Bolek y Lolek, atrapados con salida

Por mucho que me apuré, no pude llevarme esta vez a casa un bolso o una camiseta con la imagen de Bolek y Lolek. No estaba en Varsovia ni me había montado en una máquina del tiempo para viajar a finales de los años 70 cuando vi por primera vez a los simpáticos personajes de una serie de dibujos animados polacos. Me hallaba en el Pabellón Cuba, año 2013, en pleno verano, a la caza de novedades en la Feria Arte en La Rampa, vitrina estival por excelencia de las industrias culturales y la artesanía artística cubanas.

Imagen: La Jiribilla

Pues sí, Bolek y Lolek reaparecieron ante mi vista en virtud del proyecto Chamakovich, con el que artistas vinculados al Taller de Serigrafía René Portocarrero, liderados por Darwin Fornés, se han propuesto dar nueva vida a personajes de los que entonces llamábamos muñequitos rusos, aunque no fueran precisamente de la hoy desaparecida Unión Soviética.

¿Por qué mi interés por Bolek y Lolek? Dentro de la producción predominante, recuerdo que era uno de los muñes donde el ingrediente aventurero y cosmopolita era más evidente. Muchas otras opciones las encontraba demasiado densas, lentas, moralizantes y melodramáticas. ¿Acaso estos muñes polacos me hacían recordar el ritmo y el dinamismo de los viejos animados  norteamericanos, a los que por cierto nunca idealicé? ¿Sería porque las idas y vueltas de Bolek y Lolek por la geografía y el tiempo universales se empataban con mi memoria de los libros de crónicas de viaje y los de Verne y Salgari?

Al revisar algunas de las entregas de la pareja integrada por un muchachón larguirucho y un chiquitico cabezón (ay, la memoria de Benitín y Eneas) se puede percatar cómo los dibujos y el diseño dramático de las historias apenas guardaban relación con el patrón disneyano.

Imagen: La Jiribilla

La originalidad tiene nombres y apellidos: los animadores y guionistas Władysław Nehrebecki (1923 - 1978 y Leszek Lorek (1922 – 1977), quienes trabajando unidos concibieron los personajes en 1963. Bolek y Lolek se inspiraron en los hijos del primero, uno de los cuales, Roman Nehrebecki, siguió los pasos del progenitor: garantizó hasta los 80 la continuidad de la serie y ha sido el responsable de las versiones en tiras cómicas tan populares en las últimas décadas.

Lo decisivo en mi apreciación, antes y ahora, de Bolek y Lolek, proviene, estoy segura, de la manera en que cada historia me involucraba con lo que podría suceder sin acudir a caminos trillados. Las lecciones, aún aquellas previsibles, estaban íntimamente ligadas a la narrativa fílmica y no sobreimpuestas. La ingeniosa simplicidad del dibujo hacía el resto.

La mejor muestra de la popularidad de Bolek y Lolek se tiene en la profusión de juguetes, muñecos, postales, juegos de mesa, videojuegos y rompecabezas que a lo largo de los años, y aún hoy, circulan en Polonia con estos dispares hermanos como protagonistas.

Imagen: La Jiribilla

Decididamente Bolek y Lolek entretenían, enseñaban y nos enriquecían visualmente. ¿Qué más se puede pedir para que una obra de animación se convierta en un clásico? Y que conste, no soy hija de la nostalgia. Si acaso, como alguien ha dicho, siento nostalgia del porvenir.

De todos modos, por si acaso, la próxima vez trataré de llegar a tiempo a Arte en La Rampa para llevar a casa a Bolek y Lolek.     

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