Muere Fernando Alonso

La danza cubana ha perdido uno de sus iconos

La Jiribilla • La Habana, Cuba

La danza cubana ha perdido uno de sus iconos. Ha muerto Fernando Alonso, uno de los fundadores del Ballet Alicia Alonso, hoy Ballet Nacional de Cuba.

Fernando nació en La Habana el 27 de diciembre de 1914, la misma ciudad en la que dijo adiós a causa de un infarto, a los 98 años de edad. Había comenzado sus estudios de ballet en 1935 en la Escuela de la Sociedad Pro Arte Musical de la capital cubana, donde también realizó su debut en 1936 con el ballet Claro de Luna, junto con Alicia.

Estudió luego en academias de ballet de EE.UU. con bailarines rusos como Mijail Mordkin, Mijail Fokine, Alexandar Fedórova y George Balanchine, e integró los ballets de Mordkin, el American Ballet Caravan, el Ballet Ruso de Monte Carlo, el Ballet Theater of New York (hoy American Ballet Theatre), y participó en espectáculos de Broadway. Este intercambio con bailarines de diferentes partes del mundo le permitió depurar su técnica y ensanchar las concepciones adquiridas en Pro Arte Musical.

Con la fundación en 1948, junto con su hermano Alberto Alonso y la propia Alicia, del Ballet Alicia Alonso, Fernando se convirtió en el gestor de un proyecto de largo alcance. Se desempeñó como director general y bailarín, organizaba las funciones, buscaba los recursos financieros para los montajes y puestas en escena, supervisaba y hacía la liquidación de la venta de las entradas y del dinero que recibían de la subvención para pagar a la orquesta y a los técnicos, hoteles, transportación…

Su última presentación como bailarín la realizó en la Universidad de La Habana en 1956. Prefirió entonces dedicarse a buscar una metodología propia para la enseñanza, algo que fuera distinguiendo, poco a poco a lo que luego se conocería como la escuela cubana de ballet. Impartió clases en Rusia, Francia, Bélgica, Bulgaria, Canadá, EE.UU., México y Colombia.

Su persistencia en la búsqueda de un lenguaje propio permitió formar bailarines que pudieran remplazar a aquellos otros norteamericanos, rusos, argentinos… que comenzaban a marcharse para recuperar sus contratos de trabajo en otros países, tras los primeros años de la Revolución. Fernando dirigiría el Ballet Nacional de Cuba hasta 1975.

El reconocido crítico de danza Arnold Haskell decía que Fernando Alonso: “…es un gran maestro, a la vez que un científico y un artista. No solo enseña a sus bailarines un clasicismo de fina talla, sino que los hace decididamente capaces de entendérselas con el lenguaje moderno, cosa que, les aseguro, he visto en raras oportunidades”.

Fernando fue siempre un impulsor de sueños que parecían imposibles. Así, de su mano surgió también el Ballet de Camagüey, un proyecto hermoso que ha permitido contar con bailarines clásicos de primer nivel en una compañía lejos de la capital, algo de lo que no muchos países pobres como Cuba pueden presumir. Estuvo al frente de esta compañía hasta 1992, cuando pasó a dirigir la Compañía Nacional de Danza de México.

Laureado con el Premio Nacional de Danza en el año 2000, en 2008 recibió el premio Benois de la dance —considerado el Oscar de la danza— en el teatro Bolshoi de Moscú.

Hace apenas unos meses, podía vérsele todavía en el Instituto Superior de Arte debatiendo los modos, como diría Noel Bonilla, “de pensar la formación actualizada de un profesional más capaz y apto para asumir la práctica de la danza de hoy”.

La sala Avellaneda del Teatro Nacional de Cuba acogió el cuerpo de Fernando Alonso y escoltado por su pueblo será enterrado este domingo 28 de julio, a las 3:00 p.m., en la Necrópolis de Colón.

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