejo de Estado, y Andria Alonso y Dulce María Bejerano, de la Biblioteca del Centro de Estudios Martianos

 

Creo que tiene plena justificación quien estime que “[l]a misteriosa fotografía de José Martí (1853-1895) recientemente descubierta no es auténtica” y que “hace casi tres décadas dictaminaron que se trataba de una ‘composición pictórico-fotográfica’ ”.[1]

Imagen: La Jiribilla

La supuesta “foto de José Martí a la edad de 42 años, que especialistas consideran inédita”, hallada en Guanabacoa y con dedicatoria al dorso de Leonor Pérez (a María Luisa).
 

Poco se sostiene el carácter de “inédita” que se le ha atribuido, como ha sido informado en artículo aparecido el 18 de mayo pasado, en el periódico Granma, porque “[n]o se tenía conocimiento de la imagen”.[2] Es cierto que tiempo ha pasado desde que ocurriera el donativo de la primera copia al Centro de Estudios Martianos (CEM) en 1984, pero los detalles de su “revelación” original quedaron referidos con amplitud en las páginas del Anuario del Centro de Estudios Martianos del año siguiente —acontecimiento también esclarecido en otros textos publicados recientemente, a raíz de la noticia.

Imagen: La Jiribilla

La imagen que fuera donada al Centro de Estudios Martianos en 1884, por Emilia Delgado, también con una dedicatoria de Doña Leonor (a Martín Herrera). Desde entonces, fue considerada como fotocomposición. Es atesorada por el Archivo del Consejo de Estado de la República de Cuba. Obsérvese su buen estado de conservación.
 

Pueden resultar demasiado absolutas o arriesgadas otras afirmaciones emitidas al respecto. Tal cual la enunciación de que “se ve nítida la sortija de hierro hecha con material de los grillos que tuvo que arrastrar en su temprano cautiverio”,[3] lo que, se supone, solo podría asegurarse si se distinguiera con claridad la palabra “Cuba” en ella grabada, como los testimonios de quienes conocieron de cerca a Martí habitualmente refieren. Esto no se nos aclara en la información recibida.

Preocupa, asimismo, la aparente aceptación acrítica por parte de los vinculados en esa investigación de determinados supuestos. Ante todo, la afirmación de que la imagen martiana lo muestra “a los 42 años”, como se anota en la dedicatoria que aparece en su reverso, suscrita por el nombre de doña Leonor Pérez, la madre del Apóstol.[4]

Suficientes datos, que pudieran haber servido como elementos de juicio valederos, sin embargo, obran en los fondos de la biblioteca del CEM, de acceso tanto a académicos como a público en general.

La gemela

Consultas allí realizadas permiten confirmar, en primer término, que la gemela de la dañada imagen, que recientemente hallaran en el Museo de Guanabacoa —evaluada y procesada para su recuperación por sus especialistas—,[5] antes fue donada al CEM, el 27 de junio de 1984. La cesión provino de la Dra. Emilia Delgado, entonces presidenta de la Cátedra Martiana del Centro Universitario Hermanos Saíz, de Pinar del Río. Había llegado a sus manos a través de América Trinchería Herrera, nieta de Martín Herrera, a quien doña Leonor Pérez, se la obsequiara —incluyendo, al dorso, la inscripción bastante legible aún: “[A]l que mi hijo José confiaba mi cuidado para irlo a ver por últim[a vez dedico] este recuerdo”.

Esta primera copia sí se encuentra en muy buenas condiciones de conservación: apenas posee dañados los bordes externos. Permite apreciar, perfectamente, que Martí se halla ubicado en una tribuna, en cuya barandilla apoya su mano izquierda, mientras la derecha parece comenzar a ascender con el índice extendido, en ademán típico de orador que interpela a su público o común en figuraciones procedentes de la imaginería religiosa cristiana.

Desde la aparición pública de este documento, predominó el criterio de que no se trataba de una fotografía: fue calificada como una “composición”[6] o “pieza pictórico-fotográfica”[7] y registrada en el fondo de la biblioteca del CEM como “Fotocomposición de Martí”.[8] Dicha evaluación estuvo a cargo, en ese momento, del reconocido fotógrafo Raúl Corrales, quien fungía como jefe de la Sección microfilm y fotografía de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado entre 1964 y 1991.

Esta copia del 84 pasó, diez años más tarde, al Archivo de la Oficina del Consejo de Estado, “para su análisis y conservación” —Caja 4, File 1, del Fondo José Martí de esa institución—, donde hoy se halla atesorada, tal cual se refiere en certificado de entrega remitido por el CEM.

Particularidades de la pieza

La naturaleza controvertida de reproducciones como esta, su factible carácter de fotomontaje a partir de otras imágenes —fotográficas o no—, era usual en la época. No habría motivo de escándalo en semejante hecho.

Sabemos que los fotógrafos, desde mediados del xix, con los elementales recursos de que disponían en sus laboratorios, podían “armar” para un cliente, con más o menos efectividad y sentido estético, un producto que era aceptado generalmente como “fotografía”. No solo se cambiaban “fondos” —es decir, las locaciones donde habían sido tomadas las “instantáneas” originales—, sino que se adosaban otros elementos al entorno y hasta se modificaban las propias figuras humanas. Como se hace actualmente por medios digitales.

En el caso de desear retratos de seres queridos, sobre todo si se trataba de fallecidos, muchos familiares hacían “encargos” con especificaciones precisas, a partir de documentos fotográficos que se le facilitaban al artista de la lente, quien, en muchos casos, podía ser, a un tiempo, pintor aficionado o profesional. De manera que, a su trabajo podía sumar también ejecutorias de ese otro arte, y componer una especie de collage con elementos y técnicas diversas. Tal vez, fue lo que hizo el autor de quien da cuenta el cuño seco de la reproducción de Guanabacoa —como en la de su antecesora:[9] “Ramón Corral Fotógrafo. O’Reilly 66 altos. Habana”. [10]

La conciencia de estos procederes tan corrientes como aceptados, impide considerar peregrina la idea de que doña Leonor tuviera en su poder y enviara copias de un retrato martiano que hubiera sido objeto de intervenciones de semejante tipo. No podría ser calificado como “fotografía”, pero, de hecho, no dejaba de ser “retrato”; y eso es, precisamente, lo que ella asevera en su dedicatoria al dorso de la copia de Guanabacoa: “este es el retrato de tu primo Pepe”. [11]

El otro aserto que desearíamos comentar se relaciona con la posible asunción, como criterio de verdad, de la dedicatoria de doña Leonor presente en la copia de Guanabacoa respecto al fechado.

Consideraciones visuales

Quisiéramos anotar ciertos detalles al respecto que, a nuestro juicio, se demuestran mejor evaluando elementos gráficos acompañantes del presente trabajo. El evidente lacito blanco que aparece en la solapa del retrato martiano en cuestión, nos remonta de manera inevitable a inicios de la década de los 90: a su recorrido preciso por Cayo Hueso en diciembre de 1891. Era empleado como identificación por parte de los patriotas cubanos miembros del Comité Organizador que se ocuparon de las gestiones relacionadas con su visita.

Usando tal distintivo, encontramos a Martí en dos muy conocidas fotos: una, de busto;

Imagen: La Jiribilla

Según la Iconografía martiana, de Gonzalo de Quesada y Miranda, este retrato fotográfico fue tomado en Cayo Hueso, Florida, en diciembre de 1891. En la solapa de la chaqueta que Martí viste, puede observarse el lazo blanco que los miembros del Comité Organizador de patriotas cubanos que lo recibieron ostentaban para identificarse.
 

otra en medio del grupo de emigrados, que fueran fechadas en diciembre de 1891 en la Iconografía martiana de Gonzalo de Quesada y Miranda.

Imagen: La Jiribilla

El distintivo, que aparecería años después en el fotomontaje que nos ocupa, parece sugerir, con bastante certeza a nuestro juicio, que la inspiración para agregar el detalle pudo partir de una de estas imágenes correspondientes a fines de 1891. En esta foto de grupo de los miembros del Comité Organizador de Patriotas cubanos, aparece Martí sentado entre Gualterio García (izquierda) y Ángel Peláez (derecha).
 

Una tercera, mucho menos divulgada, aunque de la misma fuente y atribuida a igual época, nos lo muestra en un plano medio amplio. Al ser reproducida en la obra de Quesada, se hallaba ya muy deteriorada. Como detalle interesante, cabe mencionar que mira directamente de frente a la cámara y, muy en especial, que no usa lazo en su cuello como en las anteriores, sino corbata, justo tal cual en la presumible fotocomposición.

Imagen: La Jiribilla

Esta es la fotografía de busto que, según se informaba en el Anuario de Centro de Estudios Martianos de 1885, debió servir de base a la que se denominara, ya desde ese momento, “composición pictórico-fotográfica”. Efectivamente, podría reconocerse en la fotocomposición de marras, la expresión del rostro, la posición del cuello y la corbata. Sin embargo, resulta evidente que no lleva el distintivo del lazo blanco en su solapa.
 

Hasta ahora, no se tienen noticias de alguna foto —datada antes o después de ese periodo— que lo vuelva a mostrar con el pequeño lazo blanco en su solapa.

No obstante, desde la aparición de la primera copia —y de la evaluación realizada entonces—, se señala como posible base la fotografía tomada al Apóstol en Kingston, Jamaica, el 10 de octubre de 1892; es decir, un año más tarde: una foto donde no lleva el distintivo. No es menos cierto que la expresión del rostro, la posición del cuello y la corbata corresponden a las de la fotocomposición; pero, de ningún modo, la chaqueta que viste  —en especial su cuello, zona que correspondería a la designación “retrato de busto” aludido, según el Anuario, por la evaluación de Raúl Corrales.[12]

Imagen: La Jiribilla

Sin embargo, este otro retrato, muy deteriorado (reconocido y datado en la Iconografía martiana de Quesada como correspondiente a diciembre de 1891 también), nos muestra un Martí muy semejante al del fotomontaje aparecido en 1984 y “redescubierto” en Guanabacoa. Nótese que, en este caso, sí aparece con el lazo blanco de los patriotas de esa ciudad y que la mirada va dirigida al frente, como en la fotocomposición que nos ocupa —y no como en la imagen de Kingston de 1892, donde se aprecia ligeramente más ladeada.
 

Se inspirara en la serie del 91, como sugerimos, o en la foto del 92, como dictaminara Corrales, lo cierto es que no parece viable pensar en 1895 como fecha para la imagen, incluso por parte de aquellos que la crean una auténtica fotografía.

Un paréntesis: ¿viaje a La Habana en 1895?

El pensar que el Apóstol pudo tomarse esa foto en La Habana a inicios de 1895, ha hecho elucubrar en torno a un posible y rapidísimo viaje a la capital de la Isla. No se registra hasta hoy certeza alguna de ese hecho, muy improbable en ese periodo tan difícil.

En primer término, recordemos que los lamentables sucesos de Fernandina habían puesto en peligro el arranque de su “guerra necesaria”. El 2 de enero se había trasladado a Boston, donde se hallaba anclado el Baracoa y existen suficientes evidencias de que los días subsiguientes se encontraba inmerso absolutamente en la batalla por salvar las expediciones del Lagonda y el Baracoa, que habían sido delatadas; se sabe que el 13 de enero se reúne con colaboradores en Jacksonville y parte, esa misma jornada, hacia Nueva York; el 14 de enero permanece oculto en la casa del doctor Ramón L. Miranda, en esa ciudad, desde donde telegrafía a Máximo Gómez; también desde la ciudad neoyorkina, escribe a Juan Gualberto Gómez el día 17, así como a Antonio Maceo el 19; el 29 se reúne con Enrique Collazo y José María Rodríguez y decide ordenar el alzamiento, que redacta; y, al siguiente día, 30 de enero, parte desde Nueva York hacia Cabo Haitiano, a donde arriba haciendo apenas una parada de rigor en Fortune Island el 3 de febrero. Una treintena de cartas, remitidas desde distintas poblaciones estadounidenses en el transcurso del mes de enero avala la certeza de que no abandonó ese territorio; algunos son simples mensajes, sin fechado, pero se conserva un grupo de misivas donde incluye el dato: de los días 2, 7, 8, 17, 19,26, 28,29 y 30 de enero —en momentos en que pudiera desdibujarse un tanto su presencia por sus actividades clandestinas—; por su contenido, no dejan lugar a dudas respecto a dónde se encuentra y qué hace al remitirlas.

En puridad, habríamos de tener en cuenta, en especial, el periodo posterior al 28 de enero de ese año, fecha en que cumpliera verdaderamente los 42 de edad aludidos. Deberíamos, pues, considerar la viabilidad de que, tras su partida del 31 de enero a bordo del vapor Athos, la embarcación no se hubiera dirigido directamente a su escala en Fortune Island, para su arribo el 6 de febrero a Cabo Haitiano, y su desembarco al otro día —cuando es recibido por Mayía Rodríguez, Enrique Collazo y Manuel Mantilla—, sino admitir la hipótesis de que desviara hacia La Habana, evento bastante inverosímil, igualmente, en tan escaso tiempo.

Restaría una tercera posibilidad: el lapso entre el 6 y el 29 de marzo, intervalo en que no pone al día su diario de viaje, pero en el cual, según todas las referencias historiográficas, se halla totalmente absorbido por los preparativos de la expedición, en territorio dominicano. En nota al texto de la edición crítica de Diarios de campaña, publicada en 2007, se intenta explicar las múltiples y apremiantes tareas que acaparan su atención en esos días. También se menciona un acontecimiento que podría haber dado pábulo a la fabulación: El Listín Diario, dominicano, de 9 de marzo, dio a conocer la falsa noticia —publicada antes por The New York Herald—, acerca de que Martí y Gómez son jefes de la insurrección cubana y que ambos se encontraban ya en la Isla, todo lo cual favorece, al cabo, las intenciones del Apóstol de sumarse personalmente a la guerra, en contra de la opinión existente de que debía quedar fuera del país para mantener el aseguramiento de la contienda desde la emigración. La inmensidad de actividades que el Apóstol entonces afrontaba en República Dominicana no ha de dejar lugar a dudas en torno a la imposibilidad de un traslado momentáneo a La Habana.[13]

Por lo demás, todos los movimientos contemporáneos y posteriores a esas fechas, inclusive sus traslados a Haití, su paso por Inagua, su arribo definitivo a Cuba, por la costa baracoense y sus vivencias en la manigua hasta dos días antes de su caída en combate, en los potreros de la finca Dos Ríos, quedaron perfectamente documentados en sus Diarios de campaña.

Difícilmente sabremos con certeza el motivo que asistió a doña Leonor para asegurar que la supuesta foto en cuestión fuera tomada en La Habana y en este turbulento periodo. Pero no podemos olvidar que, como bien se aclara desde el Anuario del 85, en el caso de la pieza donada por la Dra. Delgado, la letra no es de la madre del Apóstol, posiblemente, a la sazón, ya ciega: “Está dedicado y suscrito por Leonor Pérez vda. de Martí —aunque, según parece, con letra de otra persona: ¿su hija Amelia, quien solía socorrerla en casos similares?”[14] Con toda seguridad, igual debió ocurrir en el caso de la dedicatoria en la copia de Guanabacoa: otra persona concretó el deseo de doña Leonor, de manera que no podríamos descartar que cualquiera fuera quien manuscribió pudo, asimismo, aportar el dato erróneo en torno al fechado.

De nuevo, sobre la imagen

No debíamos pasar por alto que, aunque Raúl Corrales opinó que se partió de esa foto martiana “de busto” (la de Kingston, 1892), creemos que solo debió tomarse de ella la cabeza: el resto pudo corresponder al trabajo pictográfico de su autor —fuera o no Ramón Corral—, inspirado en las de 1891, antes mencionadas.

Desde luego, ayudaría esclarecer en qué época tuvo Corral su establecimiento —¿laboratorio, verdadero estudio artístico?— en La Habana Vieja y qué tipo de trabajos hacía en él. Parece ser un dato básico para evaluar la magnitud de su participación en la pieza foto-pictórica y su datación.

Representaciones provenientes, también, de la recreación artística con motivos martianos proporcionan otras luces en torno al asunto. Se trata de dos retratos reproducidos en el Primer suplemento a la Iconografía del Apóstol José Martí, de 1941, ubicados en el acápite sobre óleos y dibujos. Lamentablemente, no se refiere información: no se registra quiénes fueron sus autores ni las fechas en que se realizaron las piezas.

La primera —un trabajo bien delicado— se fundamenta, visiblemente, en la tercera foto de Cayo Hueso que mencionáramos como otra posible fuente para la fotocomposición —de plano medio, muy deteriorada—, donde Martí llevaba el lacito blanco de marras. Es una suerte que exista esa recreación, pues gracias a ella podemos hacernos idea de cómo fue el resto de la imagen fotográfica, de otra manera irremediablemente perdido.

Imagen: La Jiribilla

Es esta una indudable reproducción pictórica de la fotografía que numeramos aquí como 5. La hallamos en el compendio Primer Suplemento a la Iconografía del Apóstol Martí (1941), ubicada en su acápite IV (“Representación artística” “B. Óleos y dibujos”). Aparece sin información precisa en torno a técnica, fecha y autor. Tal vez podemos distinguir rasgos de lo que podría haber sido una firma, al borde izquierdo del traje de José Martí (a la derecha para nosotros). No disponemos de otras copias para realizar una observación más detenida.
 

La segunda resulta muchísimo más trascendente para este comentario: responde a un plano medio amplio donde encontramos, en la concepción del cuerpo del retratado, la reproducción casi exacta del que aparece en el fotomontaje sujeto en la actualidad a debate, aunque en este caso —tal vez por la mala calidad de la impresión— apenas podemos apreciar el anillo de su mano izquierda, que tan resaltante resulta en las copias de Pinar del Río y Guanabacoa.

Imagen: La Jiribilla

También en el Primer Suplemento a la Iconografía del Apóstol Martí (1941), acápite “B) Óleos y dibujos”, se incluye la fotografía —tremendamente borrosa— de otra obra que resulta muy pertinente: en ella puede apreciarse un cuerpo semejante al de la fotocomposición donada por Delgado y nuevamente revelada en Guanabacoa. Sin embargo, el anillo “Cuba” no resulta evidente, lo que podría atribuirse a la mala reproducción.
 

¿Será este retrato pictórico poco recordado, pero presumiblemente de las primeras décadas del xx, anterior o posterior a la serie dedicada por doña Leonor a familiares y amigos? ¿El pintor se basaría en el fotomontaje del artista de la lente, o sería a la inversa?

Son apenas otras más entre las muchas incógnitas que aún persisten. El reclamo a un estudio verdaderamente riguroso queda, pues, planteado.

 

Bibliografía:
Carricarte, Arturo R.: Iconografía del Apóstol José Martí, Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes, Imprenta El Siglo XX, Habana, 1925.
Primer suplemento a la Iconografía del Apóstol José Martí, Museo José Martí, Habana, 1941.
De Quesada y Miranda, Gonzalo: Iconografía martiana, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado-Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1985.
“Interesante donación en Pinar del Río”, Sección Constante, Anuario del Centro de Estudios Martianos, no. 8, Centro de Estudios Martianos, 1985, pp. 375-376.

Notas al pie:

[1] Manuel Zayas: “Misteriosa fotografía de José Martí no es auténtica”, Café Fuerte. Disponible en http://cafefuerte.com/cuba/noticias-de-cuba/sociedad/2857-cuba-presenta-foto-inedita-de-jose-marti.
[2] Marta Rojas: “Un Martí considerado inédito en el Museo de Guanabacoa”, Granma, año 17, no. 139, La Habana, sábado 18 de mayo, 2013. Disponible en http://www.granma.cubaweb.cu/2013/05/18/nacional/artic01.html.
[3] Marta Rojas, ob. cit.
[4] Según recoge Rojas, la dedicatoria completa de la copia encontrada en Guanabacoa es: “María Luisa: este es el retrato de tu primo Pepe a los 42 años, unos pocos meses antes de perder su vida víctima de su destino. Cuídalo. Consérvalo con el cariño que él les tuvo a todos ustedes. Tu tía Leonor” (Marta Rojas, ob. cit.).
[5] Idem.
[6] “Interesante donación en Pinar del Río”, Sección Constante, Anuario del Centro de Estudios Martianos, no. 8, Centro de Estudios Martianos, 1985, p. 375.
[7] Ibidem, p. 376.
[8] La descripción reza: “Fotocomposición, con una dedicatoria de Leonor Pérez a Martín Herrera. Colección Centro de Estudios Martianos” (ficha FM-050).
[9] En el Anuario, aparece también reseñado el dato y ya cuestionaba la posible participación de Corral en el collage: “¿el fotógrafo Ramón Corral, cuyo nombre se lee en una acuñación al dorso del cartón donde fue montado el retrato? Ese mismo cuño señala como dirección de Ramón Corral —presumiblemente de su estudio— la habanera calle O'Reilly, si bien el correspondiente número, al parecer 56, resulta de difícil determinación, debido al estado de la tinta. (Sí se lee claramente altos.)” (“Interesante donación en Pinar del Río”, ob. cit., p. 375).
[10] Marta Rojas, ob. cit.
[11] Idem.
[12] “Interesante donación en Pinar del Río”, ob. cit., p. 375. Allí se refiere: “[…] se trata de una composición pictórico-fotográfica a partir de una foto de busto de Martí que, según los datos con que se cuenta, le fue hecha en Kingston, Jamaica, en octubre de 1892 por la misma persona -J. B. Valdés- que entonces también tomó la célebre fotografía en que Martí aparece de cuerpo entero y solo, ya en su edad madura.”
[13] Transcribimos, íntegra, la nota 161 de esa edición, para mayor esclarecimiento: “En el diario —evidentemente encubridor de datos y acontecimientos comprometedores para la causa— ocurre un paréntesis explicable a partir del 6 de marzo —fecha en que Martí efectúa las dos últimas anotaciones, las cuales, en realidad, no se refieren a hechos contemporáneos sino narran situaciones anteriores a la llegada a Monte Cristi—. Durante esos veintitrés días en los cuales deja de escribir, se encuentra alojado en casa del Generalísimo y colmado de ocupaciones. Cada vez va haciéndose más difícil la salida deseada por Samaná, es decir, según el plan acordado con Hatton en Hatillo, fundamentalmente a causa de la falta de embarcación y la extrema vigilancia a que están sometidos los puertos del este por parte de los españoles. Martí escribe intensamente durante estos días inciertos: a Benjamín y Gonzalo, manteniéndolos al tanto y aún orientando el trabajo del Partido Revolucionario Cubano y el periódico Patria; a Ulpiano Dellundé, intermediario en las comunicaciones con Cuba y en las gestiones de compra de armas que habría de remitirle desde Cabo Haitiano; a Carmen Mantilla, a José Nicolás Ramírez, a Tomás Estrada Palma...// Mayía Rodríguez, en Santo Domingo junto con Federico Henríquez y Carvajal y Jaime R. Vidal intentan todas las vías para recaudar fondos. A esa altura ya han sostenido una entrevista secreta con el general Ulises Heureaux, y han conseguido que éste contribuya a la expedición con dos mil pesos oro —a entregar por el general M. A. Pichardo (Guelito), gobernador de la provincia de Monte Cristi—. De igual modo, logran reunir un reducido número de armas.// El día 9 un hecho inesperado decide la situación a favor de la opinión del Apóstol de integrar él también la expedición preparada: El Listín Diario, dominicano, da a conocer la noticia publicada por The New York Herald, acerca de que Martí y Gómez son jefes de la insurrección cubana y ambos se encontraban ya en el país. Es sólo entonces cuando el Generalísimo conviene en que Martí no debe regresar a la emigración sino marchar junto con él a Cuba. Así, pues, el 18 de marzo embarcan Manuel Mantilla y Collazo de regreso a Nueva York con órdenes y recursos para procurar que se organicen también expediciones que desembarquen por el occidente cubano. Toda la actividad de estos días alcanza su clímax el 25 de marzo: el Delegado del Partido Revolucionario Cubano y el General en Jefe del Ejército Libertador firman un documento dirigido por “El Partido Revolucionario Cubano a Cuba”, más conocido como “Manifiesto de Montecristi”, que ilustra las ideas, principios y perspectivas de la “guerra necesaria” inspirada por Martí desde el exilio. En carta a Gonzalo y Benjamín de 28 de marzo, se regocija de que, luego de concebido por él, ese texto no sufrió cambio alguno: “sus ideas envuelven a la vez, aunque proviniendo de diversos campos de experiencia, el concepto actual del general Gómez y el del Delegado”, diría.// Culminada esta etapa, todo parece estar listo para la partida inmediata, la cual había sido fijada con Hatton para ese propio día: escribe cartas de despedida a María y Carmen Mantilla, a su madre, a Gonzalo de Quesada y a Federico Henríquez y Carvajal. A fines de marzo han desechado el plan de Samaná: “no se tiene noticia satisfactoria de la salida por Samaná”, ha anotado Gómez en su diario. Se ajusta, entonces, con Buli Poloney –comerciante de Monte Cristi– la compra de su goleta Mary John, para ser utilizada en la expedición; mas, cuando la salida está próxima, los marinos contratados para tripularla se arrepienten. Contactan para el servicio al capitán John P. Bastián, quien se niega a utilizar la Mary John: deben comprarle la suya —Brothers— y pagar además a sus hombres. Continúa el diario martiano en vísperas, prácticamente, de la partida” (José Martí: Diarios de campaña, ed. crit. Mayra Beatriz Martínez, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2007, pp. 62-63).
[14] “Interesante donación en Pinar del Río”, ob. cit., p. 376.

 

Comentarios

Excelente trabajo !

Habia descargado la foto y se la habia enseñado a algunos amigos pero siempre me quedo la duda de la supuesta estancia de marti en la habana en 1895.

me alegra que hayas hecho este aporte a conocer mejor al Cubano Mayor.

Gracias

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