LITERATURA

Acerca de Variaciones al arte de la fuga

Laidi Fernández de Juan • La Habana, Cuba

Ambrosio Fornet, con su proverbial puntería para las denominaciones —como el “Quinquenio Gris—, considera que los cuentos recogidos en  Variaciones al arte de la fuga (Ediciones UNION, 2011) son “pornosóficos”, reuniendo en este neologismo la mezcla de profundidad filosófica y  pornografía que caracterizan a estas narraciones. Coincido plenamente con este maestro de todos: los cuentos de Francisco López Sacha, son de un elevado tono erótico —que conduce a más de un cuento a la pornografía descarnada—y, a la vez, de ideas donde el pensamiento socio histórico sirve de base a planteos que nada tienen que ver con el filosofismo. No se trata de un abuso bizantino, ni de falsos estudios, sino de un vasto conocimiento puesto en función de meditaciones vitales.

Quizá más explícitamente que en otros de sus libros anteriores (La división de las aguas, Descubrimiento del azul) Sacha se empeña en mostrar un universo aparentemente ajeno, que le permite llegar a lo que más le interesa: la ruda cotidianidad, con una elegancia suprema. Así, por ejemplo, emplea la época de Luis XV para comenzar a adentrarse en el erotismo que siempre roza a lo porno, a través del arrepentimiento del Marqués de Sade. En “Humo y nada más”, el cuento que abre Variaciones…, aparece la primera descripción de las varias que el escritor dedica al ano: “…el anillo cobrizo, la más íntima y deseada de todas las posesiones, el círculo perfecto y bien cerrado por sus pequeñas estrías rosáceas, recubiertas de una pelusilla oscura…”(p.10)

En otro de los cuentos al que regresaré más adelante, “Campos de cereza para siempre”, (quizá el segundo en importancia, a mi juicio, luego del impecable “Límite de Planck”) vuelve a referirse a dicho extremo anatómico de la siguiente manera: “…el cálido, estrecho, delicado círculo contráctil ofrecido en tentadora oferta”.(p.116) Las palabras reservadas a otro órgano biológico, un pene grande en concreto, también son escogidas por Sacha con extremo cuidado. Veamos: “…el poderoso cilindro carnal de algún leptosomático macrogenitosoma”.(p.105)

Múltiples actos sexuales, en variadas posiciones, y entre miembros de todos los sexos y de todas las preferencias, son reseñados con  elegancia, de modo que solo se distinguen del erotismo por lo poco que queda a la imaginación. Nada es sugerido, sino descrito con pelos y señales reales. Sin embargo, a diferencia de Pedro Juan Gutiérrez, quien gusta de utilizar palabras consideradas soeces, de frases vulgares y de localismos, Sacha acude a un lenguaje más universal, más entendible en cualquier latitud.

Al referirme al mundo ajeno al cual acude este escritor, para rodear la historia que realmente le interesa contar, estoy hablando de “Un día de Alí Khan”, y de “El límite de Planck”. En el primero, el príncipe heredero del Aga Khan, multimillonario, derrochador y de gustos refinados, sirve de sostén para la desdicha terrenal de un protagonista que narra en primera persona una locación tan burda como un cuarto en Zanja y Manrique. Amores, traiciones, fogosidades entre hombres y mujeres signan las páginas de este libro, y de estos dos cuentos en particular. En el segundo, —extraordinario cuento—, Sacha va mucho más allá: No solo vuelve a la carga en su empeño de movilizar la sensualidad de lectores y lectoras, sino que nos sumerge en un mundo complicado que pertenece a la Física Cuántica, lo cual ya es bastante difícil de digerir. Veamos: “Después de diez segundos, fraccionados aún en treinta y siete centésimas partes, los neutrinos, los quarz, los protones y los electrones se ponen en movimiento sin una dirección preconcebida y aparecen los núcleos y enseguida los átomos”. (p.131)

Con gran destreza, el autor merodea estos mundos que demuestran cuánto nos falta por aprender en la vida hasta que, poco a poco, con coherencia, llega al clímax de su interés narratológico. En “El límite…”, son sus propias desgarraduras las que necesitan desatarse del resto de los conflictos; sus obsesiones musicales, las traiciones amorosas que cometió porque no tuvo otra opción, las limitaciones materiales que siempre acechan a los nacidos aquí. Sin darnos cuenta —que es lo mejor de todo—, se las arregla para volver al punto inicial de cada narración, luego de habernos atraído al vértigo de sus pensamientos. Finaliza magistralmente regresando al primer punto, redondea la historia cual si se tratara de un círculo infinito en cuyo vórtice está él sentado, contemplando los giros de su existencia. Así, tanto el príncipe Alí Khan como el físico Planck, se encargan de cerrar las fábulas de un cubano casi siempre pobre, y más que enamorado de alguna mujer, del amor mismo.

Una suerte de vuelta de tuerca al condenado periodo especial que marcó nuestras vidas —y por tanto nuestro arte—, es empleada por Sacha, también con suprema elegancia (“Campos de cereza para siempre”, “El límite de Planck”, “Un día de Alí Khan”). A través de cuentos escritos entre los años 2008 y 2009, o sea, varios años después de la gran crudeza —habrá que esperar a que Fornet encuentre la denominación perfecta—, aparece una visión no más edulcorada, lo cual sería imposible, sino menos pragmática. Sin reiterar los efectos prácticos que tuvo y tiene dicho momento histórico, una más profunda reflexión muestra aristas en las cuales no habíamos meditado. El inicio de dicha catástrofe es señalada sin gran aspaviento: “El mundo iba en una dirección (el futuro pertenece por entero al socialismo) y, de improviso, sin que mediara ninguna señal, el país entró en crisis, se cayó, perdió el rumbo”. (p. 112) 

Me parece muy acertada y concisa la expresión “el país se cayó”. Dicho así, se limita a insinuar la envergadura del momento, aplicando una similitud  de recurso entre el erotismo y la pornografía. Sacha es erótico al hablar de las condiciones económicas, morales y sociales de Cuba, pero resulta pornográfico cuando de anatomía sexual se trata. Del mismo modo, aunque no esconde las escaseces materiales; reflexiona acerca de una consecuencia de la crisis, en la que no habíamos reparado a pesar de su obviedad: “No hay nada que recuerde la antigua pulcritud de los cubanos. Esto es realmente lo más doloroso del periodo especial”. (p.103).

Para finalizar, señalaré que son muchos los homenajes que rinde Sacha en Variaciones al arte de la fuga. Músicos, escritores, poetas, próceres independentistas, científicos, muchísimos creadores son nombrados en 158 páginas, como muestra de la humildad de este autor, cuyos vastos conocimientos son colocados en función de la historia que escoge para cada uno de sus magistrales títulos. Sugerimos —con discreción  o abiertamente, de forma erótica o pornográfica—, la lectura de estas Variaciones…, que enriquecerán, sin duda, nuestro acervo cultural.

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