Jessee Suárez

Ese soy yo

Joaquín Borges-Triana • La Habana, Cuba

Simon Frith, reputado sociólogo dedicado a la investigación musical, escribió hace 26 años el ensayo titulado Towards an aesthetic of popular music. En el aludido trabajo, se establecen cuatro funciones para el pop y que, a su vez, ayudan a comprender el modo en que se realizan los juicios de valor en dicho género. De manera resumida, tales funciones están relacionadas con la creación de la identidad, el manejo de los sentimientos y la organización del tiempo. Cada una de ellas depende, según el criterio de Simon Frith, de nuestra concepción de la música como algo que puede ser poseído. A partir de esa base sociológica, es posible analizar el mayor o menor acierto con que unas canciones o determinados artistas cumplen, para algunos oyentes, las funciones referidas.

Si en Cuba se hubiesen aprehendido en su momento las ideas de Simon Frith antes expuestas, de seguro el pop habría sido mucho menos menospreciado por la crítica, que por lo general lo ha vinculado con el comercialismo excesivo y con lo más pedestre desde la óptica artística.

Por esa tendencia valorativa que ha prevalecido en nuestro medio, un trabajo como el realizado por el cantante Jessee Suárez en el disco titulado Ese soy yo, es visto simplemente como expresión de la globalización que hoy vive la cultura. Quienes así piensan, no comprenden la compleja relación que en el presente se da entre producción y apropiación.

Solo a partir de entender el hecho de que, si bien es cierto que la difusión de la mayor parte de las formas simbólicas es en la actualidad global y que su apropiación no puede ser sino local, es que podemos dar una valoración más o menos justa en torno a la estética que una figura como Jessee Suárez defiende en su ópera prima y que un análisis prejuiciado tildaría solo como música comercial.

Contentivo de 12 cortes, en este fonograma predomina una sonoridad concebida desde una perspectiva universal. Así, prevalece la sencillez de los textos, líneas melódicas de fácil asimilación por las grandes audiencias, estribillos pegajosos, pasajes rítmicos nada ortodoxos, armonías en tonos mayores, breves solos guitarrísticos con mucho feeling y melosos timbres de teclados. Tales rasgos se comprueban al escuchar temas como “Toda la vida”, “La maldición”, “Tonight”, “Solo el amor” y “No me sirve”.

Trabajo musical diseñado para cumplir una función específica entre cierta clase de audiencias, el álbum debut de Jessee Suárez tiene que ser visto como lo que es, o sea, una propuesta dentro de los códigos clásicos que internacionalmente han regido durante años el universo del pop. En dicho sentido, por lo menos para mí, el disco reúne los requisitos que se le exigen a este tipo de materiales. Si alguien va buscando en el CD otra cosa, se equivocó de camino.

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