Jaime Sarusky en la memoria de todos

Cira Romero • La Habana, Cuba

Pudo haber nacido en Florencia, Italia, pero ocurrió en Florencia, Camagüey, en 1931, donde se habían radicado sus padres, de origen hebreo. Llegó a la capital con ocho años y estudió en el Candler College, entonces un reputado colegio de enseñanza bilingüe dirigido por pastores presbiterianos de origen norteamericano.

Como buen descendiente directo de judíos fue comerciante en Marianao, y colaboró en periódicos de esa localidad, como El Sol, donde publicó cuentos y artículos culturales. Quizás esta vocación le provocó liquidar su negocio y marchar a París, donde fue presidente de la Casa Cuba de la Ciudad Universitaria y tomó parte en protestas contra la dictadura de Batista.

En esa ciudad trabó amistad con el poeta y pintor Fayad Jamís y con Saúl Yelín, vinculado al cine. Quiso subir otro escalón cultural y matriculó cursos de Literatura Francesa y de Sociología del Arte en la Universidad de La Sorbona. En 1957 asistió como delegado al Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes celebrado en Moscú, dato que no muchos conocen.

En 1959, de nuevo en Cuba, inició su labor periodística profesional como redactor y jefe de rotograbado del periódico Revolución y al mismo tiempo trabajó en el recién fundado Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos. Posteriormente fue redactor de La Gaceta de Cuba (1965), jefe del suplemento y la página cultural de Granma (1967) y periodista de Bohemia (1971).

Por aquellos años también impartió clases de Historia de América en el Instituto de Preuniversitario de Marianao y de literatura cubana y española en el Instituto Preuniversitario Raúl Cepero Bonilla.

Sus novelas La búsqueda y Rebelión en la octava casa obtuvieron mención en el Concurso Casa de las Américas en 1961 y en 1967, respectivamente. Colaboró además en Lunes de Revolución, Casa de las Américas, INRA, Cuba, Unión, La Gaceta de Cuba, Izvestia (URSS), Margen (Francia), Neue Deutsche Litteratura (RDA), Nuevo Amanecer (Nicaragua), Novedades (México), Rojo (Puerto Rico), La República (Panamá.), Nossa America (Brasil).

Tradujo del francés el ensayo Shakespeare, nuestro contemporáneo (1968), de Jan Kott y sus trabajos se vertieron al checo, al húngaro, al inglés, al portugués, al italiano y al francés.

En cumplimiento de tareas periodísticas viajó por varios países y en 1962 participó en la reunión de Punta del Este, donde Cuba fue expulsada de la OEA.

Entre 1977 y 1984 se desempeñó como funcionario del Ministerio de Cultura. Realizó investigaciones sociológicas en el Escambray. Impartió  conferencias sobre literatura cubana en Akademgorodok, de Novosibirsk (1984), disertó en Dinamarca y Suecia sobre los emigrantes de esos países en Cuba (1987) y expuso en la Universidad de Toronto acerca de la comunidad hindú en Cuba (Canadá, 1988).

En la antigua República Democrática Alemana (1985) y en Finlandia (1987) asistió a encuentros internacionales de escritores. Fue jurado en certámenes de la UNEAC y Casa de las Américas, así como en encuentros nacionales y provinciales de los Talleres Literarios.

Es coautor de La política cultural de Cuba (1979). A partir de 1984 trabajó como redactor de Revolución y Cultura. Fue galardonado con la Distinción Por la Cultura Nacional y las medallas Raúl Gómez García y Féliz Elmuza. En el año 2004 fue elegido Académico Correspondiente de la Academia de Ciencias Sociales de Mendoza, Argentina, y ese mismo año le fue concedido el Premio Nacional de Literatura.

Su bibliografía incluye títulos como La búsqueda (novela, 1961), Rebelión en la octava casa (novela, 1967), El tiempo de los desconocidos (testimonio, 1977), Los fantasma de Omaja (crónicas, 1986), El unicornio y otras invenciones (cuentos,  1996), La aventura de los suecos en Cuba (1999), Un hombre providencial (novela, 2001), con la que ganó el premio Alejo Carpentier, y Una leyenda de la música cubana. Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC (2006).

Este sería su currículo sumariamente expuesto. Lo conocí cuando frisaba más de sesenta años y aún mantenía su gallardía física y se le consideraba (se le considera), una de las figuras más relevantes de la literatura cubana posterior a 1959.

Su primera novela, La búsqueda, lo colocó en uno de los primeros peldaños de la literatura surgida con posterioridad a ese año, donde utilizó técnicas narrativas de avanzada para el tema escogido —un joven que cultiva la música popular, pero aspira a ejecutar la clásica—, aunque quizás el mayor valor de la obra sea el de incorporar los valores de la música tradicional cubana.

Con Rebelión en la octava casa se sumó a otros autores cubanos, como Lisandro Otero, que dieron espacio en su obra a la corriente existencialista, punto de vista que le valió experimentar con técnicas narrativas poco frecuentadas entonces, y con la cual accedió a mundos caóticos ordenados bajo los signos zodiacales, en la atmósfera habanera del año 1958, donde, desde una ventana apenas abierta el personaje puede observar la soledad de las calles, solo surcadas por las apresuradas perseguidoras en busca de posibles víctimas.

Su novela Un hombre providencial nos lleva a un personaje mítico y aventurero, William Walker, que nos conduce por mundos de alta complejidad como el de las relaciones de poder y las intrigas, sin desentenderse de las pasiones propias del hombre.

Pero Jaime, el Jimmy para sus amigos, o Jimmyto,  como siempre lo llamaba Reynaldo González, fue, es, además de narrador, uno de los mejores periodistas culturales que ha dado Cuba en todos estos años.

Gracias a su cultura, al poder de su imaginación para armar sus crónicas, al encanto y al sabor que le ponía a sus reportajes, sus trabajos para la prensa plana desarrollan un discurso inquietante, intencionadamente culto, pero sin poses que invitaran a rechazarlos. Supo apretar y apreciar en esas páginas, cientos de ellas, el termómetro de la cultura cubana en sus más diversas facetas, desde la literaria a la musical, con demostraciones tan poderosas como su libro Una leyenda de la música cubana. Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, devenido hoy en libro de imprescindible conocimiento.

Sus inquietudes lo llevaron a estudiar, para llevarlo posteriormente al testimonio, la presencia de una comunidad sueca en Cuba, del que surgió su citado libro, donde “cocina” los vestigios dejados por quienes vinieron a la Isla, desde sus lejana y fría región, para dejar aquí una parte pequeña, pero parte al fin, de sus costumbres. Esas marcas silenciosas las captó con extremo respeto, en el entendimiento de que solo bajo ese criterio podía rescatar y revalorizar esas huellas.

Falleció el 29 de agosto, cuando su cuerpo no pudo resistir más la enfermedad que lo acosaba. Jaime Sarusky a secas. Hombre de cultura, hombre de letras. Estará siempre presente en el engranaje de la cultura cubana como un protagonista esencial. Como hijo que fue de su tiempo, lo será de todos los tiempos.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato