El regreso de la Fuente de Neptuno

Josefina Ortega • La Habana, Cuba
Fotos: Jorge Sariol

Dicen que al inaugurar la Fuente de Neptuno en La Habana, el regidor del Ayuntamiento al que se le encomendó pronunciar el discurso oficial, señaló a la estatua de soberbio porte y barba encrespada, y, dirigiéndose al público, exclamó orondo: “¡Mirad, señores, mirad ilustres conciudadanos, qué hermoso Adán, con su tenedor en la mano, corona la obra!”

Prudentemente advertido de que no era Adán la estatua de marras, sino el dios de las aguas, el inculto personaje pretendió corregir la pifia y añadió en tono grandilocuente: “¡Bien decía yo que este Neptuno cara de profeta tiene!”

Imagen: La Jiribilla

Cierta o no esta historia, fue el capitán general de la Isla Miguel de Tacón y Rosique quien, en los años de su mandato, entre 1834 y 1838, encargó esta fuente-estatua del dios Neptuno a Génova, Italia, para decorar un abrevadero que se construiría en las inmediaciones del puerto con el propósito de abastecer de agua a tres barcos al mismo tiempo.

Con todo, este innegable promotor de las obras públicas en la villa de San Cristóbal, —en 1838, por ejemplo, se inauguró el teatro Tacón, de los más lujosos e importantes del mundo—no pudo ver terminado este proyecto dedicado al Comercio, adornado con el dios de los mares, pues su inauguración tuvo lugar en 1839 durante el gobierno de su sucesor, Joaquín Ezpeleta.

Situada frente al Castillo de la Fuerza, la hermosa fuente de blanquísimo mármol de Carrara, a cuyo alrededor se levantaban seis asientos también de mármol, muy apropiados para sentarse a disfrutar de la brisa marina, sería paraje de distracción para los habitantes de la ciudad, que en enero de 1841, según el censo realizado en esa fecha, tendría 184 508 habitantes (48 860 en intramuros y 87 519 en extramuros; 1 119 presidiarios, y el resto en barrios periféricos).

Incierto deambular

Con el paso de los años, la Fuente de Neptuno sufriría un incierto deambular por toda la ciudad, desde que en 1871, las autoridades decidieron su traslado por el deterioro que mostraba debido a varios percances. Se dice que el más grande de ellos fue provocado, en mayo de 1845,por el bergantín norteamericano J. B. Hautington, que le arruinó algunos poyos y parte del barandaje que la rodeaba.

A partir de ahí se le vio por diferentes sitios, entre ellos, la Alameda de la Reina Isabel II (en la actualidad Paseo del Prado), el Parque de la Punta y el Parque Gonzalo de Quesada, conocido como Parque de Villalón, situado en Calzada, entre C y D, en el barrio del Vedado.

Sin tridente y con sus surtidores fuera de uso, fue este el último lugar por donde transitó el Neptuno de La Habana, hasta que, en 1997, con el propósito de preservarlo, reapareció un día en la orilla del litoral, muy cerca de su ubicación original.

La estatuilla, el pedestal, las conchas y sus bases fueron recuperados de aquella explanada, mientras las piezas que conforman el estanque estaban en el parque Víctor Hugo, en la calle 19, entre H e I, también en el Vedado, todas en lamentable estado de conservación por la falta de mantenimiento.

La Fuente —precisan especialistas—no pudo reubicarse en su sitio originario: la Baliza de la Pila o Pileta de Neptuno. “Utilizada en la actualidad por los prácticos del puerto para arribar al canal de la entrada de la bahía, esta estructura se encuentra en pésimo estado de conservación y no soportaría el peso del monumento que le dio nombre”.

“Se eligió, entonces, el primer saliente del malecón, unos cientos de metros más hacia el oeste, donde hay un grupo de pilotes de hormigón armado en óptimas condiciones, con vigas invertidas que sirven de transición entre la losa y los pilotes”.

Imagen: La Jiribilla

A imagen y semejanza

Su traslado hacia el Centro Histórico fue aprobado por la Comisión Nacional de Monumentos. La fuente estaba muy deteriorada. La Dirección de Arquitectura Patrimonial de la Oficina del Historiador fue quien concibió el proyecto para su rescate que, ejecutado por la Empresa de Restauración de Monumentos, logró restituirle su majestuoso aspecto.

Según los especialistas, una particularidad significativa a la hora de valorar el rescate de esta obra fue, sin duda, la solución que se le dio a la falta del tridente del Neptuno.

“La reposición del mismo se hizo siguiendo las proporciones originales de la estatua, y requirió extrema habilidad por parte de los especialistas del taller de mármol perteneciente a la Empresa de Restauración de Monumentos, quienes lo realizaron en dos partes para facilitar su colocación y lo fijaron en el lugar con resinas epóxicas”.

Imagen: La Jiribilla

Así fue como la fuente de Neptuno —cito palabras de un artículo tomado de la revista Opus Habana utilizado en la realización de este trabajo—“quedó a imagen y semejanza de aquella que, hace más de siglo y medio, otorgó —como ahora— un toque diferente a este lado del litoral, para beneplácito de quienes transitan de día y de noche por sus alrededores”.

Por cierto, en el momento de tomar las fotos que ilustran este material, los obreros trabajaban en la reparación del monumento, por lo que en ellas el tridente aparece incompleto.

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