¿Qué distingue a Colibrí?

Frank Fernández • La Habana, Cuba

En realidad, mi trabajo con la disquera empezó hace muy poco tiempo. Solo tengo dos producciones con ellos: una como compositor, que se llama El canto de mis abuelas, y otra que estoy terminando ahora como pianista concertista, que es sobre los cinco conciertos de Beethoven. Al ser solamente dos producciones, mi experiencia está limitada; sin embargo, puedo decir que ha sido muy positiva, y que me he sentido muy apoyado en ambos casos, aunque la segunda no se haya terminado aún.

Todas las disqueras en Cuba le han dedicado un gran espacio a la música cubana. El punto de diferencia para Colibrí, lo que tiene a su favor, es el hecho de que no se limita a buscar la producción de música cubana solamente por el resultado comercial, por los beneficios económicos que puedan existir, sino que, de acuerdo con lo que he visto a pesar de la corta relación, son cuidadosos en hacer propuestas que impliquen, por ejemplo, el rescate de compositores importantes, no grabados anteriormente, o ciclos de música cubana que pertenezcan a la tradición musical cubana más importante, independientemente de que estos creadores sean famosos o no. Como resultado de esa gestión se obtiene un elemento extra, que distingue a Colibrí, y es el hecho de que, buscando una promoción que resulte útil también para sus intereses comerciales, se erige, se impone un trabajo educativo que tendrá sus verdaderos resultados a través del tiempo, cuando las nuevas generaciones puedan contar con una obra musical cubana estructurada en elementos identitarios de nuestra cultura nacional.

La gestión sobre diseño, impresión y grabación es de gran exigencia y rigor estético. Mi preocupación solamente abarca la gestión de la promoción y distribución. Desconozco cuáles son las razones para que no sean óptimas, y también creo que muy posiblemente no sean responsabilidad absoluta de la disquera.

Me parece que, en el caso de la distribución, no hay una presencia contundente en todas las tiendas o puntos de comercialización posibles, lo cual obviamente limita que el producto llegue fácilmente a los consumidores.

Esto una deficiencia de todas nuestras disqueras, sobre todo en cuanto al alcance internacional de las producciones, el cual es muy pequeño, cuando no inexistente. Esto lo he sentido a través de varios compañeros de trabajo, y de mis propias experiencias, cuando en nuestras giras internacionales no están presentes nuestras producciones discográficas. No creo que sea una responsabilidad solo de la disquera, es más bien un problema que los trasciende. En ninguna de mis presentaciones internacionales he sentido la presencia de algunos de mis discos, que ya son 30 fonogramas. Son muchas las personas que me escriben desde los EE.UU., por ejemplo, pidiéndome las interpretaciones de Lecuona, de Saumell, o de Cervantes. Y una mejor gestión en ese sentido puede ayudar mucho a la disquera, y contribuir mucho, porque no basta con tener un producto de primera calidad, cuando muchas veces tengo que comprar mis propios discos para llevarlos a otros públicos. Me parece, y ojalá tuviera todos los elementos, que eso trasciende a las personas que trabajan, no solo en Colibrí, sino en el resto de estas instituciones.

Por lo demás, me consta que, desde Marta Bonet, su directora, hasta sus diferentes grupos de producción, etc., todo el equipo está compuesto por personas con un gran respeto por los artistas, y eso no se encuentra tanto en otros lugares.

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