La vuelta de Ruandi

El pasado mes de julio, en medio de un caluroso verano en la Isla, volvió a la escena Ruandi, la pieza teatral para niños del dramaturgo Gerardo Fulleda León (Santiago de Cuba, 1942). Con este reconocido texto, rindió tributo el Guiñol de Holguín a su desaparecido director artístico, el joven Miguel Santiesteban, demasiado joven para morir, demasiado soñador y obstinado como para que se extinguiera su tiempo sobre la tierra, dejando abiertos varios caminos prometedores, entre ellos este proyecto de representar el argumento de Fulleda, cumplido por la actual directora del colectivo titiritero, la actriz Dania Agüero, que siguió la pauta del inconcluso montaje.

Imagen: La Jiribilla

Fue mi alumno en el Diplomado de Teatro para Niños y de Títeres, que desde 1999 a 2006, coordinó el dramaturgo, investigador y crítico Freddy Artiles, en el Instituto Superior de Arte de La Habana. Migue, como cariñosamente le decíamos, fue un estudiante excelente, deseoso siempre de conocer más y más. Asistir al Diplomado, siendo un artista en formación, le ayudó a cimentar un concepto de creación, de trabajo, de ética y de visión futura. Esos siete años de docencia e intercambio vividos por estudiantes y alumnos, a caballo entre el final del siglo XX y principios del siglo XXI, se convirtieron en diálogo enriquecedor, fructífero, transparente, todos en búsqueda de un magisterio sustentado en nuestra historia titiritera, que establecía a su vez vasos comunicantes con el desarrollo de este arte en el mundo. Tengo la seguridad que de ahí viene su inclinación a llevar a escena textos sobre la ecología, personajes clásicos y conflictos existenciales, cuestionadores de qué y para qué somos en este planeta. Fue allí donde conoció a fondo la obra de Gerardo y, al final de la clase, se acercó al propio autor, con algo de temor, para decirle: “Maestro, algún día voy a hacer su obra”.

Año tras año, esta historia del siglo XIX, en que un niño esclavo decide conquistar la necesaria libertad, ha subido exitosamente a los escenarios, de la mano de agrupaciones de actores o titiriteros de La Habana, Cienfuegos, Ciego de Ávila, Pinar del RíoCamagüey. La repercusión internacional no ha sido menor, tanto en Honduras, Argentina, Francia, como en EE.UU., el texto de Fulleda León ha conquistado el reconocimiento del público y la crítica especializada.

¿Por qué motivos esta obra, ganadora de una mención en el Concurso La Edad de Oro, en 1978, ha sobrevivido por encima de tanta escritura dramática para los pequeños en nuestro panorama teatral? Podemos responder que, en primer lugar, por su extraordinaria calidad literaria. Ruandi fue concebida por Gerardo, en un momento de plena eclosión intelectual, a mitad del camino entre los avatares de su pieza Plácido, dedicada al poeta mulato de Matanzas, escrita entre 1967 y 1975, y  La querida de Enramada, de 1981, una de sus obras más elogiadas por los teóricos del teatro. Sin embargo, los anteriores proyectos para niños del autor: El travieso Guille, Guille cazador y Guille trotamundos (1962) y Las flores (1963), no anunciaban la creación de la magistral pieza teatral que sobrevendría después, eran textos-esbozos, como el mismo dramaturgo los reconoce, felizmente superados en 1977 por una partitura dramática contentiva de todo el dolor y la melancolía que  padeció su autor a los 35 años, al enfrentar la pérdida de un gran amor. La historia de Ruandi y Belina, un niño negro y esclavo, y una niña blanca y rica, con un ligero matiz autobiográfico, se hallaba latente en el corazón de Gerardo, dispuesta para ser contada.

Imagen: La Jiribilla

Eso hizo el Guiñol de Holguín, pues según el mismo creador del texto: “Miguel leyó en la obra su propia tragedia ante la muerte, y el resultado es hermoso, conmovedor y entretenido, como un testamento creativo y vital ante la pelona. Es la versión más personal que he visto  de las puestas en escena del texto y el mejor homenaje a sus 35 años de creada”.

Sea pues la vuelta de Ruandi, en los esplendorosos 41 años del guiñol holguinero, la constatación de que los jóvenes Ánika Sánchez, Anabel Pérez, Lorena Muñiz, Kareline Pérez, la propia Dania Agüero, Yuder Ortega, los compositores Maricela Miranda y Yunior Rodríguez, el diseñador Karel Maldonado, la asesora dramatúrgica de la puesta, María de los Ángeles Rodríguez, junto con los músicos de la Compañía Folclórica D´Okokán, seguirán el fino hilo de laboriosidad y arte dejado en sus manos por el querido Miguelito Santiesteban, un hombre que como el valiente niño imaginado por Fulleda, fue siempre a más, en pos del riesgo y la magia infinita del teatro de títeres.

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