Servando, eros y éxtasis

Virginia Alberdi • La Habana, Cuba

Hacía tiempo que se le debía a la memoria de Servando Cabrera Moreno la exposición Epifanía del cuerpo, con la que abrió su agenda de verano la Biblioteca Museo que lleva su nombre en la avenida Paseo, de El Vedado. También se le debía esta exposición a los espectadores de hoy, como una oportunidad para desterrar mitos y apreciar en su real dimensión los aportes del creador al arte erótico, y al arte cubano en general, puesto que siempre me ha parecido reduccionista limitar sus valores a la asunción de un tema u otro.

El erotismo en la obra de Servando no es noticia. Cuadros aquí, dibujos allá fueron mostrándose ya en vida y luego de su muerte, aunque en esta ocasión se puede tener una idea completa de lo que representó esa línea dentro de su producción.

Imagen: La Jiribilla
"Justo Luis", 1979
 

Lamentablemente, el autor no pudo asistir a la revelación total de ese impulso creador, debido a la interdicción que pesó sobre la exposición planeada para el Museo Nacional, en 1971. No creo que fue el tema lo que asustó, sino la coyuntura epocal y la identidad sexual nunca oculta de Servando. La homofobia a nivel social estaba en su apogeo y a nivel institucional cobró fuerza como parte de las medidas extremistas de quienes confundieron la radicalidad revolucionaria con la censura y la falsa moral, todo lo cual contribuyó a que los andares y decires artísticos de Servando se vieran rodeados por el morbo.

A todas estas comenzaron a circular falsificaciones. Gente sin escrúpulo, sobre el supuesto de que el autor era un pintor y dibujante prolífico, lucraron con las circunstancias. Afortunadamente, la autenticidad se abrió paso, las aguas tomaron su nivel y la obra de Servando, desde hace unos cuantos años, se defiende por sí sola.

Imagen: La Jiribilla
"Pepe el Romano", 1978
 

En el erotismo de Servando se observa una decantación de las líneas precursoras que él mismo había establecido como códigos recurrentes a partir de los años 60: la transparencia, la estilización del trazo y la languidez de los rostros, que contrastan con los volúmenes corpóreos muscularmente macizos.

Se trata de una marca estilística que en el tiempo del arte cubano nos remite a logros conseguidos por Carlos Enríquez quien, por cierto, también cultivó el erotismo y cuenta en tal sentido con una pieza emblemática, “Las lesbianas”.

Pero aunque en Servando se hace presente el amor físico —abrazos y cópulas—, y el cuerpo aparece como centro de las composiciones, la manera en que este se expresa tiene más que ver con el amor de los místicos que con la simple satisfacción carnal. O para decirlo de otro modo: Servando plasma en sus metáforas visuales la sublimidad de la entrega. Es dable advertir, más que posesión sexual, comunión física; más que pasión, éxtasis. Solo así puede concebirse el acelerado ritmo que imprimió a su producción en 1977, cosecha de decenas de dibujos, algunos de los cuales se exhiben por vez primera.

Imagen: La Jiribilla
"Trinchera de Caná", 1976
 

Servando persiguió tenazmente la belleza y a ello apostó su arte, ese que nos ilumina con el fuego de su poesía.

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