Música

Así rumbeaba el Tío

Donde antes hubo una casa en ruinas, Vigía esquina a Castillo en las profundidades del Cerro, una plazuela demasiado modesta recuerda su nombre. Cuatro bancos de cemento y un mural despintado es el espacio que pretende evocar a Gonzalo Asencio Hernández (1919 – 1991), para los rumberos, el Tío Tom.

Aunque nació en un solar de Cayo Hueso, vivió gran parte de su existencia en esa zona del Cerro conocida por Atarés y a base de talento natural, prodigiosa imaginación y un sexto sentido orientado hacia extraer la savia de la cultura popular, se convirtió en uno de los grandes rumberos de todos los tiempos, autor de guaguancoes que forman parte medular del imaginario de los cultivadores y amantes del género.

Como rumbero al fin, nada le era ajeno: los amores, los desamores, la patria, las historias de vecinos, las habladurías de la gente, los personajes del barrio, las puyas a otros rumberos, los orishas, los golpes de la suerte, la esperanza y la muerte.

A diferencia de creadores de otros géneros, lo suyo era improvisar y memorizar. Nada quedó en partituras. Se cuenta en la calle Vigía que pocos años después del triunfo de la Revolución, el comandante Juan Almeida lo fue a buscar al barrio y lo paseó por varios lugares animados con victrolas para que identificara números concebidos por el rumbero y grabados sin que por ello recibiera la menor remuneración. Almeida hizo que Tío Tom inscribiera sus temas y cobrara por primera vez regularmente derechos de autor.

Eso sí, nadie en el ambiente podía negar la autoría de Consuélate, Me estoy poniendo viejo, Bombón  Changó ta’ vení,  Dónde están los cubanos o la simpática Mal de yerbas, en la que repasa con sumo ingenio su gusto por el cine.

Cuenta Sergio Pulido, vecino de Atarés, que siendo muchacho Tío Tom le dictaba en una libreta los guagancoes suyos “para que algún día no se olviden”. Pulido fue testigo más de una vez de la notable inspiración del Tío, quien mientras apuraba un ron barato al filo de la medianoche, armaba estrofas e inventaba melodías con asombrosa facilidad.

El prestigioso escritor y musicólogo Leonardo Acosta ha estudiado con profundidad y detenimiento la contribución de Tío Tom a la música cubana. Sobre él expresó:

"A veces un hecho o un personaje se convierten en leyenda y esta oscurece la historia real. Y con frecuencia un personaje se hace legendario en perjuicio de la propia persona, que es relegada al olvido. En la música popular esto suele ser común, y nos encontramos con seres de carne y hueso olvidados o ignorados como personas, mientras sólo se presta atención a su leyenda; este fue el caso del Tío Tom, de quien se conocen algunos de sus cientos de números musicales y que, sin embargo, durante años permaneció como una entelequia, una figura de leyenda, hasta que finalmente se le rindió un homenaje en la Casa de la Cultura de Plaza, en La Habana, al cual asistieron decenas de rumberos destacados del país. Y ahí estuvo el Tío, cantando y bailando, tan real como cualquiera de nosotros. Esto ocurría en 1982 y fue el antecedente de los Sábados de la Rumba que tuvieron lugar después, en la sede del Conjunto Folclórico Nacional".

De la leyenda a la realidad ha sido también el tránsito de Tío Tom este verano, con la convocatoria de la quinta edición de Timbalaye, festival internacional de la rumba y el son que reunió en La Habana, Matanzas y Santiago a estudiosos y aficionados de estos géneros procedentes de Italia, Somalia, Perú, México y Argentina que vinieron a aprender parte de la historia y varias de las fortalezas de esas expresiones esenciales de la cultura popular de la isla.   

Su director general, Ulises Mora, comentó:

"Hoy y siempre será Tío Tom, pero también Caballerón y Chavalonga, gente de Atarés, y Chano, Papín, Saldiguera, Virulilla, Pancho Quinto, Embale y tantos y tantos rumberos de obra probada que no pueden perderse en la grisura del anonimato. La rumba cuenta con autores fértiles y de vasta proyección a los que Timbalaye tendrá que remitirse como parte de nuestra labor de reconocimiento a los valores ancestrales y contemporáneos. Nuestro guía y asesor principal, el doctor Miguel Barnet, insiste en que los homenajes no sean cosa de un día, sino permanente veneración a quienes se han ganado un espacio jerárquico en una de nuestras expresiones culturales fundamentales. Para ello promovemos la labor de investigadores e intérpretes de las nuevas generaciones".

Fue así que Timbalaye 2013 comenzó esta vez por la calle Vigía, del Cerro, para dar nuevo aliento a la manera inigualable de rumbear de Tío Tom.

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