El fuego del Caribe en Santiago

Pedro de la Hoz • Santiago de Cuba, Cuba

Santiago de Cuba es la misma y otra durante cada jornada de la Fiesta del Fuego, el festival de las artes, las letras y el pensamiento de los pueblos del Caribe, fundado por Joel James, que todos los años se desarrolla entre el 3 y el 9 de julio. Es el mismo Santiago de cada festival, alegre, incombustible, infatigable y abierto al diálogo intercultural y poliédrico, y es otro por la especificidad del programa, dedicado esta vez al Caribe colombiano.

Invariable la voluntad de sus organizadores. Su actual presidente, Orlando Vergés, tiene bien clara la idea de que este es un momento único para pensar y sentir el Caribe desde una perspectiva festiva y popular. Posiblemente no haya otro espacio en la región donde tengan cabida, a la vez, las representaciones de los portadores de las culturas tradicionales y las reflexiones sobre la diversidad y la identidad caribeñas. Es difícil encontrar otro ámbito en el que confluyan las prácticas de la religiosidad popular con el discurso de la vanguardia pictórica y escénica.

Imagen: La Jiribilla

Como epicentros de la fiesta, el pueblo vibra al paso de los desfiles de la Serpiente y del Fuego —dan la bienvenida y cierran las jornadas—, con la Quema del Diablo en la Alameda, con el traspaso de la Mpaka, receptáculo sagrado de la regla de Palomonte que simboliza el festival; con la algazara multinacional que se forma en el patio y la terraza de la Casa del Caribe; con los encuentros de poesía en centros de trabajo y plazas; con los espectáculos cada noche en el Parque Céspedes.

La fiesta llega hasta El Cobre, donde siempre llueve el día de celebrar a los cimarrones que precedieron los caminos de la emancipación, y cuando se despeja el cielo suenan los tambores y arrecian los cantos en lenguas sagradas y profanas.

Colombia honró a Santiago con una delegación procedente de la costa atlántica que reclama con razón su linaje caribe. Lo más destacado, sin duda, la presencia de Totó la Momposina, recia portadora de la energía de los bullerengues, mapalés y porros de la región, que en la órbita de la llamada música del mundo se ha distinguido.

Imagen: La Jiribilla

Ella es auténtica como también los negros del sexteto Tabalá del Palenque de San Basilio o los del grupo Creole, de las islas de San Andrés y Providencia, o los jóvenes de Systema Solar, que nos recuerdan con sus innovaciones a  nuestro Qva Libre.

Ya no estoy seguro de la autenticidad de la muestra del Carnaval de Barranquilla, más cerca de Tropicana que del espíritu de la fiesta.

Imagen: La Jiribilla

Como nunca antes hubo una participación académica colombiana de tanto valor que se expresó en la diversidad de puntos de vista enriquecedores en el coloquio “El Caribe que nos une”.

Es deseable que esas contribuciones continúen. Aunque en 2014 el podio del Invitado de Honor será ocupado por Suriname, la Fiesta estará abierta a quienes tengan algo que decir, defender, construir en el Caribe nuestro de todos los días. 

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