Chamakovich y sus nostalgias

Dainerys Machado Vento • La Habana, Cuba
Fotos cortesía de Darwin Fornés
 

Lolek & Bolek, un conejito con orejas a cuadro, Cheburaska, la Liebre e incluso el Lobo, que siempre advierte amenazante que la próxima vez “me las pagarán”, vuelven a ocupar por estos días el imaginario de cubanas y cubanos. “Los muñequitos rusos”, como hace años fueron bautizados en esta Isla, nos devuelven con sus imágenes planas y escasos colores la nostalgia por una época pasada.

Es que “no son solo rusos”, como nos recuerda Yenela Miranda, especialista del Taller de Serigrafía René Portocarrero. De Polonia y de Hungría también llegaban a la pantalla de nuestros televisores estos animados que hoy ilustran bolsas y pulóveres impresos en el Taller, gracias a su proyecto de verano, esta vez con el sugerente título de Chamakovich.

Imagen: La JiribillaChamakovich concibió cinco diseños de pulóveres.
 

Otro Darwin es responsable de este nuevo eslabón en la cadena evolutiva de esos animados. Darwin Fornés Báez es el joven diseñador a quien se le ocurrió asumir este pedacito de historia contemporánea en función de la campaña que tradicionalmente produce el Portocarrero para la Feria de Artesanía Arte en la Rampa.

Yenela lo secundó en la propuesta. Le ayudó a encontrar el nombre, mezcla de fonéticas distintivas del español y del ruso. Y ahora los dos se confiesan sorprendidos ante la aceptación del producto, que previeron, pero no en toda su dimensión. “Los pulóveres que tenían impresos a Lolek & Bolek se agotaron el mismo día del lanzamiento de la campaña. Y muchas personas pasan por el stand preguntando cuándo imprimiremos más”, cuenta Fornés.

El diseñador asegura que disfruta mucho el efecto que la vuelta de estos personajes ha provocado en la gente. “Cuando me pongo uno de los pulóveres, me preguntan dónde lo conseguí, se entusiasman. Muchas veces terminan hablando de su infancia. Me gusta que Chamakovich sirva de vehículo hacia esos recuerdos.”

“La idea surgió hace pocos meses”, rememora el creador. “Me abrí una cuenta en Facebook y comencé a recibir esporádicamente fotogramas de muñequitos rusos e imágenes de objetos del universo infantil de entonces. A juzgar por la cantidad de visitas y de ‘likes’ que recibían las fotos en la web, me di cuenta de que no solo despertaban mi nostalgia y la de mis amigos.”

Imagen: La Jiribilla
Darwin Fornés ideó y materializó el proyecto.
 

Una línea japonesa de objetos de escritorio y varios blogs dedicados a los animados producidos en la antigua Unión Soviética, le confirmaron sus sospechas de que el producto podría tener éxito también en Cuba, donde varias generaciones de cubanas y cubanos crecieron viendo los conocidos como muñequitos rusos, entre los años ‘60 y ‘90 del pasado siglo.

De las estéticas y los personajes

Crear Chamakovich no fue tan fácil como cortar y pegar la foto de los animados en bolsas y pulóveres. Aunque desde su gestación, la idea de Darwin era que los personajes permanecieran fieles a sus diseños originales, debía hacer que funcionaran en sus nuevos soportes. Para ello tuvo que estudiar su gestualidad original, su gama cromática, y terminar redibujando a la mayoría.

Imagen: La Jiribilla
Las bolsas aún están disponibles en Arte en La Rampa.

 

“El personaje de Cheburaska es un muñeco tridimensional, animado en la técnica stop-motion. No lo recordaba tanto como al Lobo y la Liebre, porque se transmitió más durante los años ’70. En su caso específico el reto estuvo en hacer una ilustración plana que recreara su volumen y textura”, confesó el diseñador. Mientras, la decisión de imprimir a Lolek & Bolek en escala de grises tuvo que ver con los escasos colores de su concepción original, y con que la mayoría de los televisores de los hogares cubanos fueron en blanco y negro hasta avanzados los años ‘90.

En todos los diseños se incluyeron letreros asociados a la presentación de los muñes, con los caracteres y el idioma de origen. Esto se debe a que para sus creadores “es muy común que los valores visuales de la tipografía sean obviados”. No quisieron que pasara lo mismo con Chamakovich. “Me perecieron letras atractivas, muy coherentes con la identidad de los personajes que representaban y estaban ligadas a mi recuerdo personal”, rememora Darwin.

Los muñes se robaron el show

“Hoy los niños andan hoy con pulóveres de Bob Esponja, y sus implementos de escuela están llenos de símbolos. Nosotros no tenemos en ningún soporte las imágenes que marcaron nuestra niñez. Precisamente por cambiar eso nos parecía tan atractivo este proyecto”, asegura Miranda, graduada de la carrera de Historia del Arte en el año 2008.

Imagen: La Jiribilla
El día de la presentación de Chamakovich, el público agotó algunos de sus productos.
 

“En realidad los muñequitos rusos se robaron el show”, confiesa Darwin, quien originalmente propuso una campaña que incluía imprimir también imágenes de otros objetos importantes para quienes fuimos niños en los años ‘70 y ‘80. La carátula de las libretas que repartían en las escuelas y el stereobox, aquella especie de caja mágica para ver los fotogramas de las películas animadas, fueron las elegidas finalmente para cohabitar las bolsas y los pulóveres juntos a los animados.

Después del lanzamiento de Chamakovich el 19 de julio pasado, Darwin halló “en algún sitio web en Internet comentarios que afirmaban que la sociedad cubana tenía el vicio de usar símbolos extranjeros. Pero pienso que los cubanos sienten los muñes rusos como suyos no como algo ajeno. El interés por ellos no es interés por el vínculo cubano-soviético, es añoranza por la infancia, pura nostalgia.”

Yenela lo secunda en este criterio. Para ella la sociedad actual es tan globalizada, que los límites entre los símbolos de una u otra nación a veces se diluyen. “En Cuba las personas adoran a Elpidio Valdés, si mañana hacemos una campaña con la imagen de ese animado tendría la misma aceptación que Chamakovich. Al menos en este caso, no creo que se trate de una crisis de símbolos nacionales, sino de la relevancia de ciertos símbolos en la historia personal de cada individuo”.

Imagen: La Jiribilla
Fornés redibujó a la mayoría de los personajes.
 

Los animados producidos en la ex Unión Soviética tenían personajes valientes y humanistas, sus historias no eran estrictamente lúdicas. Para Darwin este segundo nivel de lectura asociado a sus discursos ha influido en la mala fama adquirida por este producto audiovisual al paso del tiempo. “Para los adultos de la época eran símbolos de una disertación sobre la actitud del hombre nuevo, para los niños eran diversión”.

Según él “recordar a los muñequitos rusos como un castigo ha sido una idea que los humoristas han hecho muy popular entre los cubanos”, pero la elevada aceptación de Chamakovich muestra que la nostalgia es el auténtico sentimiento que despiertan sus imágenes en cubanas y cubanos.

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