Una conversación en el éter

Mis colegas generacionales, en su gran mayoría, sienten un placer mayúsculo al disfrutar el olor de la tinta impresa en un periódico o una revista. Yo lo experimento aún; pero la modernidad, pujanza y posibilidades del ciberespacio han convertido al periodismo digital en un amante apasionado y deseado, mientras el impreso es el esposo adorado.

Llegué a esta convicción gracias a La Jiribilla, cuando comprobé que textos míos aparecían en cualquier sitio de la geografía mundial, incluso traducidos. Pero con Cubadebate disfruto de una retroalimentación que no existe en ninguna otra web —escribo para varias—, porque no cuentan con esa “bendita” posibilidad de conocer qué piensan los lectores acerca de lo que escribes. No puedo asegurarlo con certeza, pero considero que Cubadebate sino fue pionero en estas lides de publicar las opiniones de los destinatarios, ha sido de los primeros en nuestro país en hacerlo.

Es el sitio con mayor visibilidad en Cuba, esto permite que se amplifiquen nuestros textos en otras páginas; pero, sobre todo, le da la posibilidad al periodista de responder algún criterio vertido en su contra o a favor. He aprendido muchísimo de la retahíla de comentarios que, fundamentalmente acerca de la televisión, han publicado personas de mi querido archipiélago o de diferentes latitudes. Si se trata de una entrevista y la persona quiere agradecer un elogio o replicar, también puede hacerlo. Esta oportunidad es la mejor muestra de lo que se consigue con un sitio digital siempre que se aprovechen todas las bondades que ofrece la web 2.0.

En mi caso particular, he tenido la suerte de hacer nuevas amistades. Una de ellas, que se comunicó conmigo para saber si yo era la autora del libro Moro,  el gran aguafiestas, devino suerte de centro de un círculo de amigos, actualmente en los treinta y tantos años de edad, que se acercaron a Marx gracias a mi librito. Si Cubadebate solo me hubiera posibilitado la maravilla de encontrar a los lectores de un libro, precisamente sobre marxismo, 20 años después de publicado, valdría la pena publicar en sus páginas, porque esos jóvenes que fueron mis lectores siendo adolescentes o niños, conocieron de otra manera a Marx.

Hoy, cuando se le pide a la prensa que acompañe el proceso de fortalecimiento del socialismo, Cubadebate tiene el alto compromiso, por la repercusión que alcanza, de publicar trabajos que se adentren en los problemas de nuestra sociedad, textos que generen polémica y en las que intervengan, ¿por qué no?, ministros y otros funcionarios para que respondan o acepten su responsabilidad, a manera de una conversación en el éter.

Por supuesto, sé que en Cuba todo el mundo no tiene la posibilidad de entrar a este ni a ningún otro sitio digital; pero para quienes tienen ese acceso, Cubadebate está obligado a luchar “por cambiar todo lo que tiene que ser cambiado”.

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