El joven creador en la sociedad que se reordena

Mónica Rivero • La Habana, Cuba
Lunes, 26 de Agosto y 2013 (11:25 am)

La Asociación Hermanos Saíz (AHS) —organización juvenil que agrupa a artistas de diferentes manifestaciones de todo el país— se encuentra en el proceso que precede a su segundo Congreso, que sesionará en plenario entre el 16 y el 19 de octubre del presente año en el Palacio de Convenciones de La Habana. Pero la calidad y cantidad de los debates camino a octubre hacen que lo discutido hasta el momento sea tan relevante para los destinos de la Asociación como el Congreso mismo.

Acerca de este tema y de la manera en que se concibe a sí misma la organización en el escenario cubano actual, Luis Morlote, su presidente y activo partícipe del proceso en las bases a lo largo de la Isla, señala no pocas rutas de interés.

¿Cuáles son los temas fundamentales que han emergido como preocupaciones de los jóvenes artistas en el proceso previo al Congreso?

Tengo un resumen de todo lo que se ha debatido, los acuerdos, los compromisos, por dónde anda la cosa. Con esas ideas recogidas, estamos haciendo todo lo necesario para que el Congreso no se quede en el evento.

Hemos identificado siete temas fundamentales en las asambleas nacionales y municipales:

1. Funcionamiento de la organización: es todo lo relativo al trabajo interno de la asociación, fundamentalmente las condiciones de las Casas del Joven Creador como espacio polivalente para la actividad cultural; qué programación ofrecen, qué calidad tienen los servicios de la sala de navegación. En la Casa del joven creador de cada provincia hay una sala de navegación para dar acceso a los asociados a contenidos culturales. También están disponibles a toda la población películas para la copia vía USB. Además tienen galería de arte, espacio para peñas.

Se ha diagnosticado qué deficiencias tiene nuestro funcionamiento económico; estas han sido expresadas, por ejemplo, en las limitaciones para entregar financiamiento para proyectos por encargo.

Se ha hablado del crecimiento de la organización y la manera en que se hace el proceso de selección, puesto que seguiremos defendiendo el conservarnos como una organización selectiva.

Se ha discutido también en torno a qué opciones de superación se les ofrecen a los creadores en función de su manifestación —las becas, por ejemplo—, así como el escaso intercambio entre provincias, producto de la depresión que sufrió esta práctica a partir del Período Especial.

2. Capacidad de las instituciones culturales para dialogar con los creadores: este aspecto se ha deteriorado por la incapacidad para dialogar, debatir e incluso apoyar proyectos valiosos de los creadores por parte de instituciones culturales, en unos casos por falta de visión, en otros por falta de recursos. A veces tenemos clara la política de esa relación entre el Ministerio de Cultura y sus instituciones con la organización en su nivel central, pero luego las regulaciones de esa relación se distorsionan en la medida en que va llegando a los territorios. Por supuesto, no siempre es así, tenemos buenos ejemplos como Holguín, Santa Clara y Camagüey.

Hay que tener en cuenta que uno de los desafíos más grandes de la institución es el sentido mismo de ofrecerle un servicio a los artistas asociados, de donde emerge el reto tremendo de mantener el diálogo con los creadores más jóvenes, y que la asociación les sea útil para la promoción, el acompañamiento, la difusión o la producción de su obra. La razón de existencia de la organización es el creador, y con este, el público.

3. Acceso a la organización: se ha discutido en torno a cómo un creador puede acceder a la asociación y de las posibilidades que tiene de profesionalizarse.

4. Promoción a través de los medios: Ahí se analiza todo lo relativo a la programación de los medios, la calidad o su falta, teniendo en cuenta que estos son indiscutibles referentes y formadores de gusto —aunque hay otros medios de difusión que no tienen que ver con la radio y la televisión.

Se ha hablado mucho acerca de la decadencia de la crítica artística y literaria como actividad de orientación, formadora de jerarquía. Faltan los espacios para su ejercicio y la preparación suficiente para que haya profesionales que la realicen, puesto que no todo el mundo puede ejercer la crítica. Es preciso contar con un conocimiento real de la manifestación que se va a criticar.

La promoción en los medios se ve en dos dimensiones: cómo la radio, la tv y la prensa hoy promueven la obra de los jóvenes artistas, de qué manera ellos tienen cabida ahí; y, en el caso de los realizadores audiovisuales, cómo esos medios participan en la construcción de la obra, cómo apoyan su producción.

5. Papel del creador y el intelectual en la vida social del país: esto atiende a la responsabilidad social y la manera en que participa esa joven generación en la vida social del país, mirando, además, a nuestro vínculo con la investigación. La Asociación tiene siete secciones: Música, Literatura, Artes Escénicas, Artes Plásticas, Audiovisual, Crítica e Investigación y, por último, Promoción Cultural.

Existe la propuesta de que se amplíe la sección Artes Plásticas a Artes Visuales, para que reconozca y contemple a diseñadores y arquitectos. Asimismo, ampliar lo audiovisual hasta lo digital. Todo eso tendrá cabida en la modificación de los estatutos que tendrá lugar próximamente.

6. Enseñanza artística: en este punto se ha contenido todo lo relativo al creador en calidad de estudiante y como docente.

7. Cambio de la estructura económico-financiera: estamos identificando qué es más conveniente para una fórmula económica única y a partir de eso ordenar y regular el control, la fiscalización y el otorgamiento de recursos a los creadores.

¿En qué consiste la modificación de estatutos prevista?

Los estatutos pueden ser modificados en un Consejo Nacional Ampliado o en un Congreso (según lo establecen los propios estatutos), en este caso será en el Congreso, para lo que se dispuso la comisión Estatutos y Reglamento.

Nosotros lanzamos la convocatoria del Congreso desde octubre del año pasado con la idea de llevarlo a efecto en el término de un año. Y creamos desde entonces grupos de trabajo en correspondencia con las comisiones a sesionar. Los grupos están integrados por unos cinco o siete creadores a quienes se les dio la misión de buscar fenómenos, preocupaciones, opiniones relativas a un tema.

Como resultado de ese trabajo, tenemos ahora una propuesta, un anteproyecto de reglamento que ya el grupo de trabajo tiene listo para ser sometido a debate, lo mismo que los estatutos. Puede ser que en el Congreso se apruebe un grupo de cosas que lleven que haya que seguir trabajando en los estatutos, pero nosotros, en principio, llevamos una propuesta a discusión.

Dentro del debate estamos proponiendo un cambio de estructura de la propia organización, en lo que se refiere a su estructura económico-financiera. Lo estamos trabajando con mucha seriedad.

¿De qué cambio estamos hablando?

En el propio funcionamiento de la organización han habido distorsiones: a la hora de trabajar hay formas financieras diferentes y estamos tratando de, al menos, concebir una sola forma de trabajo y apoyo a los creadores a partir del ejercicio de la economía. Esto tiene mucho que ver con la organización que se está haciendo a nivel nacional como parte de la implementación de los Lineamientos del Partido.

Hoy la organización está evaluando qué estructura le es más conveniente. No solo depende de nosotros, depende también del Ministerio de Cultura, que es nuestro órgano de relación, y del Ministerio de Justicia.

Estamos en un proceso de ordenarnos hacia un sistema de trabajo que sea único y que permita tener mejores resultados en el control, la fiscalización y el otorgamiento de recursos a los creadores, para ayudar a su obra. Esa es una de las misiones de la organización: trabajar en la atención y el acompañamiento a los creadores a partir de la producción total o parcial de la obra. El país está ordenando esas cuestiones y nosotros también queremos —y tenemos el deber— de hacer propuestas. Que se aprueben o no, depende de los delegados al Congreso.

¿De qué dependería que la Asociación apoye económicamente un proyecto determinado?

Para contestar a tu pregunta vamos a hacer un poco de historia. La Asociación Hermanos Saíz es una organización de creadores que surge en 1986 a partir de tres movimientos: la Brigada Raúl Gómez García, el Movimiento de la Nueva Trova y la Brigada Hermanos Saíz, que en ese momento ya tenía un protagonismo en la vida sociocultural del país.

Se unieron esos tres movimientos en un evento que se llamó Primer Encuentro de Escritores, Artistas y Técnicos de la Cultura, y se convierten en la AHS. Desde esa primera generación existió el cuestionamiento de cuál iba a ser la misión de la organización; y yo creo que el Congreso de 2001 —el primero de la organización— logró definir esas razones de ser: Propiciar que los creadores (menores de 35 años) se asocien en un espacio de participación social, debate y discusión; donde además se atendiera sus necesidades en cuanto a la promoción de su obra, dentro de Cuba y en el extranjero (más a nivel nacional, sobre todo debido a dificultades económicas); y también a recibir apoyo y acompañamiento en la producción de su obra.

¿Todos? No, los recursos no alcanzan para eso, por esa razón priorizamos lo que tiene más calidad, y disponemos además un sistema de becas, premios, eventos y programación.

El año pasado empezamos a conformar una nueva beca: Reino de este mundo, que, a diferencia de las que son para jóvenes de menos de 35 años, miembros o no de la organización, esta es solo para nuestros asociados, que han llegado a ella a partir de un proceso selectivo y merecen la posibilidad de presentar proyectos de un mayor calado y una mayor necesidad de recursos. Frente a esos proyectos, la organización negocia con las instituciones culturales cómo se puede producir la obra en cuestión.

Se presenta trimestralmente, con un monto financiero que la organización diseñó a partir de su presupuesto, y se discute entonces con las instituciones la posibilidad de producir proyectos que nos parezcan valiosos. Contempla propuestas que pueden ir desde la realización de un audiovisual, una exposición fotográfica hasta la producción de una obra de teatro. En el caso de la literatura no, porque esa manifestación la encausamos a través de nuestras cinco editoriales propias.

La dirección de la Asociación de cada territorio trae los proyectos de su área de trabajo y la Dirección Nacional los discute teniendo en cuenta su factibilidad económica. Tratamos de que la aprobación priorice la calidad, a partir de una evaluación hecha por especialistas. Finalmente se someten a discusión en el Consejo Nacional de la Asociación.

De cara al Congreso, han sido señaladas determinadas debilidades que tiene el mecanismo, a partir de las expectativas de algunos creadores, porque sigue siendo muy difícil para nosotros respaldar con recursos la obra de muchos de ellos.

Se han hecho también planteamientos sobre el necesario ajuste del plan de becas en función de los territorios: no es igual la manera de apoyar la creación en Guantánamo, que en Santa Clara o en la Isla de la Juventud. La naturaleza misma de los proyectos es diferente según los lugares.

¿Es la membresía de la AHS representativa de los jóvenes artistas cubanos?

Esta organización, en el mismo diseño de la política cultural cubana —que necesariamente se ha ido actualizando y tendrá que hacerlo ahora a la luz de los cambios que está viviendo Cuba— tiene muy bien definida cuál es la responsabilidad o, por lo menos, el ámbito de trabajo de una institución cultural y cuál la de una organización de creadores.

Una organización como la AHS o la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba) tiene la misión de agrupar a lo que tiene más calidad y jerarquía cultural, puesto que son organizaciones selectivas. Nosotros recibimos cientos de solicitudes y solo entra una parte de esas, a partir de un jurado, que puede tener defectos y equivocarse, de modo que tenemos concebido un mecanismo para reclamar, con un jurado diferente al original que debe darle respuesta a la gente.

En Cuba existen instituciones de la cultura que están encargadas de la atención y la representación de los creadores de manera general: existe el Movimiento de Artistas Aficionados, existen las Casas de Cultura, etc. Por nuestra parte, debemos ser representativos de la vanguardia artística e intelectual cubana. Alfredo Guevara nos decía que el hecho de que aspiráramos a ser vanguardia era ya importante. Debemos pensarnos así.

¿Somos representativos de lo mejor de los artistas cubanos? Yo creo que sí en gran medida pero no totalmente, porque la organización ha recibido durante años la presión de movimientos como el rock y el rap hace unos años y más recientemente el movimiento de DJs, alternativos, emergentes, de los cuales hoy sí es representativa, y sé que ya forman parte del sistema institucional de la cultura y del sistema empresarial, reciben un apoyo financiero a partir de la obra que hacen como creadores, como resultado de una batalla de años.

Pero hay otro número de creadores que egresan del sistema de enseñanza artística que no manifiestan, digamos, necesidad de la visibilidad que proporciona la Asociación ni el diálogo con el sistema institucional de la cultura al que, de hecho, muchos pertenecen.

Tenemos la debilidad de que no están dentro de la organización suficientes creadores del sistema de enseñanza artística. Quizás porque son los que menos necesitan la organización, puesto que salen del sistema de enseñanza artística y ya tienen plaza, pertenecen a algún lugar. Trabajar más en ese sentido es uno de nuestros pendientes.

También debemos educar para que se conozca el sentido de la organización, porque no es una productora ni una empresa, como algunos la ven. Aunque hoy yo creo que los creadores más importantes de un grupo de géneros y de manifestaciones están dentro de la AHS, hay otros que no, por ejemplo, el ballet y los del canto lírico, por solo citar un par de ejemplos.

¿Qué posición tiene la AHS ante una manifestación que tiene tanto espacio en los medios y tanta aceptación popular como el reguetón?

La Asociación no está contra ningún género en sí, de lo contrario se cae en una trampa en la que algunas veces hemos caído y no solo nosotros, las instituciones también. No se puede descalificar per se a un género.

La AHS está contra todo producto que se llame cultural y que no tenga calidad, ya sea de música popular, reguetón, de pequeño formato. Estamos contra la mala letra, contra la mala música, contra lo que no promueva valores esenciales para ser mejores seres humanos. Esa es una responsabilidad del arte.

La AHS no rechaza un género o una manifestación: está contra la falta de calidad tanto en la música como en la plástica, la literatura, etc. Considero que el consumo cultural se ha deformado mucho a partir de ciertas propuestas de los medios de comunicación, tradicionales o alternativos, porque ya el consumo no se orienta verticalmente sino que está el puerto USB: hay otras redes de difusión de obras a partir de la democratización de determinados soportes que facilitan el acceso. Eso supone muchas ganancias, pero también una falta de supervisión de que lo que se difunde. Es cuestionable qué gustos se están formando, qué estilos de vida propugnan esos y los otros medios.

¿La organización contempla la posibilidad de ser identificada como una institución oficial?

El papel fundamental de la organización ha sido dar espacio a creadores y manifestaciones que en un primer momento no han sido asumidos por las instituciones culturales —y hablo desde la certeza de que la política cultural cubana es abierta, inclusiva. Tenemos principios de trabajo aprobados por la membresía, los estatutos de la organización no los impuso nadie, y los hemos ido modelando a partir de los sucesivos debates en los consejos nacionales y los congresos, a partir de las necesidades de creadores que se asocian en función de intereses colectivos.

Que no se convierta en una institución oficial está dado por la propia naturaleza de la AHS: es una asociación y no una institución del sistema institucional de la cultura, valga la redundancia. En Cuba, las asociaciones y las organizaciones no gubernamentales tienen una representación, una especie de órgano de relación. El nuestro es el Ministerio de Cultura, y nos vinculamos con organismos de la administración central del Estado. Pero yo no veo que el artista asociado sea más “oficial” que el que no lo está. No es que un bailarín del Ballet Nacional de Cuba llegue a la organización y entonces “se oficialice”, ni creo que los creadores, que el núcleo grandísimo de DJs de todo el país que pertenecen a la organización, sean más “oficiales” que los que no están. En la organización han encontrado la manera de canalizar sus inquietudes, sus necesidades.

Por mirar un aspecto, el pertenecer a la organización no significa que se vaya directamente a la UNEAC. La gente sale de la AHS a los 35 años y no hay garantía de que entre en otra entidad; por eso existe un reclamo por parte de algunos asociados de prolongar el tiempo permitido para la permanencia en la organización.

¿Hacia dónde debe dirigirse el trabajo de la Asociación Hermanos Saíz, habida cuenta de sus carencias y sus fortalezas?

Hoy la Asociación cuenta entre sus debilidades la imposibilidad de poder atender realmente a toda su membresía, ofrecerle oportunidades, opciones, y que todos los creadores las conozcan —tengo la insatisfacción de que muchos no conocen las opciones que tienen como miembros.

Debemos replantearnos la relación con cada uno de los miembros en todo el país, qué hacemos por cada asociado, y qué hace cada asociado por la organización, porque no puede perderse de vista que pertenecemos a un colectivo.

Aquellos que aceptan dirigir en la organización por un tiempo determinado, deben preguntarse sistemáticamente cómo atienden a la organización, a sus miembros. No en todos los territorios las necesidades son las mismas: hay a quien se puede ayudar con un video clip, o con la publicación de una obra, a otros con un espacio o con participación en eventos.

Y, por otro lado, cómo se convierten en una oferta cultural para el segmento de población que consume el arte que nosotros hacemos. Pensar de qué manera la Casa del Joven Creador se convierte en un atractivo para toda la comunidad, además de sacar los eventos de ella, puesto que la manera en que se prueba la obra es en contacto con el público.

¿Por qué un segundo Congreso ahora?

El Congreso anterior se hizo en 2001, aunque conocedores de la organización bromean con que a la altura de ese momento, ya se habían hecho como tres no declarados como tales. Es que se habían realizado Reuniones Nacionales antes, donde se discutió toda la vida de la organización y se propuso estatutos.

El de 2001 fue un Congreso que tuvo mucha resonancia dentro del país. Tuvimos la suerte de que Fidel estuviera con nosotros, coincidiendo en el marco de la Batalla de Ideas. Luego hemos venido haciendo un grupo de reuniones de trabajo, a las que hemos llamado Consejo Nacional Ampliado, cada dos años. Lo celebramos en 2003, 2005, 2007 y 2009, y como parte de su agenda se han realizado las elecciones.

Ahora, después del Congreso del Partido, la organización de los jóvenes artistas quiere y debe discutir su función y sus mecanismos de trabajo en una sociedad que se está reordenando. Es un deber y un derecho de nuestra organización proyectar cómo puede ser más útil a su membresía y, por supuesto, a la sociedad.

Fuente: Cubadebate

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