Palabras de Ricardo Alarcón de Quesada en el Acto de Otorgamiento de la Orden de la Amistad de la República de Cuba

Saul Landau merece este reconocimiento y mucho más. Amistad sincera, auténtica, ilimitada, ha entregado él a nuestro pueblo a lo largo de toda su vida. En su temprana juventud abrazó las ideas revolucionarias y nunca las abandonó: las sostuvo siempre, alejado de cualquier dogmatismo o de deformaciones burocráticas o sectarias. Ha sido amigo fiel desde los ya lejanos días de la Revista Ramparts y Studies on the Left, hasta Progreso Semanal y su intensa participación en la lucha por la liberación de nuestros cinco compañeros injustamente castigados por luchar contra el terrorismo.

Saúl recibió en 2008 la importante condecoración Bernardo O’Higgins que le entregó Chile por su defensa de los derechos humanos. Cosecha también la gratitud y el homenaje de los indígenas de Chiapas y Centroamérica, de los palestinos y los árabes, de los esclavizados por las maquiladoras y de los inmigrantes, los pobres, los discriminados y perseguidos en los pueblos de Norteamérica.

Su creación intelectual es vasta y multiforme. Ha escrito 14 libros, incluyendo uno de poemas, y está por salir de la imprenta su novela Stark in the Bronx; ha publicado miles de artículos y ensayos; a él se deben 14 documentales sobre diversos conflictos y problemas sociales, históricos y políticos, que incluyen su reportaje a Fidel en los años 60 y uno más reciente, dedicado a los Cinco, sobre el terrorismo anticubano. Su voz se escuchó en incontables conferencias, actos y entrevistas, siempre luchando por la verdad y la justicia, portavoz de los oprimidos, los ignorados, los humildes. Una obra admirable iluminada por el estilo de un artista verdadero, investigador sagaz, de pensamiento lúcido, independiente, pero comprometido a fondo con el mejoramiento humano. Gracias a él, el mundo pudo escuchar a Gerardo Hernández Nordelo reclamando justicia desde su solitario confinamiento en la prisión del desierto donde tantas veces lo ha visitado Saul. Cada visita se ha transformado en brillantes trabajos periodísticos, que impulsan la batalla por liberar al hombre a quien hoy le une una entrañable amistad.

Profesor Emérito de la Universidad Estatal de California en Ponoma y Vicepresidente del Instituto de Estudios Políticos, su obra le ganó premios y distinciones. Entre otros el Premio Letelier-Moffit de Derechos Humanos; el George Polk, por Reportaje Investigativo; así como el Edgar Allan Poe, por Asesinato en Embassy Row, con el que descubrió plenamente el asesinato de Orlando Letelier y Ronni Moffit; también alcanzó un Emmy por su documental “Paul Jacobs and the nuclear gang”; un Golden Apple, por “The sixth sun: mayan uprising in Chiapas”; el Roxy, por “We don’t play golf here”. Además obtuvo los primeros premios en muchos festivales cinematográficos por sus trabajos sobre Fidel Castro, Salvador Allende y el Subcomandante Marcos.

A Cuba se vinculó desde sus días de estudiante. Colaboró en 1960 con C. Wright Mills, en la preparación de “Listen Yankee”, memorable texto que dio a conocer a millones la verdad de la Revolución Cubana y acompañó al maestro hasta el final en medio del odio y las amenazas que contra Mills y su obra desató el Imperio y la mafia batistiana. Desde aquellos tiempos, hasta “Que el verdadero terrorista, por favor, se ponga de pie” y sus frecuentes viajes a la prisión de Victorville para entrevistar a Gerardo y rescatarlo del olvido, Saul ha sido un ejemplo insuperable de solidaridad y altruismo.

De él dijo Gore Vidal: “Saul es un hombre a quien me gusta robarle ideas”. Grande ha sido su contribución a la lucha para vencer a la tiranía mediática que impone por todas partes la ignorancia y la desinformación.

Pero la suya no fue sólo labor de gabinete ni tampoco sus riesgos se redujeron a los que asume un reportero cubriendo situaciones conflictivas. Saul va mucho más lejos. Él es un verdadero combatiente sin más armas que su talento y su integridad intelectual.

Con esas armas desafió a los terroristas batistianos y las empleó medio siglo después contra los matarifes de la Operación Cóndor. Con ellas desenmascaró a los asesinos de Orlando Letelier y no vaciló ante el anuncio de que él sería la próxima víctima.

Sin perder jamás la alegría, la jovialidad, el espíritu juvenil. Para Saul la Década del Sesenta nunca terminó. Con él pervivió el idealismo y la rebeldía de aquella generación. Eso, sobre todo, nos obliga a eterna gratitud. No habrá despedida. Seguiremos con él y él vivirá en nuestros corazones, hasta la victoria siempre.

La Habana, 7 de agosto de 2013.

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