Entrevista con Marta Bonet, directora de Producciones Colibrí:

“Plasmamos en cada disco un pedacito
de nuestro corazón”

Paula Companioni • La Habana, Cuba
Fotos: Kike

La vorágine que supone la industria discográfica actual muchas veces pondera el mercado, lo comercial y la venta por encima de la música. El oficio de perpetuar los estilos musicales tiene en las disqueras su principal actor, por lo que los conceptos de cultura y mercado que manejen estas productoras definen cómo se recordará el arte de cada nación.

Con esta inquietud, en el año 2003, se reúne el equipo de especialistas que funda Producciones Colibrí, una disquera enfocada en la necesidad de crear un espacio para aquellos sectores de la música que, por diversos motivos, quedaban fuera de las discográficas existentes en la Isla.

Colibrí ha asumido las zonas de silencio generadas antes por el mercado, potenciando la creación musical, el rescate patrimonial y la vida cultural cubana como una necesidad social. De los avances y desafíos en sus diez años de existencia habla la destaca musicóloga Marta Bonet, directora de esta casa discográfica que hoy trabaja desde la tradición, lo autóctono, la excelencia cultural, los jóvenes valores, la renovación, la enseñanza artística, lo clásico y lo popular de la música cubana.

Imagen: La Jiribilla

¿Cómo surge Producciones Colibrí?

A partir de una idea de Ciro Benemelis y Abel Acosta, y por la necesidad que había de crear una institución discográfica dedicada a la cultura, con un catálogo diseñado para responder a aquellas manifestaciones, géneros y estilos de la música cubana que no habían sido abordados por otras productoras.

Su diferencia radica en ser una institución cultural y tener un esquema financiero de unidad presupuestada, lo que permite abordar una serie de discografías que las otras disqueras existentes —unidades empresariales que producen en dependencia de lo que vendan— no pueden abordar.

Nacimos con un primer sello, que fue In Situ. Inicialmente, este se dedicaba a registrar las agrupaciones de pequeño formato que estaban trabajando para el turismo. Se hacía un disco y esas mismas agrupaciones lo vendían en las unidades turísticas donde estaban ubicadas. Hoy, In Situ es un sello dedicado a la música tradicional y a las expresiones más autóctonas de cada provincia cubana. Además de realizar el trabajo por el que surgió, hace cinco años que se especializa en la música tradicional y folclórica, porque dentro de nuestro catálogo necesitábamos el trabajo con manifestaciones de este género que no habían sido grabadas hasta el momento, como la rumba y el guaguancó.

Después surgió Cinquillo, un sello que se reconoce por incluir todos los géneros y estilos de la música popular cubana en producciones de excelencia cultural, con prestigiosos intérpretes y jóvenes valores. Agrupa dentro de él a los jóvenes jazzistas, cumpliendo así el compromiso de grabarles un disco a los ganadores del Festival JoJazz.

Nuestro tercer sello es Roldán. Esta selección anuncia desde su nombre un homenaje a ese gran compositor del siglo XX cubano que fue Amadeo Roldán, y está dedicado a la música clásica. En sus inicios tuvo un trabajo más patrimonial pero, aunque lo seguimos haciendo hasta ahora, también hemos abierto la línea hacia los jóvenes creadores e intérpretes.

En todos estos años, dentro de nuestras estrategias de trabajo ha estado la ampliación de estos sellos; por lo que hemos extendido el catálogo en dependencia de las líneas que se necesite abordar.

Más allá del trabajo general con cada uno de los sellos musicales, ¿cómo se organizan las distintas colecciones que han creado?

Tratamos de encontrar, dentro de la gran variedad de manifestaciones musicales en Cuba, una estrategia para las colecciones y, dentro de ellas, colocar toda la música, sin olvidar las necesidades del mercado.

Con esta premisa, el trabajo se divide en colecciones dentro de nuestros sellos: El joven espíritu del jazz cubano; Tambó; Príncipe Enano; No soy pasado, soy tradición; Excelencia entre jóvenes clásicos y la Colección Renovación Musical.

Esta, específicamente, resulta singular, en ella llevamos trabajando aproximadamente cinco años. El grupo Renovación Musical surgió en los años 40 y se nucleó alrededor del compositor catalán José Ardévol (padre de la composición cubana), y fue integrado por Argeliers León, Harold Gramatges, Julián Orbón de Soto, Edgardo Martín, Hilario González, Gisela Hernández, entre otros compositores importantes. En esta colección hemos logrado grabar un disco de cada uno de estos compositores interpretado por jóvenes, porque quisimos trabajar en dos sentidos: homenajear a los grandes compositores y renovar esa música con las nuevas generaciones.

Aunque nuestra misión sea preponderar la cultura cubana a través de nuestros productos, no podemos estar de espaldas al mercado y a todas las técnicas que se están incorporando en el mundo. Es un compromiso nuestro y una responsabilidad colocar esos discos en el mercado, de lo contrario no hay realización.

Como somos una institución que, fundamentalmente, salvaguarda la cultura, los diseños de cada una de nuestras publicaciones no tienen limitaciones de géneros y estilos. Tratamos de aportar una nueva cualidad cada vez que enfrentamos un nuevo proyecto. Por ejemplo, si sacamos una agrupación de música popular bailable —de las que hay tantas en el país— intentamos que no sea la misma sonoridad: buscamos qué cualidad podemos aportar dentro de ese género.

Teniendo en cuenta su misión como guardianes de la cultura nacional, ¿cómo conforman su catálogo?

De formas diferentes. A veces, los artistas traen sus proyectos, sobre los que se montan nuestros especialistas de producción. Otras, a partir de un trabajo de mesa interactivo, se logran ideas superiores a aquellas que habían traído los artistas inicialmente.

Hay algunos proyectos nacidos de nuestra propia disquera; los especialistas que aquí trabajan buscan ideas que puedan ser abordadas mediante un trabajo colectivo, para ver cuánto más se le puede sacar a cada proyecto que vamos a enfrentar. Por eso, a veces nos demoramos un poco en concretar nuestros planes, aunque existan otros que sean más fáciles.

Por ejemplo, para enfrentar el reto de grabar un disco con la agrupación Clave y Guaguancó, nos dimos cuenta de que había un entretejido histórico fuerte que había que investigar y plasmar: de ahí salió una multimedia. Pero también consideramos importante la colaboración que tuvimos con otras entidades como el Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana (CIDMUC); el Instituto Cubano de la Música (ICM) y la Asociación Cubana de Derechos de Autor Musical (ACDAM).

Una de las características distintivas de Colibrí es potenciar la visualidad de las carátulas en sus discos, ¿cómo logran ese trabajo artístico?

Nace a partir del concepto del disco; y también implica trabajo en un equipo multifactorial —por decirlo de alguna manera—, donde cada quien aporta su criterio.

Nuestros diseñadores y fotógrafos tienen libertad de creación; pero tienen que ser parte del proceso productivo para poder entender qué es lo que estamos planteando nosotros artística y musicalmente. Aunque repito: nunca de espaldas al mercado, porque hay que tener en cuenta que cuando un cliente entra a una tienda en donde hay dos mil discos, alguna visualidad le tiene que llamar la atención.

Imagen: La Jiribilla

¿Cómo conforman estos equipos de trabajo?

Como todas las disqueras, estamos divididos en departamentos tradicionales. Pero el tema está en cómo diseñar el trabajo cada vez que se enfrenta un proyecto. Por eso hacemos tanto hincapié en el equipo.

Para el diseño hay una especialista en artes finales que está muy bien preparada —y lleva muchos años trabajando con nosotros—, ella trabaja con los diseñadores y los fotógrafos. Mas, cuando ese trabajo está por culminar, convocamos al equipo para que todos den su opinión y se sientan parte.

En este proceso incluso participa el Departamento Económico, porque así aumenta la percepción que puede tener un económico de cómo va a salir su producto a la calle.

No sé si las otras casas discográficas trabajan de la misma manera, pero nosotros somos un equipo muy pequeño en el que todos están muy comprometidos con lo que hacen, todos se apasionan con lo que defienden, y esa manera de trabajo nos hace más partícipes.

¿Qué significó este Cubadisco 2013 para Colibrí?

Fue tremendo. No sé si lo lograremos otra vez. En este Cubadisco tuvimos 71 nominaciones y 25 premios —dentro de ellos el Gran Premio con el álbum La canción cubana, de Miriam Ramos; un álbum de excelencia con un trabajo investigativo importante que llevó a cabo la propia autora, y un recorrido por la canción cubana desde la trova tradicional hasta nuestros días.

Este año, con motivo de nuestro décimo aniversario, hemos recibido congratulaciones de muchas de las instituciones con las que colaboramos. Eso nos reconfortó y nos llenó de júbilo; pero también nos sube muchísimo la parada, el reto para el 2014 es grande.

Siempre digo que gracias a la confianza de los artistas es que podemos hacer nuestro trabajo, porque si ellos no nos dejaran hacer con su obra no podríamos lograr lo que hemos logrado. Todo eso hace un gran equipo que va mucho más allá, que trasciende las paredes de las 23 personas que laboramos aquí dentro: es un trabajo interactivo entre artistas, especialistas y creadores.

¿Qué proyectos tienen para los próximos meses?

Tenemos proyectos muy importantes, con reconocidos artistas de prestigio nacional e internacional y con jóvenes valores que son la promesa del futuro en la música cubana.

Dentro de lo más interesante que estamos haciendo se encuentra el disco Magia Negra, de Omara Portuondo, que es una reedición con arreglos de estos tiempos de su primer disco, titulado homónimamente.

Estamos haciendo, además, un homenaje a Chano Pozo con jóvenes valores de la música. Y hay un proyecto importantísimo dedicado a la percusión cubana.

Dentro de la música de concierto seguimos trabajando con los ganadores del evento Musicalia del Instituto Superior de Arte (ISA). Tenemos una buena relación con el ISA para potenciar el trabajo con los jóvenes talentos; también, con esta institución, pensamos desarrollar otras líneas de trabajo como la música electrónica —no solo la más comercial sino la música electrónica académica, rescatando toda la obra de Juan Blanco (quien fue el pionero de la música electroacústica en Cuba), hasta los más jóvenes que están en el Laboratorio Carlos Fariñas del ISA.

Imagen: La Jiribilla
 

¿Cómo se ve Producciones Colibrí en sus próximos 10 años?

Sería muy pretencioso si dijera que quisiera que esta fuera la mejor casa discográfica de Cuba. Pero, realmente, el equipo trabaja para eso. No por el orgullo ni por la falsa modestia de decir “somos los mejores”, sino porque en la medida que plasmamos en cada disco un pedacito de nuestro corazón, nuestro arte y nuestra manera de pensar, se retribuye en el agradecimiento de la propia música.

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