La inasible esencia de la felicidad

Ciento trece trodos conectados al cerebro generan una sensación de indefensión bastante desagradable. Frente a mí, Teyo revisa por enésima vez los instrumentos y se prepara para iniciar la secuencia de hipnosis. Pronto comenzará la experiencia donde perderé el control sobre mis propios recuerdos. Será como desnudarse en público. Un strip-tease mental, mucho más descarnado y total que aquel del cuerpo.

Imaginen por un momento todas sus memorias más íntimas expuestas a la luz pública. No importa que usted no haya matado a nadie ni que se considere como Antonio Machado en el buen sentido de la palabra, bueno. Siempre estarán esos pequeños secretos inconfesables, pecadillos y actuaciones de las que no nos sentimos para nada orgullosos y mantenemos acorralados allí, en algún recóndito cajón de ese complicado armario que es el cerebro. Por suerte Teyo es un amigo de toda mi confianza y además, por ética profesional, la informac