El asunto del béisbol en Cuba
(y una propuesta para su mejoría)

Guillermo Rodríguez Rivera • La Habana, Cuba

Alguien dijo alguna vez, que en Cuba los problemas que tenga la pelota se convierten en problemas de estado. Lo que ha ocurrido en los últimos años es que los problemas del Estado se han convertido en los problemas de la pelota. A ver si me explico.

La Revolución desapareció la pelota profesional cubana. Teníamos cuatro equipos profesionales de béisbol hasta la instauración de nuestro socialismo. Los que tenemos algunos años, vimos de niños o adolescentes los partidos entre Habana, Almendares, Cienfuegos y Marianao. Los equipos eran propiedad privada: July Sanguliy era el dueño del Almendares; Alfredo Pequeño era el propietario del Marianao; los antiguos y buenos jugadores Miguel Ángel González y Regino Otero, eran los dueños del Habana y el Cienfuegos, respectivamente.

Los equipos tenían nombres territoriales pero únicamente se jugaba en La Habana. El último estadio de la pelota profesional cubana fue el del Cerro, ese que después se llamó Latinoamericano y se convirtió en el hogar de los Industriales.  

Cuba entraba en la red de la pelota profesional caribeña: el equipo campeón de nuestro béisbol competía después en la Serie del Caribe, en la que también tomaban parte los campeones de los torneos que anualmente se efectuaban en Venezuela, Panamá y Puerto Rico. México no tomaba parte en la Serie, ni la República Dominicana, que entonces estaba bien lejos de ser la potencia beisbolera que es hoy.

Esos equipos de béisbol profesionales, contrataban cada año jugadores extranjeros, preferentemente norteamericanos. Se imbricaban dentro de las organizaciones de los equipos de las Grandes Ligas norteamericanas. En el equipo Habana, por ejemplo, jugaban peloteros estadounidenses que formaban parte de la organización de los Cardenales de Saint Louis. Don Newcombe, que luego fuera lanzador estelar de los Dodgers de Brooklyn, pitchó para el Almendares. A su vez, varios peloteros cubanos jugaban en equipos de Grandes Ligas: Orestes Miñoso era el jardinero izquierdo del Chicago White Sox; Edmundo Amorós cubría la misma posición en el Brooklyn; Willy Miranda era tan bueno como torpedero defensivo que, a pesar de su nulidad ofensiva, por varias temporadas ocupó la posición en los Yankees de Nueva York. Los cubanos en Grandes Ligas llegaron a ser 11 en 1959: ningún país latinoamericano tenía más jugadores en las ligas mayores de EE.UU.   

La desaparición del capitalismo cubano, implicó también la desaparición del capitalismo deportivo entre nosotros. Desapareció nuestra pelota profesional y, en su lugar, el Estado cubano empezó a patrocinar el béisbol amateur. Inicialmente, parecía difícil que los aficionados cubanos a los viejos equipos profesionales se apasionaran con el béisbol amateur, pero la pasión cubana por la pelota iba a demostrar que era posible.

La pelota revolucionaria cubana aspiró, desde sus inicios, a representar las distintas regiones del país, pero solo una provincia tenía entonces los peloteros suficientes para constituir ella sola un equipo de alto nivel. Era, claro, la provincia de La Habana que, además de la capital que ya entonces rebasaba el millón de habitantes,  tenía la población de las que hoy son las provincias de Artemisa y Mayabeque.

Allí se fundan los Industriales, que tiene la asonancia con Almendares y toma, además, su color azul. Hay como que apoyarse, tomar como referente el mundo deportivo que se ha ido. La Habana es la única zona industrial relevante en la subdesarrollada Cuba, y es el nombre de la industria el que asume el equipo. Se dice que es el Comandante Ernesto Che Guevara, ya entonces ministro de industrias, quien asiste al bautizo de la novena.

Se conciben también ahora cuatro quipos, pero dos de los otros tres no pueden ser estrictamente provinciales: Pinar del Río y Matanzas constituyen uno que se llama Occidentales; Las Villas crea sus Azucareros y los peloteros de Camagüey y Oriente unidos, se llamarán Orientales.

La superioridad de La Habana es incuestionable entonces: la zona más desarrollada del país era también la que mejor béisbol amateur tenía. Aquellos Industriales (los de Pedro Chávez, Urbano González, Eulogio Osorio, Ñico Jiménez, Ricardo Lazo, Jorge Trigoura, Manuel Hurtado, dirigidos por Ramón Carneado) fueron campeones por cuatro temporadas consecutivas. Solo al quinto torneo, Orientales, con el concurso del extraordinario lanzador que fue el bayamés Manuel Alarcón, logró despojarlos ese año de la primacía.

Imagen: La Jiribilla

Desde entonces a acá, el béisbol cubano ha tenido numerosas estructuras, los equipos han variado sus nombres y su composición. Solo los Industriales —que también variaron, porque perdieron los peloteros del campo habanero— permanecen desde entonces con el mismo nombre.

Las provincias y la pelota

La descentralización era algo que la rígida estructura vertical de Cuba necesitaba: las seis provincias se disgregaron en 14 y un municipio especial. Acaso ello fue beneficioso para el funcionamiento del país, pero llevar ese esquema a la estructura de nuestro béisbol, no lo fue. Porque, además, entraron a operar otras fuerzas que vinieron a incidir en el asunto.

La situación del deportista amateur antes de la Revolución, era deplorable. Es paradigmático el caso del velocista Rafael Fortún que, entrenando como pudo, fue el héroe de la delegación cubana a los Primeros Juegos Panamericanos, efectuados en Buenos Aires, en 1951. Ganó las medallas de oro en 100 y 200 metros planos, pero era trabajador de la construcción en Cuba, y al regresar al país, encontró que el Ministerio de Obras Públicas lo había despedido por no trabajar en los días de la competencia.

Por el contrario, en la Cuba revolucionaria, la protección al amateurismo casi lo hizo desaparecer: cuando un atleta llegaba a ser de alto rendimiento, no hacía otro trabajo que dedicarse a su deporte.

Cuba se impuso a los mejores equipos amateurs de los EE.UU., pero en los últimos años primó el sentido comercial en las concepciones del olimpismo, y los atletas profesionales fueron autorizados a competir en eventos que antes únicamente permitían amateurs. La clara superación de los equipos asiáticos (en especial los de Japón y Corea) ha traído a las competencias internacionales, equipos que han terminado con aquellos momentos de la total primacía cubana.

Imagen: La Jiribilla

EE.UU. no se ha vuelto un gran competidor en el Clásico Mundial, porque el negocio de las Grandes Ligas ha hecho que este torneo no sea un asunto decisivo para la organización profesional del béisbol norteamericano.

El Clásico Mundial no ha conseguido la participación que ha tenido la Copa Mundial de Fútbol, en la que toman parte los mejores atletas del mundo representando a su país. A pesar de los contratos millonarios que pagan los clubs profesionales europeos, ni el Barcelona ni el Real Madrid han podido obstaculizar que Leonel Messi comparezca a jugar por Argentina, o Cristiano Ronaldo se una al equipo de Portugal.

Cuba ha perdido buenos atletas que han ido a vivir a los EE.UU. para poder jugar en Grandes Ligas. La ley del Bloqueo impediría contratarlos si residen en Cuba.

Además, han aparecido equipos como Holanda, integrado casi totalmente por jugadores caribeños, que se han convertido en probadas amenazas para los equipos cubanos.

En Cuba, en los últimos años, hemos asistido al empobrecimiento de su béisbol. Cada provincia quiere tener su equipo de béisbol y, con él, participar en la Serie Nacional. Pero 16 equipos de primera calidad son demasiados para Cuba. Todos los equipos tienen diversas pero también visibles carencias. Muchos, solo tienen un pitcher abridor de primer nivel, mientras que una novena que aspire a la victoria necesita de un mínimo de cuatro abridores y al menos dos relevistas y un cerrador, de acuerdo con los nuevos conceptos en el pitcheo. La debilidad del pitcheo se deja sentir también en nuestros equipos Cuba.

Cuba debiera permitir que los jugadores cubanos en activo, puedan contratarse fuera del país durante el verano. Debería permitir que los cubanos que han emigrado para profesionalizarse, si lo desean y mantienen la ciudadanía cubana, fueran susceptibles de integrar equipos Cuba en importantes competencias internacionales. Si algo se lo impide, que no sea la decisión nuestra.

Con la existencia de 16 equipos compitiendo en la Serie Nacional, nuestros mejores jugadores están acostumbrados a topar habitualmente con equipos de nivel insuficiente, y eso disminuye su efectividad.

La actual solución de ocho equipos que clasifican y se refuerzan con los mejores jugadores de los ocho restantes, es una solución de compromiso que resulta insuficiente. Le garantiza a los gobiernos y delegaciones provinciales del INDER, el tener su equipo de béisbol en series nacionales, pero ello es engañoso. Ocho no clasificarán. Muchos peloteros de primer nivel no pueden finalmente participar en los play off.

Villa Clara consiguió clasificar y luego se ha incluido en los play off, pero con cinco refuerzos que no son de la provincia y que han hecho una labor fundamental en las victorias del equipo. Sin Edilce Silva (Santiago), Yordan Manduley (Holguín), Danel Castro (Las Tunas), Dayron Varona (Camagüey) y Yónder Martínez (Artemisa), Villa Clara no hubiera llegado a la final.

El villaclareño entiende que están decidiendo en la victoria de la provincia jugadores que no son de su equipo y el aficionado de Artemisa, por ejemplo, no puede seguir a sus jugadores que se han convertido en refuerzos de otros equipos, porque mientras Yónder está en un equipo, Yulieski González está en otro.

A mi modo de ver, la verdadera solución está en el abandono de los equipos provinciales y constituir seis equipos regionales, que serían:

Occidentales, constituidos por los actuales equipos de Pinar del Río, Isla de la Juventud y Matanzas; Industriales, integrado por los actuales equipos de Industriales, Artemisa y Mayabeque; Azucareros, compuesto por los equipos de Cienfuegos, Sancti Spíritus y Villa Clara; Llaneros, integrado por Ciego de Ávila y Camagüey; Norteños, conformado por los equipos de Las Tunas y Holguín y Sureños, del que formarían parte Granma, Santiago de Cuba y Guantánamo.

Se jugarán 95 juegos para cada equipo, es decir, seis series entre sí: cinco series de 3 juegos y una serie de cuatro juegos. Los partidos se efectuarían en los estadios de las capitales provinciales de las provincias que se integran en los equipos: debe hacerse la programación para que haya béisbol del más alto nivel en todas ellas. Para mantener el entusiasmo que han despertado los play off, los equipos que finalicen en los cuatro primeros lugares competirían 1 contra 4 y 2 contra 3. Los ganadores efectuarán la serie final para elegir al campeón de la Serie Nacional correspondiente.

Imagen: La Jiribilla

Con los jugadores que no hagan los equipos de primer nivel, se formarán equipos para efectuar un torneo de más bajo nivel que puede llamarse de desarrollo, en el que también tomarán parte peloteros en formación. Será una cantera inapreciable para los equipos de mayor nivel, pero debe ser eficientemente promovido y respaldado, para que atletas y aficionados sientan la importancia de ese torneo que resultará esencial para el futuro del béisbol cubano.

El torneo debe empezar a finales de septiembre, para evitar el desastre que constituye que se prolongue hasta los meses de mayo y junio, de copiosas lluvias en Cuba. La Serie debe concluir, de ser posible, en marzo, y a  todo dar, en el mes de abril.

Esta organización contribuiría a mejorar la calidad de la pelota cubana, el espectáculo deportivo favorito del país, y un deporte en el que el país ha conseguido prestigio mundial.

Comentarios

estuvo fenomenal como idea, por lo menos ya se pueden comentar, deberian tomar en serio esto el comisionado nacional de beibol

¿Cómo es posibe que nadie haya comentado sobre esta pequeña joya de la honestidad, la crónica y el periodismo cubano? Felicitaciones al profe Rivera por a valentía de sus consideraciones. Hacen faltas más teclas cargadas con honestidad, autocríticas y prouestas plaudibles, aunque ¿serán aplicabes algún dia?

que lindo , eso nunca va a pasar , yo por mi parte no quisiera que mi equipo perdiera el nombre de matanzas , vamos que van annos con este tipo de rivalidad para venir a cambiarla a esta hora. sin embargo en este articulo no se habla de las malas condiciones de nuestros peloteros , los pobres no son estimulados lo suficiente , ademas tienen muy bajos salarios (igual que todos en Cuba pero vamos que ellos son los que llenan los estadios)

El nombre de Industriales debe desparecer para que sea una justa propuesta.
En el resto, de acuerdo.

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato