Palabras en la inauguración de Cubadebate

La lucha por la verdad

Ricardo Alarcón de Quesada • La Habana, Cuba

Conozco a Fabián desde hace un montón de años. Vale la pena subrayar que en esa guerra que empezó en el 59, él ha sido un protagonista, un combatiente destacado de la Revolución cubana en la lucha contra la agresión norteamericana. Él ha sido, al mismo tiempo, un combatiente y un un hombre de pensamiento, que puso mucho de reflexión, de meditación en su trabajo. Ha investigado la historia que rodea todo este caso del magnicidio de Dallas y es, realmente, un autor de especial interés para el que se interese en estos temas que son tratados en sus libros.

La agencia EFE está distribuyendo hoy un despacho con las declaraciones del principal jefe de la FNCA, y dice: “Basta ya, la hora de Cuba es ahora”. No quiero decir nada que tenga implicaciones para esa historia tenebrosa de la cual hablaba Fabián, pero esta gente, que ha sido creación de la administración norteamericana y que tanto le deben, formula una declaración que es bastante preocupante: declara que es inaceptable la política con relación a Cuba, exigen al presidente Bush que cumpla lo que prometió, las promesas que hizo en mayo del 2002. Promesas que ustedes conocen porque son públicas y otras que seguramente se hicieron, no de manera tan públicas.

Digo esto porque suscribo las razones que llevaron a este grupo de periodistas cubanos a lanzar este sitio, que Randy acaba de exponer muy brevemente.

Dos noticias

Cuando me invitaron a decir algo aquí pensé que valía la pena compartir con ustedes un par de noticias. Son dos noticias porque el terrorismo mediático no solo es la calumnia, las campañas para distorsionar o denigrar a Cuba; es también la manipulación y el ocultamiento de la información.

Voy a empezar con un ejemplo, y rindiendo homenaje al presidente Bush. En estos días todo el mundo habla de 16 palabras que él tuvo el infortunio de incluir en el discurso del Estado de la Unión del 28 de enero del 2003. Dieciseis palabras que han dado la vuelta al mundo, porque ha quedado demostrado y reconocido que él estaba diciendo una mentira para justificar la guerra.

Quisiera saber quién, en este mundo —incluso ahora que todo el mundo habla de ese discurso—, se ha tomado el trabajo de detenerse unos segundos en esa exposición y en esos instantes en que él tuvo un momento de una franqueza inaudita.

Se ha hecho un gran escándalo y todo el mundo opina sobre esas 16 palabras, que usó para reconocer que en EE.UU. y en el mundo occidental y cristiano se practican ejecuciones extrajudiciales (“Muchos otros han tenido un destino diferente”, o sea, no están prisioneros pero… “ya no son un problema”). De eso, que yo sepa, solamente ha aparecido el artículo principal de la edición The New Yorker, unos pocos días después del discurso. Ha sido la única publicación en EE.UU. que se hizo eco y denunció lo que significaba, algo que, como decía la revista, desde los tiempos de Hitler no se solía reconocer públicamente, y con toda modestia tengo que decir que el periódico Granma también publicó un articulito sobre el asunto, que yo escribí sobre ese tema.

Nadie se ha tomado el trabajo de denunciar, de condenar. Hay un desfile de políticos norteamericanos hablando de las 16 palabras, y de las veintitantas en las que el presidente de los EE.UU. reconoció que en su país y en los países aliados del occidente cristiano, tan humanitario, se practican las ejecuciones sin juicio previo. Nadie leyó The New Yorker, nadie leyó Granma, pero ahora todo el mundo está leyendo el discurso del “pobre” Bush para explotar su mentira. Sin embargo, nadie se fija en la gran verdad que tuvo el coraje de decir en ese mismo discurso.

Digo esto como un ejemplo que sigue teniendo todos los días el infortunio de ser algo convertido en noticia, pero que es parte de esta batalla del sitio que los compañeros han iniciado y que tiene un propósito realmente ambicioso pero debe ser así, hace falta mucho debate, hace falta que los cubanos tengamos la oportunidad de emplazar a otros a que lo hagan.

Carta del Departamento de Justicia

La segunda noticia es esta, sobre la situación de los Cinco. Esta es una carta del Departamento de Justicia, que tampoco es noticia a pesar de que es pública, donde se ratifica oficialmente la decisión norteamericana de no darle las visas ni a Olga Salanueva ni a Adriana Pérez O’Connor para que visiten a sus maridos en EE.UU.

Eso no es nuevo. Lo nuevo es quien firma la carta, Guy A. Lewis, este era el jefe de la Fiscalía del Sur de la Florida, el que dirigió la acusación contra los compañeros, el que organizó la farsa judicial que los envió a prisión y el que hizo muchas cosas más: argumentó ante el tribunal para proteger a los terroristas; el que se abrazó con Basulto; el que se fue a tomar tragos a los bares de Miami después que los compañeros fueron condenados, con esos mismos personajes que aparecen en el libro de Escalante, en el artículo de Cubadebate, personajes que nos han acompañado en estas cuatro décadas.

Fue este mismo Guy A. Lewis quien le pidió por escrito al tribunal que condenase al esposo de Olga Salanueva y hermano de Roberto González (abogado) a esa sanción que solo a un régimen terrorista se le puede ocurrir, que es prohibirle a ese ciudadano norteamericano, ponerle como una condena especial la prohibición de “visitar los lugares donde se sabe que están o frecuentan los terroristas”.

Pero no fue a buscar a los terroristas, no fue a arrestarlos, sino que condenó a una persona que nació en EE.UU. a ese insólito castigo. Él también es el mismo fiscal que, por escrito, le pidió al tribunal de Atlanta que modificase la acusación que él había formulado contra Gerardo Hernández, en un documento que nadie publica, pero que es público.

Hay que visitar el sitio www.antiterroristas.cu para encontrarlo, a pesar de que, como el mismo Guy dice, eso que él estaba haciendo carecía de antecedentes, que nunca antes se había hecho en los EE.UU. de América, que era retirar al final el cargo principal, el más grave. Él sabe que tiene preso a René González y que lo tiene además condenado a que después que cumpla su tiempo de prisión no pueda osar hacer nada contra sus terroristas, a los cuales su gobierno apaña, protege y defiende.

Tiene encerrado a Gerardo Hernández a perpetuidad por un crimen que no cometió y que además no lo podía probar. Este mismo señor le comunica a una de las tantas organizaciones o personas que se han interesado por la visa de Olga y Adriana, que la política es no dárselas.

Comunica ahora esta decisión porque ya no es el fiscal del sur de la Florida, ahora es el brazo derecho de John Ashcroft, promovido por sus grandes méritos, porque aplicó la justicia del régimen terrorista y patrocinador del terrorismo. Ahora es nada más y nada menos que el segundo hombre de uno de los departamentos esenciales del régimen que, entre otras cosas, practica el terrorismo.

La lucha de hoy por la libertad y la democracia es una lucha también por la verdad. Todo lo que se pueda hacer para exponerla, para ofrecer información alternativa frente a los que la manipulan o la ocultan, es una tarea realmente de la mayor importancia. Por eso es que yo saludo a los compañeros que han lanzado este sitio y les auguro los mayores éxitos, porque van a cumplir lo que es una demanda vital de la humanidad.

Muchas gracias

Palabras en la inauguración de Cubadebate, 5 de agosto del 2003.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato