Entrevista con la pedagoga y compositora María Álvarez Ríos 1

El Teatro Nacional de Guiñol,
una palanca de entusiasmo

Rubén Darío Salazar • Matanzas, Cuba

María Álvarez Ríos, la excelente pedagoga y compositora cubana, reconocida por su trabajo con y para los niños, y por otras intervenciones como especialista musical en programas de la televisión nacional, fue una de las artistas que llenaron el pentagrama sonoro de los espectáculos del Teatro Nacional de Guiñol en los dorados 60. Su labor junto al trío líder conformado por Pepe y Carucha Camejo y Pepe Carril, quedó plasmada en sus partituras para El gato con botas (1965), y Blancanieves y los siete enanitos (1966), dos cuentos clásicos de la literatura para los infantes llevados al retablo. En el aniversario 50 de la agrupación emblemática de Cuba en el panorama titiritero, recordemos a la desaparecida creadora escuchando sus evocaciones sobre un tiempo ido.

¿Cómo llegó María Álvarez Ríos al núcleo creativo del Teatro Nacional de Guiñol, en los míticos años 60?

No sé decir; en esa época estábamos muy unidos. Ellos estudiaron teatro y mi esposo, el profesor Ramón Valenzuela 2, fue su maestro; siempre decía que eran muy ordenados.

¿Cómo eran los hermanos Camejo y Carril a nivel humano y creativo?

Ellos se complementaban mucho. Eso es una verdad como una casa. Todo era muy gracioso, si uno de ellos proponía una idea, pues se le revisaba el texto y el proyecto con frialdad y se le daba la razón a quien la tuviera. Hacían un trabajo totalmente de conjunto, un trabajo colectivo real. Discutían sí, mucho, sin violentarse. El amor al teatro era un amor de altura.

Recuerdo a Carucha muy creativa, con ocurrencias muy buenas e inteligentes. De los tres, Carril era el más jovencito, con mucho ingenio. Pepe era el líder principal, siempre al tanto de todo, y había otro Camejo, le decían Perucho; era muy joven y casi no hablaba, pero de vez en vez se destapaba y decía cosas buenísimas.

A veces me digo: “¿Será que yo los idealizo?” Me gustaría ver en frío, hoy, los trabajos que hice con ellos, escuchar grabaciones, ver películas... No quisiera elaborar fantasías, pues mi cariño por ellos aún sigue siendo muy grande. Eran tan respetuosos, planificaban todo, no hacían nada sin antes pensarlo bien. Tenían el poder de entusiasmarme con sus ideas.

¿Cómo era su trabajo musical para los espectáculos de los Camejo y Carril?

Yo me adaptaba a la idea de ellos. Venían a mi casa y me explicaban su concepción, su visión del montaje... Leíamos el libreto juntos; a veces nos encontrábamos en el propio teatro y, en ocasiones, discutíamos, pues poseían un concepto muy claro de lo que harían en escena. Sabían defender sus puntos de vista. Casi nunca había que hacer cambios porque mayoritariamente coincidíamos. Yo iba a los ensayos y me sentaba al piano, después hacíamos las grabaciones, que generalmente se realizaban allí, en los bajos del Edificio FOCSA, con jóvenes estudiantes de los conservatorios. Todos cooperaban.

¿Eran musicales los actores del elenco nacional de guiñol? 

Maravilla de voces no había; pero para ese tipo de teatro tenían mucha musicalidad. Eran actores haciendo teatro, que podían desarrollar hasta una tercera voz creativa.

¿Qué significado le otorga al trabajo realizado por ellos en el teatro para niños y de títeres nacional?

Una palanca de entusiasmo, eso fueron ellos para el teatro para niños y de títeres nacional. La magia de ellos no se debe detener. A veces, tenemos las cosas tan cerca que no las apreciamos.

¿Cómo recuerda el paso del Teatro Nacional de Guiñol en la entrada de los años 70, durante el llamado quinquenio gris?

Una de las pruebas del talento es pasar por encima de las necesidades y lograr que el resultado sea maravilloso. Lo confieso, cuando regresaba a mi casa después de las funciones en el Guiñol, llegaba henchida de satisfacción. Eso volvía perdonable sus pequeñas faltas. Las decepciones de la vida diaria influyeron mucho en la actitud de ellos, eso junto a otras circunstancias del momento intervinieron en la destrucción del Teatro Nacional de Guiñol. Es una pena lo sucedido, pues lo que allí se hacía era un trabajo heroico. Poseían, junto con su equipo artístico y realizador, un motor interior incomparable. Por suerte, esa historia se está recuperando poco a poco.

 

Notas:
  1. La entrevista fue realizada en la casa de la prestigiosa músico, en el año 1999, con la colaboración de la directora teatral Yanisbel Martínez.
  2. Ramón Valenzuela, uno de los profesores más respetados del Teatro Universitario. Entre sus montajes más destacados estuvieron La zapatera prodigiosa y Mariana Pineda, de Federico García Lorca y La Celestina, de Fernando de Rojas, entre otros.

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