Antonio María Romeu

Josefina Ortega • La Habana, Cuba

Si bien es cierto que a este genio de la música cubana se le llama El Mago de las Teclas, Antonio María Romeu no solo fue un virtuoso del piano, sino también un destacado compositor, como lo demuestran sus criollísimos danzones, entre los que sobresalen: “La Danza de los millones”, “La Flauta Mágica”, “El servicio obligatorio”, “El barbero de Sevilla”, “La cleptómana” y “Tres lindas cubanas”, este último, de 1926, es el más famoso de los más de quinientos danzones que creó y el primero donde se tocó un solo de piano. Sin duda, mucho se debe a esta impresionante obra suya y a su muy personal estilo pianístico que el danzón lograra consolidarse como nuestro baile nacional.

Imagen: La Jiribilla

Por la calidad de sus composiciones, el músico francés Darius Milhaud se inspiró entre 1920 y 1921 en el danzón de Romeu “Ojos triunfadores” para componer una obertura sinfónica, y Amadeo Roldán trabajó en 1926 sobre algunas melodías del ya célebre danzonero en la parte final de “Fiesta negra” de los “Tres pequeños poemas”.

Es obvio que el apellido Romeu tiene glorias musicales eternas, en especial, gracias a esta reconocida personalidad de la cultura cubana, que nació el 11 de septiembre de 1876 en el poblado de Jibacoa — perteneciente hoy a la provincia de Mayabeque, limítrofe con La Habana—, donde inició sus estudios de música con el sacerdote Joaquín Mariano Martínez.

Muy pronto debutó como pianista en el Casino Español del poblado de  Aguacate, en el que se dice, interpretó por primera vez un danzón: “Cariño, no hay mejor café que el de Puerto Rico”. Al mudarse para la capital junto con su familia, en 1899, comenzó a trabajar, acompañado de un güiro, en el muy popular café La Diana, situado en la esquina de las calles Reina y Águila; en ese café, el joven Romeu compuso su primer danzón, “Ten Dollars o Ten Days”.

Con frecuencia se le atribuye a este singular músico la creación en Cuba del formato orquestal conocido como “charanga francesa”, ―llamado de este modo, se cree, al identificar “lo francés” como lo delicado y distinguido―, y cuya historia comienza ―según dicen―  cuando Romeu tocó, por primera vez, el piano en una agrupación danzonera, la de Leopoldo Cervantes, pues anteriormente las orquestas de este tipo se componían solo de flauta, violín, contrabajo, güiro y timbal.

En 1900, Romeu comenzó sus presentaciones en el café Manzanares; y en 1909 estrenó su danzón “El barbero de Sevilla”, en el que utilizó temas de la obra homónima de Rossini. Un año después  fundó su propia orquesta, con la que alcanzó gran popularidad tanto en Cuba como en otros países.

Infatigable promotor de nuestra música, sus discos grabados por las firmas Columbia y RCA Víctor, fueron galardonados en la Feria Internacional de Sevilla y en la Exposición de Filadelfia. Como arreglista, Romeu descolló por su labor de llevar a danzón notables canciones criollas de grandes de nuestra música, como Sindo, Corona y Villalón. En 1937 Barbarito Diez, “la voz de oro del danzón”, se incorporó a su orquesta, convirtiéndose con sus soberbias interpretaciones, “en todo un símbolo del danzón cantado”.

Es de destacar la presencia de Romeu en distintas emisoras de radio como la Voz de las Antillas, Progreso Cubano ―hoy Radio Progreso―, y RHC Cadena Azul, en esta última estrenó su “orquesta gigante”, llamada así porque a los instrumentos propios de la charanga francesa, le agregó la trompeta, el trombón de pistones y el clarinete.  Asimismo, en el cine también se pudo admirar su obra musical en la película Estampas Habaneras, estrenada en 1939, y en la que interpretó su imprescindible “Tres lindas cubanas”.

Este prominente músico falleció en La Habana, el 18 de enero de 1955. Por cierto, Antonio María Romeu es reconocido, además —al decir del musicólogo Radamés Giro—, “como el mejor danzonero que haya escrito para la flauta de madera de cinco llaves, pues sus danzones con solos de flautas se consideran un tratado de interpretación y ejecución de dicho instrumento; dos brillantes flautistas integraron su orquesta: Alfredo Valdés Brito y Francisco Delabart, (La Flauta Mágica)”.

Comentarios

Gracias por esta información, aunque me hubiera gustado que fuera mas extensa. Saludos.

Toda una instituciòn nacional el danzón cubano, del cual la musicologìa internacional, en especial la caribeña-antillana, tanta inspiraciòn obtuvo para celebridades criollas de la interpretaciòn danzonera y bolerìstica; ¡Bon Sort!! Affmo.- Jairo Tapia Tietjen- Valledupar, Colombia

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