Literatura

Acerca de Marx y mis maridos,
de Lourdes de Armas

Laidi Fernández de Juan • La Habana, Cuba

Publicada en el 2010 por Ediciones UNIÓN, la curiosa novela de Lourdes de Armas, Marx y mis maridos, se inserta en un género literario que transita entre la ficción y el testimonio. Sin que ello implique gran importancia, ya que después de todo, un testimonio novelado es también ficción —por ejemplo, Desconfiemos de los atardeceres apacibles, novela de Comas— es un interesante punto de vista narrativo.

El tono confesionario, que hace sospechar que estamos ante un posible recorrido vital de la verdadera escritora, está dado por varios elementos, como la dedicatoria del primer capítulo; el afán de la protagonista por dedicarse a escribir; sus relaciones con el mundo literario a través de poetas y narradores. Sin embargo, insisto, no es esto lo llamativo en Marx y mis maridos, sino otros muchos aspectos, que comienzan por el título mismo. Sin duda, resulta muy llamativo: mezclar al fundador de la más controversial doctrina filosófica, con la sucesión de hombres que van apareciendo en la vida de una mujer, es ya la primera osadía de Lourdes de Armas.

No se trata de un recurso comercial, ni de un intento por deschavar de Carlos Marx, sino de todo lo contrario: es la transportación de una teoría —abrazada por la mayoría de nuestra generación y de la que nos antecede— a la realidad concreta, a la vida de una mujer que puede ser cualquiera de nosotras, escritoras, lectoras, ingenieras, militares, amas de casa, etc. Para demostrar su conocimiento acerca del vínculo que establece con Marx, la autora deja plasmados principios de la doctrina en la cual fue educada, de modo que las contradicciones que va descubriendo en el tránsito de sus relaciones con hombres, arman de admirable coherencia al núcleo de su propósito narrativo. (Véase las páginas 106 y 124)

El lamentable hecho de que los hombres, desde sus posturas dominantes, sea cual sea la formación ideológica que los guíe, mantienen la hegemonía de poder y, por tanto, los mismos hábitos que negativizaron Marx, Engels y Lenin, se refleja en los siete capítulos de la novela, cual si habláramos de los siete pecados bíblicos.

La mujer narradora, que ha confesado en más de una ocasión su adhesión al marxismo (“Soy marxista y defiendo esta teoría con todas mis fuerzas”, p.92), se enfrenta al doble y desmesurado conflicto de establecer relaciones heterosexuales con sujetos que nunca son lo que indican las apariencias; al mismo tiempo que el país se sumerge en la crisis conocida como Periodo especial. Ya en otras ocasiones he señalado que dicho momento histórico permanecerá entre los creadores por mucho tiempo; y es natural que el arte gráfico, las películas, las obras teatrales, la comedia y la tragedia, y por supuesto, la literatura, se ocupen de reflejar los pormenores del hundimiento económico de los años 90 en Cuba.

Cuando ya parecía que no quedaba ningún recurso enteramente nuevo para abordar dicho tema, Lourdes de Armas nos muestra una arista conflictiva: ¿Cómo influyó la debacle financiera en las relaciones de pareja? 

De repente, nos damos de bruces con el análisis de las bajezas, los negocios ilícitos, el robo, la delación y la malquerencia que condujo a tantas relaciones amorosas al fracaso. Sin importar la profesión, el credo, el atractivo físico o los conocimientos teóricos, cinco hombres en la vida de la mujer de esta novela, demuestran lo poco que han cambiado las relaciones humanas desde que Marx proclamara que “la gran industria […] crea las nuevas bases económicas para una forma superior de familia”. (Véase el exergo). 

Ochenta y tres cuartillas y cuatro maridos más tarde de haber asegurado su condición de marxista, la mujer nos cuenta que en su vida hay cosas nuevas: Ya no cohabita con el marxismo, y siente la presencia de Dios (p. 174)

Lejos de resultar forzado, la descreencia de su antigua ideología se justifica por la inversión de la pirámide social; el incumplimiento de los principios que regirían la distribución de las riquezas, y a través de todo lo que no fue llevado a cabo. Harta de lidiar con posturas oportunistas, del abuso masculino y de su soledad de mujer incomprendida, opta por refugiarse en un ambiente que no le dicte normas de conducta, ni teorías que no sean viables, dadas las circunstancias en las cuales vive. Termina su narración con dos hijos a cuestas, cinco fracasos maritales, un trabajo que no le interesa, y se pregunta —quien hace la interrogante es algo que cada lector (a) debe descubrir por sí mismo (a)—  ¿qué pasará cuando se publique la novela?

Pues yo le diría a quien sea menester (a la escritora, a la voz narradora, a ambas) que es una descripción valientísima y desgarradora del amor. Así, al amor en su sentido más amplio. Sin estrecheces, sin marcos, visto con ojos de mujer. Tengo entendido que Marx y mis maridos gozó de un éxito editorial considerable. Que sea reeditado, sería un buen comienzo para la segunda vuelta que, obviamente, merece la lectura de tan curiosa ¿confesión…novela?

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