Myriam Acevedo (1930-2013)

Por siempre la Lizzie más respetada

La actriz cubana Myriam Acevedo falleció el pasado lunes 22 de julio, a los 85 años de edad, en Roma. Aunque su obra abarcó medios diversos (radio, televisión y teatro), es en el teatro —no solo en el cubano— donde se encuentra su legado mayor.

<a href='http://www.epoca2.lajiribilla.cu/temas/myriam-acevedo' title='temas/myriam-acevedo'>Myriam Acevedo</a>

Acevedo nació un 2 de enero de 1930, en Güines. De esa municipalidad, ahora perteneciente a la provincia Mayabeque, afirmó en una entrevista recordar las fiestas y las funciones que le organizaban los vecinos para escucharla cantar. Su vida artística comenzó muy temprano, pero en La Habana, cuando a los tres años se unió al grupo infantil de Rivera Baz en La Corte Suprema del Arte, el popular espacio radial de la época. En la emisora CMQ surgió "Myriam y Anoland, el dúo perfecto", conformado por la voz de Myriam y la natural habilidad de la niña Anoland Díaz con el piano.

Miriam continuó cantando, en funciones mixtas (e íntimas), entre cabaret y teatro, fundamentalmente en el famoso club habanero El Gato Tuerto. Hacia 1948 ingresó en la Academia de Arte Dramático. Entonces participó con un papel secundario en El niño Eyolf, de Henrik Ibsen; obtuvo el Premio Talía en 1953, otorgado por el Patronato del Teatro, con su interpretación de Anna Rogers en Un nuevo adiós; y ya en 1954 protagonizaba Las criadas, del novelista y dramaturgo francés Jean Genet, bajo la dirección de Francisco Morín, una de las figuras más notables de la escena cubana en la década del 40. Este último espectáculo le valió a la Acevedo el Premio de la Crítica como mejor actriz y fue considerado un momento de gloria en el teatro cubano.

En ese período también perteneció al grupo teatral Prometeo; intervino en Sin salida, de Jean-Paul Sartre, y en La más fuerte, del dramaturgo sueco August Strindberg; trabajó en el Conjunto Dramático Nacional entre figuras como Violeta Casals y Alejandro Lugo; y en ocasiones compartió los escenarios del Hotel Habana Libre con Elena Burke.

"Myriam Acevedo es una de las mejores y más sinceras actrices de nuestro teatro", escribió una vez Manuel Casal, uno de los críticos teatrales más influyentes de la época. Con ella en el escenario, agregaba luego, "no es posible aburrirse o mirar a otro lado".

Durante su estancia de cinco años en Nueva York, donde se presentó además en Broadway, ingresó en la academia teatral Stella Adler, quien era una de las más renombradas discípulas de Stanislavski. Eran los 60 cuando regresó a Cuba y Rogelio París, quien dirigía el espectáculo, le propuso volver a cantar en el Amadeo Roldán. Ella aceptó, porque nunca se vio presionada para escoger entre el teatro y la canción, más bien creía, como expresó en algunas entrevistas, que ambos amores podían convivir.

Por esas fechas, Jean-Paul Sartre visitó La Habana. Se iba a estrenar La ramera respetuosa y Miriam Acevedo fue escogida para interpretar a Lizzie. La primera puesta ocurrió específicamente el 16 de marzo de 1960, y se estrenaba, bajo la dirección de Francisco Morín, junto con el recién fundado Teatro Nacional, en su Sala Covarrubias. La puesta fue un éxito que pautó records taquilleros (16 mil asientos en 15 puestas) y los nuevos caminos por los que se enfilaba el teatro cubano. Esa vez, Miriam Acevedo fue la primera actriz en estrenar en Cuba una obra de semejante prestigio internacional en presencia del autor.

Triunfó, primero en Cuba y luego en Europa, con la puesta de La noche de los asesinos, dirigida por Vicente Revuelta y Ada Nocetti, y texto de José Triana. El impacto de la actriz en el viejo continente ocurrió fundamentalmente a partir de 1968, cuando se radica en Italia y comienza a trabajar con Luca Ronconi, un director italiano conocido por los aires renovadores de su trabajo. Junto con él hizo la célebre Calderón en calidad de coprotagonista, obra escrita por Pier Paolo Passolini, con la que ganó el Premio Ubu en 1978, y fundó el proyecto teatral conocido como Laboratorio de Teatro.

Miriam Acevedo es una de las grandes representantes de las tablas en la Isla y está, sin duda, presente en la historia del arte cubano.

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