Artes Escénicas

Estreno de Habanabama en Cuba: Posición ascendente

Alcestis Ascending, obra basada en el clásico griego de Eurípides, es la cuarta producción de Habanabama, un proyecto que se ha erigido como espacio de intercambio y confluencia entre dos tradiciones teatrales con diferencias bien marcadas en sus modos de hacer. En ella se reúnen la danza, el teatro, el rock y un mito clásico. La variedad es una fuente de recursos para esta compañía fundada en 2007 por el actor y director norteamericano Seth Panitch, de la Universidad de Alabama, con el apoyo del Consejo Nacional de las Artes Escénicas (CNAE) y William Ruiz como asistente de dirección.

Como ya es habitual en el trabajo del grupo, Alcestis Ascending aborda los intersticios de la condición humana, una cuestión tan universal que logra traspasar los límites que pudieran ofrecer el idioma y hasta la gestualidad propia de una cultura.

No obstante, los elementos que componen el montaje están pensados para la mayor consistencia de códigos comunes, de lenguajes compartidos.

La música suena a ritmo de rock and roll, que además de muchos otros epítetos, fue en la década de los 60 un fenómeno de masas. Fue compuesta exclusivamente para la obra por Tom Wolfe, vicedecano de Humanidades y Bellas Artes y profesor de Estudios de Jazz de la Universidad de Alabama, quien la interpreta en vivo.

Vestuario y escenografía son minimalistas; en esencia, elementos volcados hacia la agilidad del movimiento y la comodidad del actor, de modo que el público pueda concentrarse mejor en lo que por sí solos ellos transmiten.

El movimiento, por cierto, es otra de las peculiaridades en esta producción.

Cuando Seth Panitch regresó a Cuba para comenzar el montaje de Alcestis Ascending, observó al ex bailarín principal de Danza Contemporánea de Cuba, Osnel Delgado, en unos ensayos de esa compañía. “A él le impactó mucho la manera que tenían de moverse, cómo usaban el cuerpo allí, y se le ocurrió trabajar con una obra en la que se mezclaran el lenguaje danzario y el teatral, y que ambos pudieran funcionar como un todo”, cuenta William Ruiz, traductor y asistente de dirección del grupo.

Desde ese momento Osnel se convirtió en el coreógrafo de esta producción, la cual cuenta con ocho bailarines y siete actores cubanos, y ocho estudiantes de la universidad estadounidense. La mayoría de los actores de la Isla provienen del grupo Mefisto Teatro. Entre ellos se encuentran Rayssel Cruz, Alianne Portuondo y Roberto Salomón, quienes también han trabajado en las puestas anteriores.

El trabajo con los estudiantes es una constante por parte de Seth Panitch. “Me gusta trabajar con ellos, siempre lo hago”, dice el director. Para él los cambios que en ellos se producen son más profundos que en los actores profesionales, y por esa razón se regocija en participar de ese proceso de crecimiento. “Aunque el resultado final sea supuestamente mejor en los actores profesionales, sigo prefiriendo ese desarrollo; es más creativo. También disfrutamos trabajando juntos y eso nos impulsa a buscar cosas nuevas que hacer”, explica.

Habanabama, palabra que responde a la esencia del grupo, y que proviene de la fusión de los nombres de las dos ciudades que se interceptan en el proyecto (La Habana y Alabama), no es una novedad en Cuba . Durante 2011 se estrenó en la Sala Adolfo Llauradó Más que terapia, del dramaturgo norteamericano Christopher Durang. Era la primera vez que el grupo exploraba fuera de la universalidad de un autor como Shakespeare y conectaba con una experiencia actoral diferente, con códigos teatrales más contemporáneos.

Antes de eso solo habían montado El mercader de Venecia (2007) y Sueño de una noche de verano (2009), de ese autor. La idea, en palabras de Seth, era establecer un código conjunto de trabajo con obras bien conocidas, que permitieran seguir la historia a cualquier tipo de público, a pesar de que se montaron casi completamente en español y ambas se presentaron en Tuscaloosa, el Teatro Allen Bales de la Universidad de Alabama.

Pero Alcestis Ascending fue más allá. Fue hacia el Norte. Y logró cumplir el viejo anhelo de la compañía de salirse del ámbito académico e insertarse en un circuito teatral profesional como el de Broadway, Nueva York. Luego de seis años de trabajo, era tiempo de que Habanabama se probara en un espacio distinto del escenario habanero y el teatro universitario.

William Ruiz explicó que, “por la necesidad de experimentar y de estudiar otros públicos, Nueva York fungía como lugar ideal para probar lo que estábamos haciendo. Para mí esos espectadores eran un misterio. No sabía cómo podía reaccionar porque nunca había trabajado para él, y lo interesante fue que funcionó perfectamente. Se trata de personas muy difíciles de atraer porque hay muchas cosas sucediendo al mismo tiempo en la ciudad. Empezamos con 50 capacidades ocupadas de 100, y para la segunda semana estaba todo vendido”.

Él, que resulta una especie de puente entre el director y los actores, ha sido testigo de la imbricación y de la manera en que se han ido moviendo las visiones y en el entendimiento de la tradición en uno y otro “lado”.

Ruiz piensa que el “gancho” fundamental de Alcestis Ascending fue el propio hecho de la presentación de una compañía cubanoamericana en la Gran Manzana; “pero luego también influyó la manera en que funciona el bilingüismo [ya que la obra es mitad en inglés, mitad en español], pues hay muchas personas en Nueva York que hablan los dos idiomas y les interesó mucho ese tipo de trabajo”.

Según Lillian Manzor, directora del Programa de Estudios Latinoamericanos y del Archivo Digital del Teatro Cubano en EE.UU., son muy pocas las producciones cubanas que han sido presentadas en esa ciudad desde el triunfo revolucionario de 1959. En una de las entrevistas que ofreció durante la puesta de esta obra en la gran ciudad, publicada en la revista Cuba Contemporánea, la especialista comentó que se trataba de una “coproducción muy importante debido a su rareza”.

Una de las anteriores experiencias de este tipo fue la del compositor estadounidense Sage Lewis, quien produjo una obra en la que, mientras los actores norteamericanos estaban sobre el escenario, interactuaban con una grabación en la que aparecían actores cubanos.

El trabajo de Seth Panitch con Habanabama es, en cierta medida, el resultado del choque de dos maneras muy distintas de hacer teatro:

“Los norteamericanos se acercan mucho a lo que llamamos the inside out [de adentro hacia afuera]; tratan de entender qué es lo que pasa, emocionalmente hablando, y de ver cómo eso les hace reaccionar. Los cubanos trabajan distinto en varios sentidos. Aquí se toman grandes riesgos con las acciones y luego ven cómo estas les hacen sentir. Entonces, en muchos aspectos, trabajamos en direcciones opuestas, así que cuando estamos juntos se hace un poco de cada cosa”.

En el recorrido teatral de Habanabama hay una idea de progresión en el trabajo. Paso a paso, su director ha sabido transitar por etapas que sitúa a la compañía en una trayectoria evolutiva. “Primero nacimos con Shakespeare; ya trabajamos con Christopher Durang, el famoso dramaturgo norteamericano, y en esta ocasión trabajamos con un escritor muy poco conocido que es Seth Panitch —sonríe—. Quizás el próximo reto sea trabajar con un escritor cubano”.

Seth sabe que no hay una respuesta corta ni simple cuando a uno le preguntan por qué viene a trabajar a Cuba. Pero en todas sus variantes hay un hecho innegable: en el teatro no se dejan pasar los puentes, las puertas abiertas. Porque se camina, como Alcestis, por terrenos explosivos.

Probablemente nunca se dijo: “Quiero trabajar durante seis años en Cuba”. Quizá resultó bien y punto, sin explicaciones más fenomenales. “Y seguiremos trabajando hasta que, por desgracia, no tengamos más éxito. Lo seguiremos haciendo hasta que realicemos un pésimo espectáculo. Ahí sabremos que hemos terminado”.

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