Laci Endresz, director del Tower Circus de Londres

El hombre de los trapecios volantes

Rachel D. Rojas • La Habana, Cuba

Le encanta el rock & roll. Toca la batería y, cuando puede, maneja una Harley Davidson o un avión. Si se lo pidieran, sería capaz de hacer malabares encima de su motocicleta con los ojos cerrados, porque Laci Endresz es, ante todo, un hombre del circo. Desde hace 23 años dirige el Tower Circus, ubicado en una especie de réplica de la Torre Eiffel que hay en Inglaterra, la Blackpool Tower. Pero mucho antes había recorrido el mundo con su familia y su número de trapecista volante, con el cual se dio a conocer por más de 20 años. Ahora es director y productor, más centrado en guiar su circo al ritmo de los nuevos tiempos.

El trapecista y payaso húngaro pertenece a la sexta generación de una familia entregada al arte circense, e incrementó la descendencia artística cuando encontró a su esposa Maureen, que también lleva consigo una larga tradición cirquera. Sus hijos crecieron en las carpas y, lógicamente, forman parte de ese mundo; en especial Laci Endresz Jr., quien desde 1999 (luego de su padre y de su abuelo) hace de Mooky, el clown más aclamado en Inglaterra. También Bobo Endresz acompaña a Mooky en la pista con el conocido personaje de Ms. Boo.

Por si fuera poco, Laci Endresz “Senior” fue el director artístico del espectáculo que clausuró los Juegos Olímpicos de Londres 2012, conocido como A Symphony of British Music. Por estos días de circo en La Habana, Endresz llega nuevamente a la Isla para participar en el jurado del Circuba 2013, evento que sesionará en la capital hasta el 21 de julio. Con tal excusa, ha aceptado conversar brevemente con La Jiribilla sobre su trabajo en el Tower Circus y el arte circense del patio.

“Ya había venido en otras ocasiones. Desde hace cuatro años, aproximadamente, tengo artistas cubanos trabajando conmigo. Este 2013, por ejemplo, son 12, y el año pasado fueron 16. Claro, también soy productor de otros circos en Inglaterra y ahí también he abierto espacios para ellos. De eso, y de mi amor por el circo, viene mi conexión con Cuba”, comentó.

“Ningún circo es perfecto, lo tengo claro. Cuando los chicos de Cuba van a crear conmigo noto un choque, evidente y lógico, en cuanto a la manera de enfocar el trabajo. No es ni siquiera una barrera ling­üística, porque eso se pule. Con el tiempo, he llegado a comprender un poco la idiosincrasia de estos jóvenes, y puedo entenderme muy bien con ellos. Son muy buenos artistas y su trabajo me interesa mucho. Así que en la pista —y eso es lo que cuenta— no tenemos problema.

Endresz sabe bien que, de donde él viene, los espectáculos circenses son también un negocio. “Si no hay business, se acaba el show”, dijo, seguro de que este sector artístico y empresarial necesita fondos que permitan tomar las medidas de seguridad pertinentes y posibilitar el excelente acabado y calidad de las presentaciones. Por eso el circo tiene que ser, además de un producto artístico, original y atractivo, un resultado que venda. En ese sentido, opinó sobre la concepción de los espectáculos del circo cubano, que le parece bastante completa, “pero se hacen evidentes algunos vacíos que tienen que ver con recursos económicos. Por eso se potencia mucho más el talento de los artistas en la escena, lo cubano, y eso es novedoso”.

Ha participado en los festivales de Montecarlo, Moscú, Budapest, Albacete, etc. “Y, por lo general, conozco casi todos los números de los demás profesionales. Pero aquí, y eso es una característica del Circuba, siempre se pueden encontrar cosas nuevas, los números se renuevan con mucha frecuencia. Además, el evento funciona como un puente para conocer el trabajo de otros artistas latinoamericanos”, explicó.

Detrás de la carpa

Laci Endresz se ocupa de toda la contratación en Tower Circus. Él audiciona cada número, pero además supervisa y aprueba el diseño de luces, la escenografía, selecciona la música y el vestuario. Es, en fin, “quien cuida el espectáculo”.

“Soy un hombre del circo tradicional —dice—, es lo que me gusta. Ahora hay muchas nuevas definiciones, como alternative circus, pero creo que lo principal es ganarse al público. Sé que tengo que caminar con los tiempos. En el Blackpool he hecho más de 45 espectáculos, todos diferentes entre sí. Y cuando me preguntan por algún problema, siempre respondo que el problema es cómo hacerlo mejor la próxima vez”.

Le gusta trabajar con el peligro; se nota, en su manera de proyectarse, la sombra del hombre intrépido. Antes de sustituir a Peter Jay como mánager del Tower Circus en 1992, cuando el dueño del Blackpool prohibió las presentaciones con animales, este afanoso productor de espectáculos circenses había trabajado con tigres, leones, elefantes, etc., además del peligro inherente al trapecio y el trampolín.

Laci fue también uno de los primeros en conocer el Estadio Olímpico de Londres, con una capacidad de 60 000 asientos, incluso antes de que la instalación estuviera terminada; sin embargo, la audiencia global estimada, según la página oficial de esos Juegos, fue de 750 millones de personas, y Laci Endresz tuvo que pensar en todo eso. Él fue, por ejemplo, quien ideó la improvisación vocal de Freddie Mercury a través de un holograma, y a quien se le ocurrió que un grupo de niños vestidos de blanco cantara Imagine, proyectando imágenes de John Lenon en inmensas pantallas al mismo tiempo.

“Aquello fue fantástico. Trabajamos un año y medio para el espectáculo de una noche. Era gigante. Tuve aproximadamente 30 artistas llegados de circos de todo el mundo, pero también 3500 voluntarios que debían aprender la coreografía y saber exactamente cuándo y hacia dónde moverse. Logramos, por ejemplo, que retiraran un césped artificial (con una buena cantidad de metros) en diez minutos, que era un tiempo record; fue como enrollar una alfombra inmensa”, recuerda sonriente.

“Fue una enorme experiencia dirigir a tanta gente —continuó— incluyendo a grandes artistas de Inglaterra como Elton John, Paul McCartney, Electric Light Orchestra, miembros de Pink Floyd, George Michael, Adele, Muse, The Who, Take That, Spice Girls, etc. Además quería narrar un poco la historia de Inglaterra, desde la Revolución Industrial, etc”.

Endresz llegó al Tower Circus luego de haber creado una especie de agencia que enviaba números circenses a viajar por el mundo. Gracias al prestigio que fue adquiriendo como productor, y a mucho de su empeño, un día obtuvo la propuesta del Blackpool complex de modo inesperado, como un premio. Lo demás, es la historia de los últimos 23 años. Hoy peina un poco más de canas que en aquella época, pero sigue siendo un hombre convencido de que su circo “es precioso y está entre los mejores del mundo”.

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