Una conversación en el éter

Mis colegas generacionales, en su gran mayoría, sienten un placer mayúsculo al disfrutar el olor de la tinta impresa en un periódico o una revista. Yo lo experimento aún; pero la modernidad, pujanza y posibilidades del ciberespacio han convertido al periodismo digital en un amante apasionado y deseado, mientras el impreso es el esposo adorado.

Llegué a esta convicción gracias a La Jiribilla, cuando comprobé que textos míos aparecían en cualquier sitio de la geografía mundial, incluso traducidos. Pero con Cubadebate disfruto de una retroalimentación que no existe en ninguna otra web —escribo para varias—, porque no cuentan con esa “bend