Selección de poemas

Quizá la más querida
 

Me diste la intemperie,

la leve sombra de tu mano

pasando por mi cara.

Me diste el frío, la distancia,

el amargo café de medianoche

entre mesas vacías.
 

Siempre empezó a llover

en la mitad de la película,

la flor que te llevé tenía

una araña esperando entre los pétalos.
 

Creo que lo sabías

y que favoreciste la desgracia.

Siempre olvidé el paraguas

antes de ir a buscarte,

el restaurante estaba lleno

y voceaban la guerra en las esquinas.
 

Fui una letra de tango

para tu indiferente melodía.
 

Bruma
 

Buscar lo remoto con férvidas ansias

Y en limbos extraños hundir obstinado el deseo.

Que el ritmo, lo Impar de Verlaine nos conduzca

Y acordes oscuros de queda armonía

Marquen nuestros pasos sobre el gris sendero.

Debussy... maestro... quiero sinfonías

Que esbocen con notas pinturas de nieve y acero:

Baudelaire... te pido me des una pluma

Que en noche de insomnio

Hayas estrujado contra tu cerebro.

Manet, por los bordes de tus concepciones

Vagaré anhelante de encontrar lo Bello

Que me niegan todos

Los que no han tenido como tú el llamado

Del aire, del ritmo, del amor y el cielo.

A aquellos que ansiosos de altura

Con honda ternura se aferran al Arte dilecto.

Quiero incorporarme: desdeñar los claros,

Firmes horizontes del actual camino

Que hallaron mil veces los genios. Prefiero

Con gesto absoluto y un rictus de firme osadía

En limbos extraños hundir obstinado el deseo.

Buscar lo remoto con férvidas ansias...

Yo que sé que es difícil, vago e hipotético.

Pero no abandono ni a Verlaine ni a Byron,

Porque... ¿quién lo sabe?

Acaso de pronto, nítido y brillante

Del fondo impreciso de mis horizontes

Brote el gran misterio...!
 

A una mujer
 

No hay que llorar porque las plantas crecen en tu balcón, no

hay que estar triste

si una vez más la rubia carrera de las nubes te reitera lo

inmóvil,

ese permanecer en tanta fuga. Porque la nube estará ahí,

constante en su inconstancia cuando tú, cuando yo -pero por

qué nombrar el polvo y la ceniza.
 

Sí, nos equivocábamos creyendo que el paso por el día

era lo efímero, el agua que resbala por las hojas hasta

hundirse en la tierra.

Sólo dura la efímero, esa estúpida planta que ignora la

tortuga,

esa blanda tortuga que tantea en la eternidad con ojos

huecos,

y el sonido sin música, la palabra sin canto, la cópula sin

grito de agonía,

las torres del maíz, los ciegos montes.

Nosotros, maniatados a una conciencia que es el tiempo,

no nos movemos del terror y la delicia,

y sus verdugos delicadamente nos arrancan los párpados

para dejarnos ver sin tregua cómo crecen las plantas del

 balcón,

cómo corren las nubes al futuro.
 

¿Qué quiere decir esto? Nada, una taza de té.

No hay drama en el murmullo, y tú eres la silueta de papel

que las tijeras van salvando de lo informe: oh vanidad de

creer

que se nace o se muere,

cuando lo único real es el hueco que queda en el papel,

el golem que nos sigue sollozando en sueños y en olvido.
 

Ganancias y pérdidas
 

Vuelvo a mentir con gracia,

me inclino respetuoso ante el espejo

que refleja mi cuello y mi corbata.

Creo que soy ese señor que sale

todos los días a las nueve.

Los dioses están muertos uno a uno en largas filas

de papel y cartón.

No extraño nada, ni siquiera a ti

te extraño. Siento un hueco, pero es fácil

un tambor: piel a los dos lados.

A veces vuelves en la tarde, cuando leo

cosas que tranquilizan: boletines,

el dólar y la libra, los debates

de Naciones Unidas. Me parece

que tu mano me peina. ¡No te extraño!

Sólo cosas menudas de repente me faltan

y quisiera buscarlas: el contento,

y la sonrisa, ese animalito furtivo

que ya no vive entre mis labios.
 

Resumen de otoño
 

En la bóveda de la tarde cada pájaro es un punto del

recuerdo.

Asombra a veces que el fervor del tiempo

vuelva, sin cuerpo vuelva, ya sin motivo vuelva;

que la belleza, tan breve en su violento amor

nos guarde un eco en el descenso de la noche.
 

Y así, qué más que estarse con los brazos caídos,

el corazón amontonado y ese sabor de polvo

que fue rosa o camino.

El vuelo excede el ala.

Sin humildad, saber que esto que resta

fue ganado a la sombra por obra de silencio;

que la rama en la mano, que la lágrima oscura

son heredad, el hombre con su historia,

la lámpara que alumbra.
 

Flora y fauna del río
 

Este río sale del cielo y se acomoda para durar,

estira las sábanas hasta el pescuezo y duerme

delante de nosotros que vamos y venimos.

El río de la plata es esto que de día

nos empapa el viento gelatina, y es

la renuncia al levante, porque el mundo

acaba en los farolitos de la costanera.
 

Más acá no discutas, lée estas cosas

preferentemente en el café, cielito de barajas,

refugiado del afuera, del otro día hábil,

rondado por los sueños, por la baba del río.

Casi no queda nada; sí, el amor vergonzoso

entrando en los buzones para llorar, o andando

solo por las esquinas (pero lo ven igual),

guardando sus objetos dulces, sus fotos y leontinas y

pañuelitos

guardándolos en la región de la vergüenza,

la zona del bolsillo donde una pequeña noche murmura

entre pelusas y monedas.
 

Para algunos todo es igual,

mas yo no quiero a Rácing, no me gusta

la aspirina, resiento

la vuelta de los días, me deshago en esperas,

puteo algunas veces, y me dicen

qué le pasa, amigo,

viento norte, carajo.

 

Julio Cortázar: Novelista, cuentista y poeta argentino. Nació en Bruselas, Bélgica, el 26 de agosto de 1914 y murió el 12 de Febrero de 1984 en París, Francia. Se recibió como maestro de escuela y traductor en la Universidad de Buenos Aires y trabajó en varios pueblos de Argentina como docente. Formó parte de la Cámara Argentina del Libro en Buenos Aires de 1946 a 1948 y fue traductor independiente en Argentina de 1948 a 1951, año en que se mudó a París, Francia, donde fijó definitivamente su residencia y se ocupó como traductor de la UNESCO, viajando continuamente por toda Europa y fuera de ella mientras desarrollaba una brillante y prolífica carrera literaria. Es uno de los escritores latinoamericanos más reconocidos, sobre todo por su novelística, en la que sobresalen títulos como Los premios (1960), Rayuela (1963), 62/Modelo para armar (1968), Libro de Manuel (1973).

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