Gloria Ochoa, directora fundadora de Colibrí

Colibrí: salvando zonas de silencio

Mabel Machado • La Habana, Cuba

Este 2013, la casa productora Colibrí obtuvo la mayoría de las nominaciones y los premios en la Feria Internacional Cubadisco, un evento competitivo que revela el pulso de la producción fonográfica en el país con el aval de reconocidos profesionales. Aunque el dato parecerá irrelevante cuando se diga que en Cuba solo tres disqueras estatales sostienen casi la totalidad de lo que se genera en materia discográfica dentro del territorio nacional, la particularidad del hecho radica en que Colibrí apenas cuenta con diez años de experiencia en la realización de materiales de este tipo y que hace muy poco comenzó a proponer sus obras a un concurso que tiene hoy 17 ediciones.

En 2003, la idea de fundar una casa disquera que protegiera y promoviera los valores patrimoniales de la música cubana, se debatía en el patio del Instituto de la Música (ICM). Gloria Ochoa, musicóloga de profesión, asumía la dirección del colectivo de especialistas que valoraba la propuesta como una arriesgada aventura profesional. El rescate de expresiones musicales cubanas olvidadas o desconocidas, la promoción de creadores jóvenes, la subversión de los mecanismos industriales establecidos como canónicos y la producción de un pensamiento musical en torno a los productos, se perfilaban como los objetivos fundamentales del proyecto.

Ochoa estuvo a cargo de Colibrí hasta el año 2010. Desde esa fecha se desempeña como vicepresidenta del ICM, un puesto que le ha permitido seguir al tanto de lo que acontece en torno a la disquera. Para ella, el salto que ha dado la institución en pocos años no solo se expresa en la cantidad de premios obtenidos en el Cubadisco, sino que debe comprenderse como la sumatoria de resultados relevantes en distintas áreas del trabajo cultural:

“Cuando Ciro Benemelis y Abel Acosta, ambos músicos con responsabilidades en el sistema institucional de la cultura, comenzaron a impulsar la creación de una disquera que tuviera en su centro el rescate del patrimonio musical cubano, y que tratara de abarcar todas las zonas de silencio de la creación en la Isla que habían quedado relegadas a un segundo plano debido al influjo del mercado equilibrando con justeza la balanza entre calidad y ofertas musicales, vislumbramos una oportunidad inigualable para desplegar la creatividad. Los musicólogos sentíamos un compromiso cultural y social con los artistas y los públicos cubanos.

“Pasados diez años veo que con muy pocos recursos, pero con mucha voluntad, con el respeto y el apoyo del ICM y de otras instituciones culturales, se ha logrado establecer un espacio donde mostrar el amplio abanico de la creación musical patrimonial y contemporánea de nuestro país. Colibrí consiguió enfocar su trabajo cultural como un proyecto que promueve lo mejor de la música cubana de todos los tiempos, en todos los estilos, géneros y conceptualizaciones.

“En torno a la disquera se percibe un pensamiento articulado con los presupuestos fundamentales de la política cultural del país: defender la identidad en un sentido abarcador, generar espacios equitativos y ofrecer productos de valor para contribuir a la educación del público. Colibrí es un eslabón de la cadena dentro del sistema de instituciones de la cultura en Cuba, por ello han podido concretarse giras y conciertos de presentación de discos, participación en festivales, ferias y coloquios, entre otras acciones”.

La disquera se ha valido de varias estrategias para mantener la apuesta por una parte de la música cubana que permanece al margen de los circuitos de promoción y comercialización tradicionales.

“Por ser Cuba un país con un sistema social en el que resulta muy importante la defensa del patrimonio y la identidad nacionales, ha sido siempre una responsabilidad y un principio de los intelectuales cubanos defender esas esencias —afirma Gloria Ochoa—. En el caso de la música, las disqueras son las encargadas de dejar un testimonio palpable para las generaciones futuras de lo que fuimos y lo que somos. Para el momento de la fundación de Colibrí era un sueño contar con una casa discográfica que pudiera defender esos presupuestos, que pudiera entender que la creación musical en su sentido más completo, que ofreciera un espacio a los valores patrimoniales para dejar una huella tanto para contribuir a que el pueblo pueda mantener su herencia y sus esencias, como para alimentar y defender nuestra cultura musical.

“En ese sentido Colibrí era un sueño precioso, es el sueño que cualquier musicólogo que trabaje para la industria del disco desearía realizar. Para mí representó una forma de realización profesional defender valores en los que yo creía, estuvieran o no en correspondencia con los intereses del mercado o en función de una demanda de popularidad. Aquellos valores que como músicos y productores resaltábamos eran mucho más profundos, y antes no había sido posible sostener esa defensa en la magnitud que necesitaba nuestra cultura porque había muy pocas disqueras y porque la situación económica que presentaba el país era muy crítica. En aquel momento no había respuesta discográfica ni siquiera para la música popular que siempre ha tenido mucha demanda de mercado.

“Al organizar, en los inicios, el potencial que identificamos dentro de un catálogo, decíamos que no se podía tener esquematismos ni limitaciones, que no podíamos ser estrechos de mente, que teníamos que ser capaces de encontrar el valor auténtico de la creación en lo contemporáneo, lo popular y lo elitista por igual. Nos propusimos ser justos al crear los espacios de expresión para cada fenómeno artístico, teniendo en cuenta también sus necesidades.”

En el momento de la fundación de Colibrí existía una disparidad abismal en la promoción de distintas expresiones musicales. La música popular bailable había experimentado un boom desde los años 90 al encontrar una respuesta importante de público, pero, en el otro extremo, la música de concierto tenía un espacio de producción fonográfica y audiovisual muy limitado. Sucedía lo mismo con la música alternativa y de fusión contemporánea, y con el jazz que componían e interpretaban los jóvenes: al no tener una legitimidad ganada, resultaba difícil acceder a la industria del disco con la misma facilidad que otras expresiones ya consagradas.

“Ante ese panorama —comenta Ochoa— la casa disquera se propuso encontrar lo mejor, evaluando cómo se habían comportado los archivos históricos de las productoras cubanas.De esa manera se abrieron oportunidades para jóvenes talentos como la generación que continuaba la tradición de la trova y la nueva trova cubanas, que a pesar de ser completamente diferente a sus antecesores, mantenía importantes postulados estéticos y éticos que contribuían a la formación de un pensamiento creador muy aportador para nuestra cultura actual.

“Colibrí ha tenido una visión muy abierta, con la intención de incorporar a personas distintas y de unir esfuerzos para salvaguardar y contribuir al desarrollo de todo aquello que lo mereciera. Ha tratado además de saldar las deudas históricas que tenía la industria discográfica nacional, con especial atención en los creadores que aportan actualmente a nuestra cultura musical y son grandes figuras, cuya obra no había tenido suficiente repercusión en el terreno del disco en el país. Al mismo tiempo, ha promovido el trabajo de los jóvenes que beben de aquellos maestros y que representan la continuidad de los valores culturales de nuestra nación.

“En muy poco tiempo, Colibrí formó un catálogo impresionante no solo por la cantidad de artistas que reunió, sino también por la calidad conceptual de sus productos fonográficos, por la rigurosa propuesta estética que representan cada uno de los discos y DVD que allí se realizan. En los materiales salidos de la disquera se evidencia un pensamiento de producción completo que va desde el material de investigación hasta los audiovisuales que muchas veces acompañan los álbumes. Con esa visión integral de los procesos culturales la disquera ha tratado de ponerse a la altura de la vanguardia de la creación cubana”.

Por otro lado, la discográfica trabaja con la premisa de que los llamados “grandes públicos” deben tener la oportunidad de acercarse a determinadas aristas de la creación musical del país que no conocen. Colibrí entiende que es necesario que los públicos puedan comprender el hecho artístico en todas sus dimensiones y por ello no solo produce discos que agraden a quienes escuchan, sino que los hace acompañar de notas que son resultado de investigaciones, videos e imágenes fijas, realiza conciertos y presentaciones especiales.

“Los especialistas de la disquera —apunta la actual vicepresidenta del ICM— se han dado a la tarea de acercar al pueblo a lo mejor de su cultura de todos los tiempos, de una manera en que este la pueda percibir y valorar. Colibrí se ha fijado como premisa contribuir a la formación de gustos en una población que es muy sensible a la música y no ha cedido ante la idea esquemática de que el pueblo no consume determinados productos porque sencillamente no son de su agrado. El consumo depende de que existan ciertos niveles de conocimiento; por ello, cuando se genera un producto altamente complejo, se trata de incorporar todos los materiales posibles que permitan a los públicos apreciar verdaderamente lo que está escuchando.

“Colibrí ha respondido a las necesidades que se han generado a partir de los programas de desarrollo del ICM como el dedicado a la enseñanza artística, pues ha concebido y producido materiales especialmente para que sean utilizados en las escuelas de artes del país. Asimismo, contribuye a la socialización de productos culturales valiosos poniéndolos a disposición de la red nacional de bibliotecas, de las universidades y de otras instituciones que se encargan de promover las obras de creadores cubanos.

“Otras disqueras han hecho aportes relevantes a la preservación del patrimonio nacional, pero Colibrí ha tenido la posibilidad de convertirse en una institución cultural que no recibe las presiones del mercado al recibir un financiamiento estable por parte del estado. Aunque resulta muy costoso mantener una organización con estos fines, ha existido una enorme comprensión sobre lo que representa poner en manos del pueblo los productos de la disquera a precios que estuvieran a su alcance. Si se preserva la historia y no se tiene en cuenta a la gente que contribuye a armar y a crear la historia y la cultura, se produce un distanciamiento insalvable. Hay que abrir posibilidades para el pueblo para que pueda disfrutar mejor de su cultura.”

¿Cómo enfrenta una casa productora cubana con las particularidades de Colibrí, el cambio de escenarios en la distribución y comercio de la música que se produce a nivel global con la mediación de las tecnologías de la información y la comunicación?

La labor desplegada por Colibrí ha permitido burlar esquemas comerciales tradicionales y ha tenido como resultado una enorme aceptación por parte del público cubano y el reconocimiento a la calidad en eventos y ferias internacionales. Se ha ido sedimentando un conocimiento y cada vez más aumenta el respeto a lo que propone la disquera. Que se hayan creado demandas y necesidades reales de consumo ha sido consecuencia de la apertura del diapasón a lo mejor de la música contemporánea en el marco de la industria del entretenimiento en el país, y del trabajo de promoción y comunicación que ha acompañado a la producción fonográfica.

Para los fundadores, Colibrí fue un experimento que a su vez requería la sedimentación de un pensamiento. Una idea tan bonita, no podía pecar de empirismo y superficialidad. Algunos traíamos una experiencia en la industria del disco por haber trabajado en otras disqueras y con ello elaboramos una estrategia que abarcaba los aspectos artístico, técnico, comercial, económico y de comunicación. No hubo improvisaciones, se dedicó mucho tiempo a la preparación del equipo. El conocimiento especializado que adquirió el colectivo se ha desarrollado en la medida en que se han perfeccionado las estrategias de proyección de la disquera. Ese movimiento constante, esa necesidad de superar lo que allí mismo se hace, la reorganización sucesiva de las distintas estructuras, ha permitido a la disquera estar a la altura de la industria en Cuba y a la vez acercarse a la realidad de los centros industriales a nivel internacional que avanza aceleradamente con la introducción de avances tecnológicos.

Como la industria del disco en la era de la globalización se rediseña de manera sistemática; las estrategias de evolución de Colibrí no pueden ser estáticas. Por supuesto, las dinámicas en nuestro caso se distinguen de las que tienen lugar en los grandes centros de producción musical, donde muchas veces la calidad se supedita a la ganancia económica y se maleduca a los públicos ofreciéndoles música enlatada que aparentemente complace a un amplio espectro de estos. La tecnología también contribuye a que pueda crearse un ídolo de una basura que se puede ir arreglando por el camino. Las grandes industrias han perdido el contacto con creadores auténticos y han acaparado el espacio de otros medios como la televisión, el cine, los espectáculos en vivo, etc., convirtiéndose en imperios que desechan en muchas ocasiones el talento. Muy pocas veces estos conglomerados asumen la promoción de artistas que representan lo mejor de las culturas locales.

Entonces, una institución cubana como Colibrí, debe asumir a toda costa su responsabilidad con la cultura cubana y más allá, con la de los pueblos latinoamericanos y del Caribe. Para ello, es necesario defender las individualidades de cada nación y demostrar la importancia de respetar el derecho la diferencia. Es de vital significación mostrar las particularidades de cada cultura y los modos en que estas se nutren del resto.

Desde el punto de vista comercial, la casa disquera ha tratado de insertarse en el complejo entorno internacional, apostando por lo que le permite estar al nivel de la calidad técnico-artística de las propuestas que genera la gran industria. A favor de la disquera está la gran capacidad de creación de los artistas y de sus especialistas.

Ante la pujanza del comercio digital en la actualidad, se buscan alternativas y se diseñan nuevas estrategias, aunque resulta muy difícil, por las limitaciones que tiene Cuba dada la existencia del bloqueo económico y financiero de EE.UU. No obstante, la intención es no quedarse atrás en el lenguaje y en la propuesta estética, porque lo que es inadmisible es estar ausentes de ese nuevo escenario.

Los públicos también están ávidos de tener en sus manos productos valiosos y perdurables, que transgredan las fórmulas de los enlatados. Ejemplos de ello son la acogida que tuvo en EE.UU. la Orquesta Sinfónica en su gira del año pasado por 23 ciudades; los éxitos del Coro Nacional de Cuba y el Entrevoces, premiados en los concursos más importantes de América y Europa y ovacionados por enormes auditorios. Estas se cuentan entre las propuestas más complejas y elaboradas que confluyen ahora en el panorama musical de la Isla y sin embargo el público ha accedido a ellos y los ha reconocido.

Contrario a lo que algunos piensan, no es un error potenciar este tipo de producto cultural en el entorno del mercado, el error aparece cuando se hacen concesiones de calidad en función del dinero. Promover un pensamiento económico y comercial para Cuba de acuerdo con las necesidades a las que el país se enfrenta, es una responsabilidad que debemos asumir conscientemente y preparados desde el punto de vista profesional los dirigentes del sistema de la cultura.       

Nos encontramos en un buen momento para pensar cómo hacer confluir nuestras intenciones con el resto de los países de Latinoamérica y el Caribe, para sostener una economía libre de la hegemonía imperialista que nos permita desarrollarnos como países y como pueblos, pero protegiendo al mismo tiempo nuestra cultura, que es lo que nos hace fuertes. Una buena señal es el colectivo que permite que la obra de Colibrí crezca cada día, se identifica, desde sus individualidades, con estas ideas y valores.

Comentarios

Me pregunto si existe un espacio o algún lugar en el cual se pueda acceder a las producciones de Colibrí, que no sea el formato tradicional del disco impreso, (pudiera ser una versión digital del mismo), mucho más asequible desde el punto de vista económico para la población. En caso de existir tal posibilidad, me gustaría saber a donde dirigirme; ya que estoy interesado en algunas de las producciones discográficas emitidas por este sello disquero en los últimos diez años; y en ocasiones ni siquiera he tenido el privilegio de verlos exibidos en una tienda que comercializa sus productos en moneda convertible. Favor dirigirme alguna respuesta a la siguiente dirección de correo electrónico: yorjans@esie.biocubafarma.cu

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