Entrevista con Ernesto Rancaño

A la luz de otros espejos

Gabriela G. Azcuy • La Habana, Cuba

Ernesto Rancaño parece no avenirse a esas consideraciones historiográficas que pautan la pertenencia a determinada generación según la década correspondiente a la juventud creativa. A él no es posible colocarle tales ataduras, pues su obra ha transitado un camino ajeno a modas y tendencias epocales. Presenciamos pues, a un creador intemporal, quien después de sus 40, posee la compulsión y el fervor creativo de un joven emergente.

La pintura fue elemento distintivo de su creación durante una época bien extensa y quien lo distinguió dentro de la contemporaneidad plástica cubana. Pero hace ya un tiempo, el espectador presencia a un Rancaño diferente, el cual ha abandonado sus “bellos lienzos”, y trasladado hacia objetos, instalaciones, fotografías y esculturas, los sintagmas inmanentes a su creación. Pues debe apuntarse que, aunque han variado los soportes, sus constantes inquietudes conceptuales permanecen, quizá con mayor matiz metafórico.   

R-existir, la exposición que hoy propone, continúa el planteamiento objetual e instalativo de los últimos años y, en el plano temático, altamente autobiográfico, constituye saga de las muestras anteriores La carta que nunca te escribí y La mitad de mi vida. Esta última, como él mismo ha afirmado, era una reflexión sobre “el valor de lo vivido”, una especie de pregunta al futuro sobre las verdaderas esencias de su trayecto terrenal y el valor de aquellos que lo transitaban con él; al parecer una especie de grito en busca de respuestas que se metamorfoseaba en la ilusoria dualidad del espejo.

Esta atmósfera de soledades y ausencias parece tener respuesta en R-existir. El espejo es sustituido por la luz en sus diversas variantes, y las transparencias se erigen como característica suprema de la muestra. Por primera vez, el artista se cita a sí mismo directamente, utiliza su imagen como símbolo de una maduración emocional que ha encontrado su tan ansiada respuesta: el amor. Amor a la familia como ente fundamental para cualquier riqueza y final feliz. La amistad como espacio único de salvación ante los constantes ir y venir de las pasiones. Y el amor de pareja como sensación de seguridad indispensable que otorga a sus partes el colofón emocional, cual “la sal de la vida”. 

Imagen: La Jiribilla

Sin embargo, es preciso apuntar que en R-existir todavía sobrevive una sensación de ahogamiento como se observa en la obra “A cielo cerrado (persistencia)” la cual funciona como bisagra necesaria del artista entre su estado anterior y el nuevo que ahora presenta. Y es que al parecer el “par antagónico soledad-compañía” es inmanente a su producción artística aun cuando busque o haya encontrado “una existencia otra”.

El carácter un tanto tímido y de cierta introversión de Rancaño ha conllevado a que sean muy pocas las entrevistas que se le han hecho; sin duda, su mayor diálogo ha sido siempre entre sí y sus propias creaciones. De su periodo objetual apenas existe fortuna crítica, por lo que a razón de esta nueva exposición que propone en la Galería Villa Manuela, decidió narrar cómo se ha desarrollado su camino hacia lo objetual e instalativo y cómo ha transcurrido su paulatino desprendimiento del lenguaje pictórico.

Sin embargo, fue difícil lograr que hablara sobre los conceptos de las piezas, pues enseguida volvió a la timidez de sus palabras. Para él, cada obra porta por sí misma todo el contenido semántico que él les imprime, y están listas para convertirse en objeto de interpretación y comenzar a formular respuestas al espectador interesado.

Historia de un lenguaje

Desde la escuela 1 hice mucho ejercicio objetual; tuve un profesor, en primer año de pintura, Ulises, que nos prohibió llevar pinceles y nos mandó a llevar tarecos para utilizar como instrumentos: rueditas, mimbres, rejillas, pedazos de trapo, etc. En los ejercicios académicos que te exigía se utilizaban estos materiales como instrumentos, con ellos íbamos haciendo impresiones semejantes al proceso del grabado. Por otra parte, las clases de diseño en la escuela prácticamente fueron todas objetuales; por supuesto, tuvieron su principio más gráfico —balance, equilibrio y demás elementos—, pero eran muy objetuales.

En tercer año, tuve a Rocío García como profesora de dibujo. Ella cambió totalmente el programa, lo que para mí fue un tanto raro, pues proponía uno más experimental. En la Academia uno contempla el dibujo como algo más clásico, relacionado con la proporción y demás; sin embargo, con ella hicimos dibujos objetuales, donde incluíamos objetos en la composición. Por supuesto, prevalecía el dibujo pero debía hallarse esa relación entre lo tridimensional y bidimensional; la idea era que funcionara más la línea, el valor dentro de esa composición; ese semestre funcionó completamente de esa forma.

En ese mismo año, tuvimos en pintura a uno de mis mejores profesores —a mi entender—, Melo, de quien, tristemente, nunca he vuelto a saber nada.  Con ese profesor empecé a descubrir el mundo de las instalaciones, pues su obra era instalativa completamente. Con él debías abandonar el supuesto concepto de pintura que tenías en mente. De hecho, el ejercicio que realizamos con él durante el curso fue rarísimo; consistía en escoger una pintura muy clásica, muy académica y copiarla, y con las características propias de esa obra tenías que, paulatinamente, ir logrando un abstracto.

Antes de graduarme de San Alejandro, propusieron un curso de joyería, y yo junto con otros estudiantes como [Eduardo] Abela decidí pasarlo. Trabajamos mucho manualmente, aunque en pequeñas piezas; pero esa preparación de aquella época me permite hoy trabajar todos estos pequeños objetos que ahora incluyo en mis creaciones.

Cuando me gradué, hice muchos trabajos con objetos y dibujos. Mi primera exposición fue de dibujo en blanco y negro2.Todos estos dibujos que yo he retomado ahora son deudores de aquellas primeras cosas que hice. 

Después tuve —realmente, no sé qué me pasó— un proceso de amnesia total respecto a esa producción. Y no recuerdo exactamente cómo, ni por qué, empecé a pintar y me olvidé totalmente de lo otro. Entonces, comencé a nutrirme de nuevas formas impulsado principalmente por Silvio [Rodríguez]. Una vez, Silvio me encargó un Martí y me dijo: “Este va a ser el Martí de tu vida”, y ahí fue donde empecé a usar texturas. Me acerqué un poco más a Pedro Pablo, al mundo de Fabelo, empecé a estudiar más la pintura, a observar a todos los artistas del Renacimiento. Y así comencé a pintar por mucho tiempo sin hacer nada más que eso.

De momento, poco a poco, empecé a mezclar los elementos, ya estando aquí en este taller3. La Habana Vieja estaba en total restauración, y todos esos fragmentos de madera que desmontaban maltratadas por el comején, me los iban regalando. Hice unos nichos, y mi intención era pintar sobre esos soportes, pues eran tablas del siglo XVIII y XIX y me interesaba reutilizar toda esa energía. También utilicé otros elementos, por ejemplo: clavos (empecé a ponerlos en todas mis pinturas), lupas, llaves, caballitos de mar, ventanas de barco, la resina, entre otros. Y, con todo eso, empecé a hacer esculturas.

Entonces, se realizó una exposición4 con curaduría de Lesbia [Vent Dumois] y Sandra [Contreras] en la cual coexistían dos criterios. Lesbia quería lo más clásico, al punto que en la parte final de Villa Manuela quería que reprodujera una parte del estudio que, en aquel momento, estaba decorado de modo medieval; Sandra quería mostrar las esculturas que yo había hecho y tenía en el taller pero no las había exhibido; y yo quería exponer las dos formas por miedo a lo nuevo. Entre esas esculturas-objetos estaban los cuchillos, el alfiler y el “atrapa sueños”, que tenía de los dos lenguajes. Y se logró una expo muy barroca, muy ecléctica, porque tenía pintura, madera pintada, esculturas y dos o tres piezas ya más cercanas a lo que estoy haciendo ahora. Una de ellas era la pieza que se llamaba “Tengo conciencia de ti, díjote el reflejo” compuesta por varios espejos; eran cubos de espejos pegados unos al lado del otro, y la misma figura de bronce repetida, entonces se formaba algo muy raro; era una locura de secuencias de reflejo.

Estando en esa exposición ya yo tenía realizadas otras esculturas de mayor formato, y piezas más instalativas, con objetos como escobas, recogedores y una almohada. [Alfredo] Guevara había ido a esta expo de Villa Manuela que fue en noviembre, y me dijo que le interesaba exponerla en diciembre en el marco del Festival de Cine en la Galería Servando. Yo le dije que repetir la misma exposición, en el Vedado, con solo un mes de diferencia, y  además para un mismo público, no me gustaba mucho. Le expliqué que me quedaban una serie de piezas en el taller aún sin exhibir, y que todavía tenía un mes para seguir trabajando. Así llegó “Toma 2” cuyo título aludía tanto al evento cinematográfico donde se insertaba, como a la continuidad que significaba respecto a mi exposición anterior. Allí hice los primeros dibujos de impresión fotográfica, que eran tres piezas de grandes dimensiones montadas en tela.

La pintura, yo y mi otro yo

Todo esto era lo que yo prefería hacer, pero tenía un contrato de exclusividad por cinco años con una Galería de Puerto Rico5 y lo que ellos me exigían era, solamente, mis pinturas. En ese sentido, el mercado del arte me afectó un poco; aunque pinté mucho, pinté hasta aburrirme. Esta producción colateral [esculturas, objetos,…] la hacía para mí mismo, y la pintura se convirtió en una especie de inercia. Cuando terminé el contrato, ellos querían cinco años más, yo dije que no, y firmamos solamente por otros dos años en los cuales tuve que seguir pintando. Todos los meses venía el galerista y tenía la primicia de toda mi producción pictórica —al año hacía dos expos en Puerto Rico, y con un gran número de piezas.  

De momento, me di cuenta que la pintura era por lo que todos me conocían —entre ellos, figuras como Leal, Silvio, Guevara, personalidades que me alentaron muchísimo—. Pero, ciertamente, pinté bastante y se volvió automático, ya no encontraba nada nuevo, ningún tipo de reto, todo se volvió muy aburrido y soso. Poco a poco traté de ir saliendo de ese lenguaje, pero era realmente difícil, casi no me dejaban, todos ofrecían resistencia. Sin embargo, paulatinamente, empecé a decir “no lo hago más”, y ya llevo cuatro años diciéndolo. Aunque ahora, como ves, [dice señalando la semicúpula del aula magna del Colegio de San Gerónimo] tengo esta obligación sentimental con Leal.

Hace ya un tiempo, Leal me dijo que quería que yo trabajara en la decoración del Aula Magna. Yo le presenté el proyecto que hoy está en la Biblioteca Nacional6, pero con un retrato de José de la Luz y Caballero. En ese caso, los colibríes iban a ser blancos, con una pintura refractante, y  la semicúpula en negro, con luces negras para alumbrar, de ese modo se creaba un efecto que da la idea de que flotan. Pero eso no era lo que él tenía en mente. Él fue al estudio y, con mucho respeto, me dijo que hiciera lo que me dictaba mi espíritu, pero que él me imaginaba pintando a la usanza de la Capilla Sixtina. Bueno y aquí estoy a gusto, pero realmente espero que esto sea lo último.

Luces y sombras

Los primeros trabajos fotográficos que hice fueron los que expuse en la Servando7, que retomaban un poco esa primera exposición de dibujos que hice en La Acacia. Empecé a trabajar con Fermín y Ernesto Javier, quienes tenían un taller de impresión digital [Grafos], y allí comencé a descubrir las posibilidades de imprimir en lienzo, en los tamaños que quisiera; así descubrí el mundo digital, el photoshop, y la fotografía de modo general.

Las primeras que hice fueron fotos que extraía de las revistas publicitarias, las típicas fotos de anuncio de la revista Hola. Con el photoshop les borraba  las joyas y demás artículos que tuvieran en las manos. Las sacaba de su contexto y las colocaba en un ambiente más real de blancos y negros.  Por ahí empezaron ideas, luego vinieron otras ideas con imágenes personales como se observa después en la expo Abrazos prohibidos8.

Por esa época, me invita Constantino, un coleccionista de arte contemporáneo que vivía aquí y ahora reside en Ginebra, a exponer en las Naciones Unidas. Ya él había visto mis nuevas piezas y me dijo que le interesaban para exponerlas allá. Este era un evento que él empezó a hacer aquí y del cual se hicieron cuatro ediciones, siempre eran invitados dos artistas plásticos y un músico cubano. A mí me tocó ir con el Bona [Vicente R. Bonachea] quien sí llevaba su pintura. La exposición se hizo en el Salón de los Pasos Perdidos, un lugar magistral donde confluyen todas las personas que salen de las reuniones, “donde se arregla el mundo.”

El objetivo de Constantino con esta exposición residía también en que cuando tú expones en las Naciones Unidas tienes que dejar una obra en su patrimonio y ellos, por obligación, deben promocionarlo y exponerlo, la idea era pues, ir creando un patrimonio de arte cubano contemporáneo en la ONU.

Allá tuve la gran posibilidad de exponer este nuevo tipo de obra, que tuvo gran aceptación, pues se avenía más a los patrones del consumo europeo; eso me dio bastante confianza para decir: “Bueno, ahora voy a seguir haciendo estas cosas”, y la pintura entonces se quedó en el estudio, y no la expuse más; se quedó para proyectos como el de Kcho, de hacer murales con las brigadas, para actividades colectivas y para encargos especiales.

Debo decir, sin duda, que una de las personas que más me ayudó a perder el miedo fue Kcho; él me decía: “Dale viejo, pa´lante,  qué es lo que  pasa”.  Su amistad, el ver como trabajaba, su desenfado creativo, fueron fundamentales para mí.

La habitación, el espejo y la ventana

Después de tomar este camino vino una exposición personal en la Galería de 23 y 12, La carta que nunca te escribí. Las piezas que allí expuse, las tenía apuntadas desde hacía mucho tiempo en mis libretas, pero realmente no me atrevía a hacerlas, me parecía una locura, era un juego para mí.

Esta exposición estaba planificada desde hacía tiempo, pero a mí se me olvidó completamente. Yo tenía  una expo en Portugal y estando allá me lo comunican y digo: “Voy a hacer estas obras que son chiquitas”, e hice una muestra desde lo pequeño en la cual planteaba diferentes situaciones que podían llevar a la soledad; sí, eran diferentes manifestaciones de esa soledad.

Luego, vino la Oncena Bienal de La Habana con el proyecto La mitad de mi vida que, de cierta manera, pretendía amplificar esa habitación y cortarla a la mitad, que fue mucho más instalativa, y después llegó esta expo, R-existir. El proyecto que se presentó al principio era más sencillo que este. Sin embargo, fueron cambiando varias cosas que quería al principio por necesidad de materiales y otras carencias que condujeron a nuevas ideas.

Imagen: La Jiribilla

Siempre que hago una exposición trato de cubrirme con alguna pieza, por si una no me funciona como la tengo en la cabeza, o por si no la puedo terminar: ese es el caso de la mesa [“Olvido”].

La mesa es una pieza que llegó en medio de la vorágine creativa, la luz LED roja yo la tenía para otra obra, y cuando la conecto resulta que era intermitente y ya no me servía. Entonces, la miré y la tapé con un plato para no verla por un rato y ver qué pasaba, apagué las luces del estudio; eso me dio la pieza, y me gustó. Al principio empezó con una mesa normal y al no aparecer y yo tener el acrílico, pues se hizo de otro modo.

La obra “Cama de luz” no quedó tampoco como yo la pensaba en mi cabeza, yo la quería más blanca, más pura. Pero igual creo que esa pieza ya no la voy a cambiar, porque quedó así y de ese modo a la gente le ha funcionado. Hay personas que dicen que le recuerda  a Teresa Margoye y sus sábanas con fluidos de los muertos. Muchos han dicho que les rememora la cama de un difunto, tal fue el caso de una señora argentina que se echó a llorar, porque decía que era la cama del Che, ¿dime tú?; bueno, pues esa se queda así y más adelante haré otra más limpia.

Por supuesto, otras piezas como “Pez Lunar” dedicada a Mabe9 y “El hombre rico” sí fueron muy pensadas y estudiadas y quedaron como yo las quería.

Del futuro y nuevos designios

Nos quedan este año las Ferias de ArtBo y de Houston, un proyecto instalativo en Arco y Lima Foto. Para las Ferias pienso llevar un par de piezas y objetos. Para el proyecto de Arco Madrid, aún lo estoy pensando, tengo varias ideas, puedo hacer una ampliación de las trompas [“A cielo cerrado (persistencia)”] o llevarme ahí La mitad de mi vida y exponerla.

Para Lima Foto están estas nuevas piezas fotográficas que estoy haciendo ahora, pero no se cuál llevar todavía; de hecho, estamos haciendo unas cajas de luces más fotográficas, más puras, sin intervenir, porque el evento pide más fotografía, también puedo llevar las máscaras [pieza “Insisto”, expuesta en R-existir].

La otra pieza que siento la necesidad de hacer es la del árbol [se refiere a la obra de reciente producción “Sombra del ayer”]. Voy a utilizar la pequeña que hice como maqueta, pues esta la veo con el tronco real, la escultura a tamaño real, el hacha real, y lo que hace la sombra del árbol es una proyección o una animación donde se muevan las hojas y un pájaro se pose y luego se vaya, donde se respire vida.

Además, hay un proyecto de exposición del cual solo tenemos una pieza hecha. El elemento a utilizar será el libro, y como la Biblioteca Nacional quiere que yo haga allí una expo personal, me parece que desarrollar esta idea para ese espacio es ideal.    

Notas:

1. Cursó estudios en la Academia de Bellas Artes San Alejandro  entre 1987 y 1991.
2. Exposición Desde el dibujo, Galería La Acacia, 1993.
3. Taller La mano ciega  cito en Oficios Nro. 6, esquina Obispo, Plaza de Armas, La Habana Vieja, Cuba.
4. Exposición ‒ mal + bueno, Galería Villa Manuela, noviembre de 2006.  
5. Galería Espacio 304, Puerto Rico
6. Instalación escultórica de la efigie del Héroe Nacional compuesta por 365 figuras de colibríes.
7. Exposición Toma 2, Galería Servando, diciembre de 2006.
8. Exposición Abrazos prohibidos, Galería Habana, 2009.
9. Aquí hace referencia a la también artista plástica Mabel Poblet.

 

Comentarios

Muy buena entrevista, disculpa si no conozco al artista pero si te gusta a ti debe de ser bueno en lo que hace.la contestura de la escritura de la entrevista huuummmm me gustaron las palabras rebuscadas que utilizastes te deseo suerte en tu trabajo y que sigas adelante pa atras ni pa cojer impulso

Muy buena la entrevista!!!

Maravillosa entrevista

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