Fonseca y Temperamento, la lengua: el instrumento

Jueves, 22 de Agosto y 2013 (10:23 am)

Anoche fue. Hace algunas semanas que Roberto Fonseca lo anunciaba, creando, como siempre, expectativa, movimiento. Más próximos al acontecimiento se precisó fecha, y la expectación fue entonces más concreta, el concierto en el Mella fue ya conocido y más esperado. “Presentaremos piezas de nuestro proyecto Tradicional, con invitados de lujo: El Nene y Roberto García. Además, por vez primera mezclaré mi música con la danza. Estaremos estrenando una coreografía de Eduardo Blanco”, había adelantado el músico.

Imagen: La Jiribilla

Ramsés “Dinamita” Rodríguez, que se electriza en la percusión; el maestro Javier Zalba en los vientos, Jorge Luis Chicoy en la guitarra eléctrica, Yandy Martínez pertinente en el bajo, junto al piano y la vocalización de Roberto Fonseca, hicieron la música de este espectáculo, con producción general a cargo de Sergio Guido Llinás.

Temperamento, como promete, tiene “un estilo propio de hacer jazz”, y está, además, estrenando una combinación de su música con danza. “Yo no conocía esto con el jazz; al menos no lo he visto, no con ballet. Nos ha gustado mucho y me parece que haremos más cosas así”, explica después de dos horas de presentación Roberto Fonseca, con toda la carga de aplausos que acababan de recibir. La pieza interpretada en pas de deux fue la muy sublime Danza del espíritu.

Este concierto fue el estreno en Cuba del proyecto Tradicional, que han venido presentando en una gira internacional recién concluida. “Lo hicimos específicamente para el Festival de Marciac. Se trata de nuestro punto de vista sobre la música tradicional cubana. No queremos presentarla como se toca de la manera más pura, sino incorporarle nuevas sonoridades y hacer nuestra versión. No queremos que nos llamen Buena Vista Social Club segunda parte, ni la nueva generación. Nada de eso. Sencillamente pretendemos darle al mundo la música tradicional cubana mezclándola incluso con instrumentos electrónicos.”

Imagen: La Jiribilla

Cayendo en cuenta de la hora, Fonseca había anunciado el final del concierto, y lo concluyó con Tierra Santa, después de haber saludado y agradecido “a lo más importante, lo mejor, lo más caliente de la noche: ustedes”, dijo al auditorio.

Como un director de orquesta cuya batuta es la mirada, el rostro, las manos, Fonseca establece la comunicación con sus músicos. El concierto, además, está siempre en su rostro: la música entra en sus oídos y él la devuelve con movimientos, expresiones faciales y corporales.

Rodeado por tres teclados, anoche conversó con el público con especial frecuencia. Acababa de pedir un aplauso en homenaje a Rita Montaner en su 113 aniversario cuando se sentó al borde de escenario con un radio en la mano, escuchando El manisero, como si la canción estuviera realmente saliendo del aparato. Pero, en el escenario, fuera de su banqueta está fuera de su elemento.

“Este es un tema que… Nada”, desistió en una ocasión, no sin risa. Lo que debiera ser dicho lo diría el tema mismo. “Esta parte que viene ahora es lo más…” y hacía un gesto con los brazos, de grandilocuencia, de “intensidad, pero que no es intensidad”, bromeó pidiendo al público sinónimos. Es que no es ese su lenguaje: el suyo es el musical, y su lengua, el piano. Fonseca –nadie lo dude– habla por las manos y pocas veces es tan elocuente: no precisa otro medio de expresión.

Fuente: Cubadebate

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