Nelson Valdés:

A la mitad del mundo

Joaquín Borges-Triana • La Habana, Cuba

Aunque parezca algo ilógico, cada vez con más fuerza me pregunto para qué las disqueras cubanas graban discos. Dado el escaso interés que —según las apariencias— en no pocas ocasiones se pone en promocionar y comercializar el fonograma después de salido de fábrica, no puedo menos que llegar a la conclusión de que en muchos casos todo se hace solo por cumplir con un balance de géneros y estilos al grabar y en consecuencia, estar en condiciones de que en determinados foros públicos se pueda levantar la bandera de que se ha actuado acorde con lo “políticamente correcto”.

Cierto que para el artista beneficiado con un fonograma, tal acción resulta una bendición pues le permite dejar plasmado para la posteridad su quehacer, pero por las propias palabras de muchos músicos con los que he hablado, los sueños que tenían antes de grabar su CD, se desvanecen con suma velocidad al ver que al salir el álbum al mercado no pasa nada, ni tan siquiera un elemental concierto de presentación del material, para no referirse ya a la total ausencia de una campaña promocional a fin de ayudar a la posible venta del fonograma. Así, puede asegurarse que la mayoría de los discos nominados al premio Cubadisco e incluso muchos de los galardonados en las distintas categorías y hasta con el Gran Premio del certamen, son desconocidos por el público al que en teoría se dirige dicho producto cultural y/o comercial.

Justo lo anterior sucede con el álbum titulado A la mitad del mundo, grabación del cienfueguero Nelson Valdés y que estuviese nominado en el acápite de trova durante la más reciente emisión de Cubadisco en mayo del actual 2013. En el panorama de la Canción Cubana Contemporánea, él no es ya una promesa de la cancionística nacional sino una voz madura, compositor de varias piezas dignas de incluirse en una selecta antología de la obra que hoy llevan adelante los más jóvenes juglares de nuestra tierra, algo que se comprueba al escuchar este fonograma que ahora el cantautor nos entrega a través del sello Bis Music.

Hacedor de una cancionística que por igual puede resultar profundamente lírica, como sucede en piezas al corte de “Labios en cruz”, “De barcos”, “Entre tus ojos”, “Solo quiero verla” y “Mi ciudad”, o de un aire marchoso y cercano a la más auténtica gozadera, digamos por caso los temas “Al frente”, “Besitos de escalera” y “Aires de milagro”, Nelsito, como lo nombramos todos los que le hemos visto desarrollarse como persona y creador musical, resulta un ejemplo de que en Cuba las oleadas de cantautores se producen una tras otra porque no es cuestión de moda la aparición de personas interesadas en defender una poética desde la guitarra y actuar como cronista de su tiempo u opinión pública que no persiste en el empeño de reflejar el medio circundante.

Empero, pese a los valores que se le reconocen a canciones como las antes mencionadas, registradas en el CD A la mitad del mundo junto a otro puñado de piezas, como la titulada “Luna cienfueguera”, interpretada en precioso dúo con el trovador santiaguero Eduardo Sosa, el aludido fonograma es como si no existiera, dos años después de haber sido grabado, algo que tristemente no es la excepción sino la regla.

Así pues, nadie podrá pararse en un evento como el venidero congreso de la Asociación Hermanos Saíz y decir que a los jóvenes trovadores no se les graban y editan discos, porque ahí mismo un funcionario de la ¿industria musical cubana? al hacer uso de la palabra, leerá una lista en las que se mencionen este y otros álbumes como muestra de lo erróneo del planteamiento del compañero delegado al congreso. A fin de cuenta, fonogramas como el de Nelsito y otros tantos más son realizaciones concretas, ejemplos del cumplimiento del plan de producción de nuestros sellos discográficos, aunque ni suenen ni se vendan. Total, Liborio paga.

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