Selección de poesía

Escalones

Yo me esconderé pero que no me

veas ¡oh Tiempo! por invisible

claro viajero. Yo te observaré

en tu intimidad, cuando crees

estar solo y desnudas el secreto

de tu huidiza transparencia.

Yo te adivino como prestidigitador

que saca algo donde parece no

haber nada, y puedes multiplicar

hasta el infinito las túnicas

color de aire, o color de agua,

y entonces quedarte inmóvil

en el mismo borde de la nada.

Allí te veo en la linde que no puedes

pasar

 

Aunque falte a tu vida...

 

Aunque falte a tu vida la paz, y la alegría

nunca te sonriese sobre el camino adverso,

que llene tu existencia siempre la poesía

como ha de rebosar el molde de tu verso.

 

Con los ojos cerrados busca el mundo en ti mismo;

la mujer que no has visto, la ciudad que no existe;

y, al abrirlos, tus ojos verán en espejismo

aparecer la vida como tú la quisiste.

No sentiremos nada de nuestro ser distinto,

y todo será unánime, el gusano y la flor;

y viviremos siempre sin salir del recinto

de la luz que proyecta nuestro sueño interior.

 

No cegará tus ojos el esplendor del mundo,

y pasarás, sonámbulo, absorto en tu universo,

mientras late tu alma en el ritmo profundo

que toma de la vida el alma de tu verso.

 

Nada sobre la Tierra te será indiferente;

mirarás a las cosas con mirada segura;

serás luna en la luna que baja hasta la fuente,

serás llama en la llama que sube hasta la altura.

 

Solo sabrás dos cosas: de amor y de belleza.

Lo demás... nada importa. Toda la vida es

amar; sentir lo bello; tener una tristeza

para que un alma hermana nos la curé después.

 

Bajo la alta soledad inmerso

 

A Gabriela Mistral

 

Bajo la alta soledad inmerso,

a la deslumbre del azul ufano,

el viento enseña el ala del reverso

toda ventana abierta sobre el vano.

 

Aquí, sobre este lado de antepecho,

índice al mar, cambiante en lo inseguro,

espejo inacabado, —ya deshecho

cristal de aire de contorno duro...

 

Todo este mar sin ti. Oreada y clara

al deslustre del agua sin sentido:

mudez que se desnuda en algazara

bruñida por arenas de sonido.

 

 

Allí —en lo no mío, en mí—

 

Allí, —en lo no mío, en mí—

estaba el paisaje. Sonaba la música.

—Catedral de recuerdos.—

Se borró el paisaje. Y pasó la música.—

Aquí mi paisaje; aquí, esta, mi música

en lo mío, en mí. ¡Montaña de olvido!

 

 

Mariano Brull Caballero: Poeta, diplomático, traductor y abogado cubano. Nació en Camagüey, el 24 de febrero de 1891. En 1913 se graduó de Doctor en Derecho en la Universidad de La Habana. Washington. Prestó servicio diplomático en EE.UU., Perú, Bélgica, España, Francia, Italia, Canadá y Uruguay. La llamada “poesía pura” tuvo en él un legítimo representante, mundialmente conocido, luego de que Alfonso Reyes adoptara su palabra inventada “jitanjáfora”, para denominar un tipo de manifestación tropológica propia de la época de las vanguardias. Falleció en La Habana el 8 de junio de 1956. Obras: La casa del silencio (1916), Poemas en menguante (1928), Canto redondo (1934) y Solo de rosa (1941), un libro de poemas traducidos al francés, Quelques poèmes (1926), dos libros de traducciones, los poemas monumentales Le cimetière marin (1930) y La jeune parque (1949) de Paul Valéry, y tres poemarios editados en ediciones bilingües francés y español, Poëmes (1939), Temps en Peine. Tiempo en pena (1950), Rien que... (Nada más que ...) (1954)

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