Gracias por siempre

Regina Balaguer • Camaguey, Cuba

27 de julio de 2013, 3 y 30 de la tarde aproximadamente. El timbre del teléfono irrumpe en el silencio de mi habitación, al contestar ya presiento que lo que voy a oír no es nada agradable, una voz temblorosa me  dice: “Acaba de morir el maestro Fernando Alonso”. No puedo creer lo que oigo, de momento no asimilo la noticia, no puede ser cierto. Y es que a pesar de saber que la muerte es parte de la vida, en nuestro subconsciente, creemos  que determinadas personas tienen el don de la inmortalidad y que siempre estarán ahí, cerca nuestro para enseñarnos el camino. No es hasta ese hecho concreto que es la muerte física, que nos damos cuenta, también son humanos y como todos nacen y mueren.

Momentos de tensión e incertidumbre, qué hacer, hay que rendirle homenaje al maestro de maestros, horas apenas para una función en el Teatro Principal de la Ciudad de Camaguey, 568 kilómetros de distancia para acompañarlo hasta el final, para estar junto con él y sus familiares, para demostrarle todo el cariño que le teníamos. Esta, su compañía, no podía dejar de asistir a su sepelio, esos 17 años de dedicación y entrega no podían quedar en el olvido, no entraba en nuestros planes suspender una función, el mejor homenaje para el maestro era bailar, bailar bien, bailar con el corazón y luego partir para estar junto con él. Y así fue, no pudimos bailar porque por azar de la vida, la naturaleza así lo quiso, una fuerte lluvia y un tornado  provocaron la caída de algunos postes y cables, y con ello la falta de fluido eléctrico en el Coliseo Camagüeyano que no nos permitió  rendirle tributo a Fernando Alonso bailando, pero sí partir hacia La Habana para estar junto con él.

Imagen: La Jiribilla

En momentos como este, se reavivan los recuerdos y durante el camino hacia la capital, recordé su pasión por el ballet, el arte, la historia, la espeleología; recordé cómo, el pasado 27 de diciembre, en su cumpleaños 98, en la acogedora sala de su casa se iluminaba su rostro al evocar momentos de cuando bailaba en las diferentes compañías donde estuvo, o cuando creó junto con Alicia y Alberto Alonso el Ballet Nacional de Cuba (BNC), cuando se trasladó a Camagüey para dirigir la Compañía agramontina o, simplemente, cuando junto con el amigo Núñez Jiménez desandaba las cuevas de Viñales u otro atractivo lugar de nuestra geografía. Esos momentos de evocación iluminaban su cara, le daban un brillo especial a sus ojos, una alegría infinita irradiaba y era contagiosa para todos los que lo oíamos y compartíamos sus vivencias.

Su presencia será eterna en el Ballet de Camagüey, en sus salones de ensayo,  en cada rincón de su sede, en esa oficina en la que permaneció por 17 años y a la que un día llegué por azares de la vida, dejándome una tarea y un reto muy grande, llevar adelante el Ballet de Camagüey.  

Nos ha dejado físicamente un apasionado del ballet y el arte,  alguien que siempre tuvo una palabra de aliento, un consejo oportuno para todos los que lo conocíamos y nos dedicamos a esta hermosa pasión. Un amante de la vida, la familia, un enamorado del amor.

Maestro, siempre le entregó al ballet, a Cuba ―y al Ballet de Camagüey especialmente― todo de sí, con apasionado y ferviente amor. No soy escritora, pero redacto estas líneas con una mezcla de tristeza y alegría;  alegría porque tuve la dicha de conocerlo y pude  aprender mucho de Ud., tristeza por su marcha, porque sé ya no estará físicamente junto con nosotros; pero  seguirá estando presente cada día, cada segundo de nuestras vidas, con el cariño y el amor que nos entregó siempre. No olvidaremos sus enseñanzas y le juramos que seremos fieles guardianes y exponentes de los preceptos de la Escuela Cubana de Ballet. Muchas gracias, Ud. fue, es y seguirá siendo por siempre, grande entre los grandes, maestro de maestros. Reciba el abrazo eterno de sus discípulos, de sus seguidores, de  la ciudad de  Camagüey  que tanto quiso, de su compañía el Ballet de Camagüey, nunca le olvidaremos.

Gracias por siempre.

 

30 de julio de 2013

Comentarios

Bravo,, Regina ya fue mi opinion en otro sitio cubano,,, Grande tambien es usted por seguir con sus pasos las lineas trazadas por el Maestro,, un acto de grandeza fue su presencia en el funeral del Gran Cubano, Martí dijo ´´´´ Honor a quien honor merece... y claro que el Maestro se merece todo el respeto del Pueblo de Cuba ,, de todos los artistas sin su obra en cuba no se podria hablar de ballet por eso su obra es inmortal.... Gracias por La Chiqui, una matancera muchos años miembro de su compañia,,, Gracias por el ballet de Camaguey y por el gesto

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