Investigaciones culturales para transformar la sociedad

María Carla Gárciga • La Habana, Cuba

El desarrollo de los estudios científicos se concreta a través de la producción, la socialización del conocimiento, la comunicación, el diálogo, la crítica y la colaboración. El I Simposio Nacional de Investigaciones Culturales, celebrado del 11 al 14 de junio, constituye, en este sentido, un universo de intercambio que se abre, por vez primera, en el Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello para aglutinar lo más reciente y relevante de los estudios culturales cubanos.

La posibilidad para los investigadores y especialistas del sistema de la cultura de exponer sus resultados y experiencias de trabajo, la aprehensión de los complejos procesos culturales que tienen lugar a lo largo y ancho del país, y el debate constructivo entre estudiosos de las diferentes provincias, constituye, sin duda, un significativo paso de avance para el enriquecimiento de las ciencias sociales en Cuba.

Teniendo en cuenta la amplitud del campo cultural y su carácter transdisciplinar, este primer encuentro abarcó un ambicioso número de ejes temáticos cuyas ponencias se caracterizaron por una acertada selección de los temas, un uso adecuado de los métodos de investigación y una sólida capacidad de análisis y de intuición, según valoraciones del Dr. Fernando Martínez Heredia, director general del Instituto Juan Marinello.

El compromiso fundamental de la investigación debe estar dado por su papel en la transformación social. La familia y las instituciones, en particular las culturales, desempeñan un rol clave para el desarrollo de estrategias dirigidas a aumentar los niveles de participación de los destinatarios en los diseños de las ofertas y conformar criterios en los ciudadanos, educándolos para que se involucren en los procesos de creación de espacios culturales.

A estos criterios se adscribió el Comité Organizador para seleccionar, entre un total de 120 trabajos recibidos, los 81 que finalmente fueron expuestos en el simposio. Así, en una primera jornada se socializaron y debatieron resultados investigativos en las áreas de Economía de la Cultura y Memoria, Tradición e Identidad.

La primera, distinguida por la nutrida presencia de un auditorio interesado y ávido de escuchar nuevas propuestas en un campo de carácter crucial en el contexto actual de nuestro país, cumplió expectativas de participantes y organizadores al abordar, de manera pertinaz, las experiencias de desarrollo teórico-prácticas en cuanto a la actividad científica en el entorno económico cultural de hoy; los retos y perspectivas de la industria editorial cubana, y la evolución de los estudios de economía de la cultura a través de redefiniciones y nuevos vínculos con otras disciplinas del conocimiento.

Por su parte, el panel Memoria, Tradición e Identidad, contó con una variedad de manifestaciones, desde propuestas de acciones para el rescate de elementos identitarios en las parrandas, la Regla de Osha de la religión yoruba y los juegos infantiles tradicionales, hasta estudios históricos sobre familias esclavas y compadrazgo, y el cuento cubano popular de tradición oral.

Las iniciativas de desarrollo comunitario que se llevan a cabo para la solución de problemas medioambientales, la labor de los grupos de trabajo, la promoción cultural, así como la conciencia de integración e implicación de los ciudadanos en pos del desarrollo de su entorno, se dieron a conocer por representantes de las provincias de Villa Clara, Las Tunas, Holguín, Mayabeque e Isla de la Juventud.

A su vez, el tópico Historia Cultural estuvo conformado por las disertaciones “La Institución Hispano Cubana de Cultura y su papel en la divulgación del pensamiento artístico moderno de su época (1926-1947)”y “La política cultural del Partido Comunista de Cuba reflejada en el periódico Noticias de HOY en el periodo de 1938–1948”, ambas resultado de investigaciones de la Universidad de Matanzas.

En el campo de la creación artística, los trabajos presentados se enfocaron en la rama musical, literaria, lingüística y periodística. Queda en deuda, para próximas ediciones, la inclusión de las artes plásticas y escénicas, además del cine, la radio y la televisión.

La segunda jornada del evento, dedicada al Taller Desarrollo Cultural: retos y perspectivas en la Investigación y Transformación Social en Cuba, reunió una significativa variedad de intervenciones sobre prácticas culturales y procesos sociales; estudios de consumo cultural en Cuba; construcción de públicos y educación para la ciudadanía, así como un conjunto de experiencias locales de transformación sociocultural en nuestro país. El grupo de trabajo Participación y Consumo Cultural, del Instituto Juan Marinello, presentó el Observatorio de Participación y Desarrollo Cultural, enfocado al análisis y sistematización de la investigación, la docencia y las acciones de transformación sociocultural.

Muchos son los desafíos derivados de este taller: en primer lugar, la necesidad de educar a los públicos en habilidades audiovisuales; enfocar la investigación de consumo cultural en la visualización de los procesos sociales y las condicionantes que favorecen determinadas prácticas consumistas teniendo en cuenta el creciente papel de las TICs; apuntar las miradas hacia los procesos de desigualdad, la conformación de identidades y la otra cara del consumo: la oferta.

El compromiso fundamental de la investigación debe estar dado por su papel en la transformación social. La familia y las instituciones, en particular las culturales, desempeñan un rol clave para el desarrollo de estrategias dirigidas a aumentar los niveles de participación de los destinatarios en los diseños de las ofertas y conformar criterios en los ciudadanos, educándolos para que se involucren en los procesos de creación de espacios culturales.

Los paneles Patrimonio y Enseñanza Artística, que dieron cierre al debate teórico del Simposio, contaron a su vez con una amplia participación de ponentes.

En el caso del primero, valores patrimoniales tangibles e intangibles —algunos poco conocidos— fueron expuestos a los participantes por miembros de diversas instituciones de todo el país dedicadas a su conservación y salvaguarda: el acervo documental, los parques, el pensamiento y la obra de destacadas figuras cubanas, el entorno natural, las comparsas, la música tradicional, las religiones, los museos, los fondos raros y valiosos conservados en las bibliotecas, los registros audiovisuales, las obras artísticas y las edificaciones, constituyeron objeto de estudio de los oradores que conformaron esta sesión.

Por otro lado, la enseñanza artística se erigió como un revolucionador ejercicio de testimonio de prácticas y concepciones pedagógicas culturales donde se expusieron propuestas metodológicas, materiales docentes, estudios de caso, acciones de promoción cultural, proyectos artísticos y talleres educativos.

A la Red Articularte fue dedicado un panel especial en el cual se presentaron los programas investigativos de algunas de las instituciones, organismos y proyectos que la conforman, entre ellos el Centro de Intercambio y Referencia —iniciativa comunitaria (CIERIC), la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), el Proyecto Palomas de Lizette Vila y el Proyecto Cuentarriba de la provincia de Ciego de Ávila, además del propio Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello.

Concluyó el I Simposio Nacional de Investigaciones Culturales con la satisfacción de los participantes al contar, por vez primera, con un espacio nacional de sistematización y desarrollo de experiencias investigativas, que eleva a su justo lugar la labor de los estudiosos del campo de la cultura cubana, lo cual, sin duda, inyecta una fuerza mayor al empeño de profundizar, reformular y cuestionar de forma constante los caminos metodológicos, teóricos y prácticos de la investigación cultural.

Los retos se enfocan, entonces, hacia la búsqueda de nuevas temáticas poco tratadas, o hacia otras aristas en el caso de los tópicos más abordados; a ir más allá del simple diagnóstico y plantearse la intervención para crear una conciencia cívica de este campo dentro de la sociedad cubana. Como apunta el Dr. Martínez Heredia: “la cultura tiene que ser capaz de participar en la lucha socialista con sus conocimientos, sus valores, su capacidad de hacer que la gente se sienta superior a la mera y mezquina reproducción de la vida material cotidiana; debe contribuir a que los valores penetren verdaderamente en la gente, que se comuniquen entre sí, que lo que unos conocen lo conozcan todos y se eleven los criterios de preferencia. Para lograr todo esto es necesario combinar el saber con el sentir”.

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