Teatro de Las Estaciones, hace 19 años…

Imagen: La Jiribilla

En cada país del mundo
hay un teatro pequeño,
que sin dudarlo un segundo
hace realidad tus sueños
.(1)

Teatro de Las Estaciones arribará el 12 de agosto de 2013 a su  cumpleaños número 19. Andando y andando llegamos a las puertas de los 20 años. Aún nos mantenemos juntos varios de los fundadores. Saludamos desde nuestra experiencia el advenimiento de caras jóvenes en nuestra familia. Muchachos y muchachas con nuestros mismos sueños, llenos de ilusiones en un tiempo que marca un ritmo de 300 kilómetros por hora. Crear para el teatro de títeres, mantenerlo a salvo en un planeta globalizado, interactivo y virtual es nuestro principal objetivo. Conseguirlo de manera consagrada y digna será dar continuidad a la tradición titiritera de la provincia y del país, conservar la mirada en el camino, viviendo en una isla deseosa de dialogar con el mundo.

Si algo hemos sabido ser a plenitud en estos 19 años, es ser felices. Nunca hemos creído que la prosperidad se concentre solamente en el éxito de nuestras producciones, de nuestra gestión económica y cultural. Hay muchas cosas tan importantes como el triunfo o la victoria en un lance escénico. Dice el refrán popular que “obtendremos de la vida lo que depositemos en ella”. Y ahí vamos. ¡Qué placer inmenso el haber compartido, como amigos y artistas, momentos inolvidables con grandes maestros del retablo y las tablas —los presentes físicamente y los que siguen viviendo con nosotros desde su órbita luminosa y eterna! Plasmar el acontecer del titiritero cubano en libros, documentales, conferencias, exposiciones y talleres nos ha hecho crecer, alcanzar una trayectoria vital signada por el orgullo y el respeto hacia nuestro linaje teatral.

Nuestra memoria va de Emilio Bacardí a Charles Perrault, de Lorca a los cantares del Trío Matamoros, del verbo criollo de Dora Alonso a la poesía de Javier Villafañe, de la exquisita música de Prokofiev y Debussy a la imaginación de Norge Espinosa, desde Andersen y José Martí, siempre necesarios, al caudal literario de René Fernández. Esos autores y otros creadores del universo de la plástica, el cine, la danza, la música y la literatura han dejado sus huellas en el sendero de nuestro jardín, florecido en todas las estaciones del año, sembrado con ahínco por los jovencísimos Freddy Maragotto, Melba Ortega y Arneldy Cejas en aquellas primeras incursiones de 1994, más el aporte de teatristas de otras agrupaciones provinciales y nacionales, artistas del Circo Nacional de Cuba, la siempre fiel Liliam Padrón (aún responsable de nuestros movimientos coreográficos), el apoyo inestimable de Mercedes Fernández y Cecilia Sodis, los niños aficionados, Zenén Calero y su tenaz paleta de color. Farita Madrigal y Migdalia Seguí, las damas constantes de nuestra casa. Una nueva hornada de actores y actrices mozos (se mantienen activos en nuestras filas Iván García, María Laura Germán, Karen Sotolongo y Luis Toledo), que defienden el poderío del retablo en interacción con las figuras de tela, papel y cartón, sin miedos, ni complejos de apostar por un teatro que algunos desconocedores creen preterido y subvalorado, sino conscientes de que con muñecos podemos revivir lo mismo la novela Cecilia Valdés, de Villaverde, que la biografía sui generis de Bola de Nieve. Acompañar con títeres e imágenes audiovisuales la bellísima voz de Bárbara Llanes o mezclarnos en vivo con grabaciones de los Camejo y Carril, en un toma y daca que le devuelve la vida a un arte patrimonio de la humanidad, con raíces milenarias en Asia, Europa, África y América Latina.

En este teatro chiquito
los niños buenos se encantan
Son títeres sus amigos:
Títeres que hablan y cantan
. (2)

En España, Francia, Italia, México, Costa Rica, Venezuela, República Dominicana, Uruguay o los Estados Unidos hemos depositado en museos, fundaciones o archivos de la herencia, una réplica del títere cubano Pelusín del Monte. Dejar allí al cubanito de sombrero y guayabera, es contribuir a extender por la tierra la gracia guajira de este niño, que lleva en la piel y sus cabellos el sol del Caribe.

Hace la friolera de 19 años no contábamos con que conoceríamos personalmente a Carucha Camejo, maestra de maestros; ni en conversar frente a frente con el maese argentino Héctor Di Mauro, alumno de Don Javier Villafañe; ni tener aplaudiendo en el público a la mexicana Mireya Cueto, directora, diseñadora, dramaturga, y ejemplo ella misma de la fuerza de esta manifestación en nuestro continente. Abrazar, tras un estreno, a Dora Alonso; saber que Rolando Arencibia, el primer director del Guiñol de Matanzas, era firme seguidor de nuestras andanzas dramáticas; o contar con los consejos y el amor de Inés María Martiatu, Freddy Artiles o Iván Jiménez, por solo citar a los que dijeron adiós; todo eso nos ha dispuesto de armas maravillosas para intentar la más arriesgada aventura.

Estamos al cerrar una serie de cinco cuentos clásicos que se inauguró con mi versión “Un gato con botas”, sobre el cuento de Perrault, de 1995; continuó con “La caperucita roja”, de Modesto Centeno, en 2001; se enriqueció con “El patico feo”, poema musical de Norge Espinosa sobre la narración de Andersen, estrenado en 2006; luego “Pinocho corazón madera”, versión también de Espinosa sobre la historia de Collodi, de 2011. “Alicia (En busca del conejo blanco)”, versión mía sobre la noveleta del británico Lewis Carroll, anudará el lazo de ese ciclo los próximos 17 y 18 de agosto en la Sala Pepe Camejo, nuestro cuartel general en Matanzas.

“Alicia…” es una narración clásica conocida, que se hace eco hoy en día de asuntos cotidianos tamizados por la fantasía, de cuestiones que nos arrancan un sinfín de preguntas. ¿Cómo llevar a la escena, en época de tecnologías avanzadas y elucubraciones superficiales la historia de una niña que sueña cosas sin sentido? Técnicas de animación habituales, canciones y pasajes musicales con aires tradicionales y contemporáneos, movimientos corporales vibrantes, acordes con los de una infanta que delira, nos conducen hasta una Alicia vieja y nueva, que salta de su puntual referencia para vivir en el teatro de títeres otra vida.

Este estreno será nuestro regalo de cumpleaños para el público que acude a nuestro encuentro, en tiempos donde muchos no quieren depositar nada en la vida, olvidando que ella, generosa a mares, es la fuente generadora de todo.

El señor titiritero
con él te invita a pasear
por el mundo de los títeres
¡Y no querrás regresar!
(3)

(1, 2,3) Versos del poema “Un mundo lleno de títeres”, de la joven dramaturga María Laura Germán, actriz del Teatro de Las Estaciones.

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