Despejado en la memoria cinéfila: 1963

Joel del Río • La Habana, Cuba

Ligeramente harto de escribir sobre lo último, lo nuevo, lo que nadie sabe si trascenderá, se me ocurrió tratar de fijar en este artículo algunas de las huellas cinéfilas que sobrevivieron la erosión de la desmemoria durante medio siglo. ¿Qué películas y acontecimientos ocupaban la atención de nuestros padres y abuelos? ¿De qué contextos provenían esos filmes y qué tendencias marcaron? ¿Dónde localizar la sobrevivencia en las incontables imágenes producidas, hace justo 50 años, en algunos de los países principales productores de cine? Aquí ofrecemos algunas respuestas.

El mejor año del cine italiano

Si Fellini entregaba su octavo filme en Ocho y medio, que puede considerarse tal vez la película más singular y controvertida de 1963, el noveno filme de Luchino Visconti, en casi 20 años de carrera, fue El Gatopardo, acusado por ciertos sectores de la crítica como una traición al neorrealismo debido a su fastuosidad, enorme presupuesto, y la presencia de estrellas como el norteamericano Burt Lancaster y el francés Alain Delon.

El 21 de febrero se estrena en Milán el filme de sketches Ro.Go.Pa.G., acrónimo de los nombres de los cuatro realizadores implicados: Roberto Rossellini, Jean-Luc Godard, Pier Paolo Pasolini y Ugo Gregoretti. El mejor cuento es La Ricotta, de Pasolini, quien aprovechó el rodaje de su posterior El evangelio según San Mateo, para contar un relato de humor negro sobre un extra hambriento que figura en el episodio del suplicio de Cristo. La Iglesia lo acusó de blasfemo.

La comedia “neorrealista” italiana aporta I compagni, de Mario Monicelli, y Los monstruos, de Dino Risi, protagonizadas respectivamente por Marcelo Mastroianni y  Vittorio Gassman. Además, Alberto Sordi encabeza Il Boom, de Vittorio De Sica; Ugo Tognazzi está al frente de L'ape regina, dirigida por Marco Ferreri, y Nino Manfredi rueda en España El verdugo, una humorada muy negra a las órdenes de Luis García Berlanga, que criticaba entre líneas la pena de muerte.

Un total de 32 portadas de revistas italianas se consagraron, a lo largo de 1963, a difundir la imagen de Claudia Cardinale (Gatopardo, Ocho y medio) y 30 mostraron a Sophia Loren (Ayer, hoy y mañana, La caída del imperio romano). En cuanto a otras actrices italianas, Mónica Vitti filmó en Francia Dragées au poivre y Château en Suède, y Gina Lollobrígida acompañó a Rock Hudson en las comedias románticas norteamericanas Cuando llegue septiembre y Strange Bedfellows.

El cine de terror italiano alcanza su punto máximo mediante Mario Bava, que según algunos hizo mucho más por el cine de género en Italia que el posterior Dario Argento. Mario Bava dirige en este año El látigo y el cuerpo y Las tres caras del miedo, predecesoras del horror gótico y del llamado giallo.

Espumas de la nueva ola

En una obra del italiano Alberto Moravia se inspiró Jean-Luc Godard para Le Mépris, cuyo reparto incluye a Brigitte Bardot, Michel Piccoli, Jack Palance y Fritz Lang, interpretándose a sí mismo. Godard rodó en Cinemascope y colores, en exteriores italianos. Él es, probablemente, el director más publicitado del año, en Europa, pues se estrenaron también Le Petit Soldat, terminado en 1960 pero retenido por la censura en tanto abordaba el tema argelino, y Les Carabiniers, que pretendía hacer un filme bélico en contra de la guerra.

La Baie des Anges, segunda película de Jacques Demy, presenta una historia de amor entre un modesto empleado de banca y una joven adicta al juego (Jeanne Moreau) que gasta todo cuanto gana. Demy demarca sus grandes temas para el cine romántico: la predestinación asociada a los encuentros y separaciones casuales, así como los apuntes en torno a la inconstancia del idilio, grandes temas de su anterior película Lola, y de la siguiente Les Parapluies de Cherbourg.

Jean Paul Belmondo se sitúa como el actor más popular en Francia gracias a que encadenó, en dos o tres años, éxitos como Cartouche y L'Homme de Rio, de Philippe de Broca, o Un singe en hiver y Cent mille dollars au soleil, de Henri Verneuil. En 1963, estrena el thriller El confidente (Le Doulos) del maestro del cine negro y policiaco francés Jean-Pierre Melville. En octubre de ese mismo año aparece en salas L’Ainé des Ferchaux, en la cual colaboran otra vez Melville y Belmondo.

El 26 de junio fue el primer día de rodaje de El tulipán negro, del veterano Christian-Jacque, con la historia de un aventurero invencible en tiempos de la Revolución francesa. Alain Delon se consagra en el cine de entretenimiento francés no solo mediante El tulipán negro sino también a través de Mélodie en sous-sol, de Henri Verneuil, y junto con Jean Gabin. Quedaban en el pasado las incursiones de Delon por el cine de autor italiano con Antonioni (El eclipse) y Visconti (Rocco y sus hermanos, Gatopardo).

Eslavos y nórdicos

El silencio completa la trilogía de Bergman que él mismo llamaba “de cámara” y que se inició en 1961 con A través del espejo, y continuó con Los comulgantes (estrenada pocos meses antes que El silencio), consagrada a demostrar la inexistencia de Dios, y la soledad e incomunicación de los seres humanos en medio del alcohol, el sexo y la desesperanza.

El 20 de diciembre se presenta en Praga el primer largometraje de Vera Chytilova, A propósito de otra cosa, que asume el cinema verité como estilo y entroniza la faceta más experimental (confirmada luego con Las margaritas) del milagro cinematográfico checoeslovaco. De este movimiento se destacarían posteriormente Milos Forman (Oveja negra) y Vojtech Jansny (Un día, un gato), entre otros muchos.

La película más famosa, y la última, que realizó el malogrado cineasta polaco Andrzej Munk, fue La pasajera, que quedó inconclusa y fue montada por colaboradores cercanos de Munk, de acuerdo con las indicaciones del director en este reflexión sobre nazis y polacos, víctimas y victimarios.

El Swinging London

El cine británico destaca por una variedad y popularidad internacional extraordinarias. Este es el año de la comedia absurda The Mouse on the Moon (Richard Lester), del filme de aventuras mitológicas Jason and the Argonauts (Don Chaffey y Ray Harryhausen), de la reflexión sobre el salvajismo que es Lord of the Flies (Peter Brook), Anthony Asquith adapta a Terence Rattigan en The VIPs, con Elizabeth Taylor y Richard Burton, mientras Joseph Losey inicia el mejor periodo de su carrera con dos obras maestras: The Damned y The Servant.

Ácida crítica del sistema de castas británico, The Servant inicia la colaboración de Joseph Losey con el dramaturgo Harold Pinter (reciente Premio Nobel) que continuó en Accidente (1967), protagonizada también por Dirk Bogarde, y El mensajero (1970). En esta última destaca Julie Christie, cuyo primer papel protagónico fue en la película de 1963 Billy Liar, de John Schlesinger, junto con Tom Courtenay.

Viejo Hollywood y nuevas prácticas

En el Rivoli Theater, de Nueva York, tiene lugar el estreno mundial de Cleopatra, de Joseph L. Mankiewicz, gigantesca producción de Walter Wanger con un presupuesto de 40 millones de dólares a razón de los suntuosos decorados y la utilería, 26 mil trajes, la apendicitis y el salario millonario de Elizabeth Taylor. Cleopatra fue la última de las producciones históricas y espectaculares de Hollywood entre las concebidas para competir con la televisión, desde mediados de los años 50.

Cleopatra se transformó en una de las cintas más taquilleras del año seguida por It's A Mad, Mad, Mad, Mad World (Stanley Kramer), From Russia With Love (Terence Young), Tom Jones (Tony Richardson), la disneyana La espada en la piedra, The Nutty Professor, de Jerry Lewis, calificado por algunos como el gran heredero de los cómicos del silente, junto a los musicales Bye Bye Birdie (George Sidney), It Happened At The World's Fair (Norman Taurog) y Fun In Acapulco (Richard Thorpe), protagonizados por Ann Margret (la primera) y por Elvis Presley (las otras dos).

En este contexto de cine comercial, ocurre la recepción de prensa más costosa de la historia del cine para It’s a Mad, Mad, Mad, Mad World, comedia de aventuras dirigida por el productor-realizador Stanley Kramer. Participaron 250 reporteros de 26 países para cuatro días de festividades. La operación costó 250 mil dólares.

Pero los éxitos de taquilla más sorprendentes del año fueron la comedia musical Beach Party, de William Asher y Dementhia 13, el debut de Francis Ford Coppola. Con el protagonismo de Dorothy Malone, Frankie Avalon y Annette Funicello, la primera inauguró una serie de cinco filmes en torno a adolescentes de vacaciones,  mientras que la segunda es una película de terror, de bajo presupuesto, producida por Roger Corman quien, por cierto, dirigió desde su fecunda factoría tres títulos de este corte a lo largo del año: El hombre con rayos X en los ojos, The Raven y The Terror, en la cual contó con el auxilio del emergente Coppola.

Los veteranos Alfred Hitchcock, Otto Preminger, Stanley Donen, Billy Wilder y Nicholas Ray terminan importantes películas en 1963: The Birds, The Cardinal, Charade, Irma La Douce y 55 días en Pekín. Si bien The Birds aporta una nueva vertiente al terror apocalíptico en el cual la naturaleza vengativa se transforma en fuerza monstruosa, las otras ostentan el  protagonismo de estrellas en plena reinterpretación del glamour: Audrey Hepburn, Shirley McLaine y Ava Gardner. Otro veterano, Elia Kazan, rueda con actores desconocidos América, América, un vasto fresco sobre la emigración armenia a EE.UU. en el cual el director cuenta su propia historia y la de su familia.

The Great Escape, de John Sturgess, con Steve McQueen, James Garner y Charles Bronson. La película fue venerada en el género de acción y aventuras, aunque comunica cierta sensación de fatalismo, y recurre a una metáfora muy común en los años 60: el encarcelamiento como alusión a diversas represiones.

La NAACP, que combate por los derechos de los afronorteamericanos, acusa a Hollywood de discriminación. No aparece un solo actor negro en The Longest Day, por más que en el desembarco de Normandía participaran 1 700 soldados negros. Dos meses después, se llega al acuerdo de instaurar un sistema de cuotas respecto a la cantidad de actores negros en cada producción. Poco antes de ser asesinado, el presidente John F. Kennedy aseguró que “todos los estadounidenses deberían disfrutar de los privilegios de ser estadounidense sin importar su raza o color”. El asesinato de Kennedy, registrado por cineastas aficionado en The Zapruder Film, se transformó en el cortometraje más célebre de la historia del cine.

Cool World, del escritor y director Shirley Clarke, describió las bandas callejeras en Harlem con los métodos de la ficción documental propia del cine independiente. Producida por Frederick Wiseman (cuatro años antes de su debut en Titticult Follies) la película generó poderosa influencia en los círculos intelectuales por su banda sonora de jazz y su aire espontáneo.

Con un presupuesto mínimo, Samuel Fuller, el cineasta norteamericano de los temas controvertidos y rey de la llamada serie B, presenta Shock Corridor, que a pesar de contar solo con actores desconocidos llegó a ser una película popular, tal vez por el conocimiento que expresaba sobre las neurosis del norteamericano medio.

Mucho menos convencional, ya en los terrenos de la experimentación, se situaron Blonde Cobra, de Ken Jacobs, y Flaming Creatures, de Jack Smith (quien además protagoniza Blonde Cobra) que trastornaron los principios narrativos del cine underground a partir del desorden aleatorio y la asimilación del camp.

Cuando América Latina intentaba hacer un nuevo cine

A lo largo de los primeros seis meses del año, los franceses Agnes Varda y Armand Gatti filman en Cuba, respectivamente, Saludos cubanos, un documental con montaje de fotos, y la delirante El otro Cristóbal, que significó la primera incursión cubana en el festival de Cannes. En esta época también rodaron en Cuba el danés Theodor Christensen (Ellas) y el soviético Mijail Kalatozov (Soy Cuba), entre otros.

En octubre de 1963, Santiago Álvarez realiza el primero de sus grandes documentales: Ciclón, realizado a raíz del paso trágico del huracán Flora y de la movilización inmediata de autoridades, ejército y población civil para ayudar a los damnificados. En la década, la obra de Álvarez destaca con títulos notables como Now (1965); LBJ (1968) y 79 primaveras (1969). De ese mismo año procede la ópera prima de Nicolás Guillén Landrián, En un barrio viejo, retrato de La Habana Vieja que ofrece una visión bastante inédita, y personal, de ese importante municipio capitalino.

En el estado de Bahía (Brasil) se filma Dios y Diablo en la tierra del sol, de Glauber Rocha, pieza cumbre del cinema novo y emblema del manifiesto La estética del hambre, que Rocha escribió poco después. La película, estrenada en 1964, y el manifiesto mencionado, convirtieron a Rocha en uno de los principales cineastas y pensadores del cine latinoamericano. También en 1963 se estrenan sendas películas de Nelson Pereira Dos Santos en Río de Janeiro: Vidas secas y Boca de oro. La primera de ellas se transformó en emblema del cinema novo por su evocación, con realismo casi documental, la miseria del nordeste brasileño.

Mientras la Universidad Nacional Autónoma de México, gestora de un importante movimiento en favor del cine de calidad y pionera en la creación de cineclubes, funda el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos, primera escuela oficial de cine en ese país, Luis Alcoriza reafirma su prestigio con el estreno de su tercer largometraje, Tiburoneros, historia de un hombre con dos mujeres, sin convencionalismos hipócritas ni juicios moralistas y con una naturalidad reforzada por el trabajo de los actores.

En Bolivia, el operador Jorge Sanjinés y el escritor Óscar Soria, dos de los creadores del grupo Ukamau, co-dirigen Revolución, documental llamado por algunos críticos “El Potemkin de Jorge Sanjinés”, que, en poco más de diez minutos, se vale únicamente de imágenes montadas para resumir la historia del país, su miseria, el indoblegable espíritu popular y las represiones que se suceden sin pausa.

En Venezuela se estrena Cuentos para mayores, segundo largometraje de Román Chalbaud que marca el inicio de su colaboración con el autor José Ignacio Cabrujas, relación que dará otros títulos significativos del cine venezolano: La quema de Judas (1974), Sagrado y obsceno (1975) y El pez que fuma (1977).

El único filme latinoamericano elegido para concursar en el Festival de Cannes fue Los venerables todos (1962) de Manuel Antin, que no se estrenó comercialmente, y dio lugar a varios filmes de este autor inspirados en las narraciones de Julio Cortázar: La cifra impar, Circe e Intimidad de los parques, realizados entre 1962 y 1965, en pleno auge del llamado nuevo cine argentino.

Desde el sol naciente

Akira Kurosawa une a sus dos actores fetiche, Toshirô Mifune y Tatsuya Nakadai, en Cielo e infierno, sobre un empresario que debe escoger entre salvar su negocio o la vida de un niño que ha sido secuestrado. Algo de melodrama contiene también la obra de Yasujiro Ozu (1903-1963) quien falleció en 1963, el mismo día que cumplió 60 años. Considerado un cineasta tan importante como Akira Kurosawa o Kenji Mizoguchi, Ozu dejó obras maestras de una sobria expresividad sobre la familia japonesa como Primavera tardía y Viaje a Tokio. Su filme postrero se tituló El gusto a sake.

Comedia absurda y paródica, La venganza de un actor, de Kon Ichikawa, fue un castigo del estudio para su director, quien decidió entonces realzar la artificialidad y teatralidad de la historia sobre un actor de kabuki travestido que venga la muerte de sus padres, ayudado por un ladrón. También repasa viejas mitologías, pero en torno al yukuza, o mafia japonesa, Juventud de la bestia, que dirigió Seijun Suzuki.

En cuanto a los nuevos realizadores, Shôhei Imamura dirige Crónica de un insecto japonés, sobre una mujer del campo que deviene prostituta y finalmente regente de un burdel durante la II Guerra Mundial. Susumu Hani destaca con Kanojo to kare (Ella y él)

El melodrama musical de Hong Kong The Love Eterne, de Li Han Hsiang, es recibida con verdadero fanatismo en todo el continente asiático. El filme cuenta la historia de una muchacha que se viste de hombre —como Mulan— para poder estudiar. Algunos críticos valoran, en tanto precursoras, ciertas insinuaciones lésbicas bastante notables.

Otros destaques tercermundistas

Las autoridades argelinas deciden crear el 9 de enero la Oficina de Actualidades Nacionales, bajo la dirección del realizador Mohamed Lakhdar Hamina, joven realizador formado en la lucha armada contra el colonialismo francés. El Centro de Cine argelino nació de la extensión de la Oficina de Actualidades Nacionales, e implantó el modelo estatizado socialista en la producción, distribución y exhibición. Hamina dirigió Crónica de los años de fuego, laureada con una Palma de Oro en Cannes en 1975.

Con dirección, guion y narración de Farough Farrokh, La casa negra es un documental en blanco y negro sobre una colonia de leprosos. Poetisa persa, autora del poema “El viento nos llevará” (que luego servirá de título a un filme de Abbas Kiarostami) realizó esta única película, alejada tanto del sentimentalismo como del morbo.

Entre 1963 y 1964 Satyajit Ray realizó dos obras maestras sobre el mundo femenino: Mahanagar (La gran ciudad) y Charulata (Una mujer sola). La primera relata el momento en que una esposa de una familia conservadora en Calcuta obtiene un empleo como vendedora, y la segunda se basa en una historia corta de Tagore sobre una esposa solitaria en la Bengala del siglo XIX, y sus crecientes sentimientos hacia su hermanastro, Amal.

Galardones y consagrados

A principios de año, el Directors Guild of America premia a David Lean por Lawrence of Arabia (de 1962), al igual que el National Board of Review, los Golden Globes y el Oscar. Así se confirma el triunfo internacional, de crítica y público, del cine británico en 1962, que se repetirá sucesivamente en 1963 con Tom Jones, 1964 con Becket, y 1965 con Doctor Zhivago (también de David Lean).

El festival de Berlín entregó el Oso de Oro (compartido) a la japonesa Bushidô zankoku monogatari, de Tadashi Imai, y a la italiana El diablo, de Gian Luigi Polidoro, el Oso de Plata del Premio Especial del Jurado fue para la británica The Caretaker, de Clive Donner, y como mejor director fue elegido Nikos Koundouros por Mikres Afrodites. Las mejores actuaciones: Sidney Poitier (Los lirios del valle) y Bibi Andersson (The Mistress).

Italia se alzó triunfadora en Cannes no solo por la Palma de Oro para El Gatopardo, sino también con el premio de actuación femenina para Marina Vlady, como la heroína de Marco Ferreri en La abeja reina, y el éxito de Ocho y medio, de Fellini, presentado fuera de competencia. El cine japonés ganó el Premio Especial del Jurado por Harakiri, de Masaki Kobayashi, compartido con el filme checo Un día, un gato, de Vojtech Jansny. El actor británico Richard Harris gana el premio de interpretación masculina por This Sporting Life, de Lindsay Anderson.

El Festival de Venecia también privilegia al cine italiano con la entrega del León de Oro a la película de denuncia de la corrupción política Manos sobre la ciudad, de Francesco Rosi, en tanto el Premio Especial del Jurado fue para Fuego fatuo, de Louis Malle, y los premios de actuación masculina y femenina destacaron los desempeños del británico Albert Finney por Tom Jones y la francesa Delphine Seyrig, por Muriel ou le Temps d’un retour.

El 30 de diciembre se anuncian los ganadores de los premios que concede el New York Film Critics: Tony Richardson y Albert Finney por Tom Jones; Patricia Neal por Hud, que también ganó mejor guion, y mejor filme extranjero: Ocho y medio. La frescura y el desprejuicio de Tom Jones (realizada parcialmente con capital norteamericano) triunfó también en el Directors Guild of America, los Golden Globes y el Oscar, por encima de superproducciones como Cleopatra y How the West Was Won (la primera película rodada en Cinerama, el sistema de la triple pantalla). Algo estaba cambiando en el panorama cinematográfico mundial, y 50 años después uno puede mirar hacia atrás incluso con nostalgia.

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