Noel Gorgoy, amigo y músico inolvidable

Rubén Darío Salazar • La Habana, Cuba

Imagen: La Jiribilla

Hacer música para el teatro de títeres es una especialidad singular: crear sonidos y silencios para ser parte de un espectáculo dramático, componer para que canten los muñecos desde su armazón de tela, madera y cartón, o para los actores en interacción con estos, subrayar aquí y allá una atmosfera mágica, lírica o aventurera.

Admiro y respeto a esos artistas que se han consagrado a escribir partituras para el retablo. Autores musicales cuyas armonías se reconocen no más abrirse el telón, y no por ser repetitivas o similares, sino por poseer un sello de pertenencia, de amor entrañable hacia un mundo de imposibles.

Entre los que aún permanecen componiendo, puedo recordar nombres como los de Augusto Blanca (Teatro de Muñecos Okantomí), Luciana Suárez (para su Teatro Chichiricú o para otros colegas), Raúl Valdés y Elvira Santiago (ambos compositores de las bandas sonoras de Teatro Papalote o Teatro de Las Estaciones), entre otros autores que responden al crédito de música original para un montaje titiritero.

En un lugar especial debo situar al trovador pinareño Noel Gorgoy, dedicado por más de 30 años a escribir música para al teatro dedicado a los infantes. Su nombre, tan rítmico como su personalidad bohemia y campechana, acaba de inscribirse el 10 de agosto en el bronce de los que dicen adiós y pasan a formar parte de los afectos y nostalgias de la historia de nuestras tablas.

Recibí la tristísima noticia de su fallecimiento por vía de Luciano Beirán, el director general del grupo Titirivida, de Pinar del Río, su compañero de múltiples andanzas teatrales. Hace una semana que padecía debido a un accidente ocurrido en su casa. Todos los que lo conocimos vamos a extrañar su guitarra, sus canciones y su apretón de mano sincero. Nunca lo oí hablar mal de ningún colega o intrigar en su contra, ni siquiera hacer chistes fuera de lugar. Era el típico cubano franco y directo, amante de la belleza femenina y del encanto indefinible de los títeres.

Fundador de la Nueva Trova en Vueltabajo, inició su carrera musical a principios de los años 70, como miembro del Grupo de Teatro para Jóvenes y Niños de Pinar del Río, posteriormente nombrado Caballito Blanco. Cada vez que escuchaba sus melodías, ya sea las concebidas para El cangrejito volador, el cuento teatralizado de Onelio Jorge Cardoso o El caballito enano, de Dora Alonso, le preguntaba que cuándo me iba a dejar escuchar sus temas ajenos al teatro. Siempre pensé que alguien que componía con esa fuerza estremecedora y transparente para el público infantil, debía tener canciones para adultos transidas por la misma vibración. No pudo ser, la vida no lo quiso. Es un privilegio que habrán tenido otros y que yo sanamente envidio, conformándome con los encuentros afectuosos que tuvimos cuando nos encontrábamos en un festival u otro evento de las artes escénicas nacionales.

Lo recuerdo haciendo sus intentos como actor titiritero en su integración, en 1994, al destacado grupo Titirivida. Era como un niño que hacía teatro y a la par nos regalaba los más hermosos pasajes musicales que se hayan imaginado para vivificar a seres inanimados. Siempre vivió de espaldas a concursos y premios.

Para Noel, el mayor galardón era el aplauso de la grey infantil y el respeto y la admiración que le profesábamos sus compañeros de trabajo. La última vez que nos vimos estaba en vías de jubilación, no de retiro. Quería mezclar cuentos con canciones, seguir en la lucha por la dignificación de la cultura, trabajar para lograr el reconocimiento hacia la labor de los músicos.

Tengo ahora mismo en los oídos sus tonadas para la obra Un girasol pequeñito, de Salvador Lemis, presente en 10mo. Taller Internacional de Títeres de Matanzas, en 2012, canciones con una mezcla poética entre triste y alegre.

Se que fue el coautor de la pieza Los tres deseos, el último estreno de Titirivida, un texto inspirado en el cuento bíblico El rico y el pobre. Curiosa coincidencia en la despedida de un hombre pobre en arrogancia y rico en humildad, nuestro Noel Gorgoy, amigo y músico inolvidable.

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