Las diez preguntas de un joven titiritero

Rubén Darío Salazar • Matanzas, Cuba

Imagen: La Jiribilla

Un colega de 15 años de edad, enamorado como yo del universo de los muñecos, me preguntó si existía una fórmula para ser titiritero. Le respondí que si existieran diez mandamientos para este oficio o profesión, una regla de oro, una ley sobre la devoción que sienten los que miran hacia el cielo o hacia la tierra, según sea la técnica de animación utilizada, de seguro que no tendría códigos de honor basados en estatutos rígidos, ni en legislaciones que coarten la creatividad, porque es un crimen maniatar la mente de alguien que es capaz de hacer creer ciegamente a niños y adultos en la vida real de figuras y objetos. Entonces me dijo que ese criterio mío no le bastaba lo suficiente para saciar sus ansias de respuestas, por lo que le propuse contestarle solo diez preguntas al respecto y que lo demás debería aportarlo él cuando creciera, si lograba dedicarse definitivamente a esta hermosa labor.

¿Qué tiempo hay que dedicarle al teatro de títeres?

Hacer títeres es tarea consuetudinaria, ocho horas no son suficientes. Al regresar a casa te llevaras tu monigote en las manos y el pensamiento, ese es un ente que vivirá con nosotros queramos o no, hasta que lo cambiemos por otro y por otro, en eterno retorno, cual piedra de Sísifo.

¿Quién es más importante, el titiritero o el títere?

El titiritero compartirá su gloria con el ser inanimado que nos empeñamos en vivificar. Cualquier intento de engreimiento o de fatuidad, nos dirá al minuto que no pertenecemos a la legión de los saltimbanquis que empezaron a andar los caminos hace cientos y cientos de años.

¿Qué puede aportar materialmente la profesión de titiritero?

Nunca nos volveremos millonarios. El titiritero ya lo es por sus miles de razones para regalar felicidad a los otros. Mientras más nos exijamos la alegría del mundo, más ricos seremos. No moriremos de hambre, porque siempre habrá quien apueste por una sonrisa o una lágrima liberadora, lo demás es comercio estéril y el fin de la magia.

¿Cómo debe vivir un titiritero?

Un titiritero observará como si se le fuera a agotar la mirada, escuchará como si todo él fuera un oído, vivirá como si su presencia durara segundos, gozará de las siete artes, las ciencias, los fenómenos atmosféricos y geográficos, del movimiento que vuelve dúctil y fuerte el cuerpo, de los amaneceres, los atardeceres y los anocheceres. Todo sirve a la hora de inventar una nueva vida teatral.

¿El titiritero debe utilizar recursos ajenos que estimulen el caudal de su creatividad?

No funcionará para el inquieto juglar de los retablos el uso de recursos evasivos, ni de bebedizos alucinógenos. Hay que soñar, delirar o fantasear porque sí, porque vivimos una vida donde todo lo que se mueve y palpita es fuente eterna de inspiración. 

¿Querer ser un buen titiritero es un síntoma de inmodestia?

Querer hacerlo bien, arriesgarse a ser un dador de vida, insistir en el dominio de elementos dramáticos ajenos a nuestro cuerpo, no deberá ser nunca signo de inmodestia, sino de sana y bella obsesión. Tener conciencia de ser una especie de Dios menudo que crea su mapa del mundo, que lo habla, lo canta y lo baila.

¿Qué importancia tiene para el presente de un titiritero el pasado de la profesión?

Nunca será ocioso mirar nuestro pasado titiritero, es el único oráculo que nos revela algo de lo que sucede en el presente. La profecía que nos ayuda a imaginar los posibles rostros y visiones del futuro. Lo demás son creencias superficiales que nos convierten en seres extraterrestres patéticos, cuando todos vamos y venimos de la tierra.

Imagen: La Jiribilla

¿Cómo se forma un buen titiritero de adentro hacia fuera o de fuera hacia dentro?

Llevamos con nosotros una piel que percibe más de lo que imaginamos. Cuando buscamos en sitios ajenos, lo que aún no hemos descubierto en nosotros mismos, corremos el peligro de perdernos sin conocernos lo suficientemente algo.

¿Qué es importante a la hora de hacer teatro de títeres para niños y para adultos?

No sería ocioso preguntarse: ¿Cuánto hemos buscado en nuestros juegos de infancia a la hora de concebir un espectáculo titiritero para niños? ¿Cuánto sabemos de nosotros mismos en el momento de armar un espectáculo titiritero para adultos? Todo parte siempre de quienes somos, de cómo somos, por tanto siempre hay que saber.

¿Existe el títere o el titiritero perfecto?

Salir en busca del títere perfecto nos descubrirá un montón de errores. Aun así no nos cansaremos, también debemos intentar ser los titiriteros perfectos. Aunque nos parezca tan solo una entelequia, una quimera imposible. En esa búsqueda inalcanzable y perenne forjaremos nuestro carácter volatinero, nuestra savia de cómico de la lengua, nuestra alma de acróbata de la vida.

Respondidas las diez preguntas, mi joven compañero se quedó pensativo. Debo haberme quedado con esa misma sensación años atrás, cuando realicé mis primeras preguntas a quien fuera mi maestro. De seguro, dentro de unos años, le tocará a él responder las interrogantes de otro titiritero en ciernes, porque siempre, para los que quieren saber habrán nuevos cuestionamientos en el aire, con sus consabidas respuestas, por supuesto.

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