Festival Leo Brouwer a la caza de novedades

M. M. López • La Habana, Cuba

Con la primera actuación en Cuba de las hermanas Labèque el pasado 2012, el Festival Leo Brouwer de Música de Cámara logró posicionarse mejor que nunca en la cartelera de eventos de la Isla. A menos de un año de aquel suceso se ha anunciado que otro invitado de altos quilates, el guitarrista flamenco Paco de Lucía, prestigiará las jornadas organizadas por la oficina que lleva también el nombre del músico y compositor cubano. El concierto que el español y su grupo tienen programado para el 2 de octubre en el teatro Karl Marx de La Habana, ha colocado nuevamente al Festival en el centro de las miras de la afición musical del país, sobre todo por las expectativas que genera la presentación del conocido cantaor e instrumentista ibérico en un escenario cubano, luego de un cuarto de siglo de ausencia.

Sin embargo, la estrategia del maestro Brouwer y su equipo para hacer que fructificara con creces el evento en apenas cinco años, no consiste solo en acudir a figuras de renombre para que el público llene los teatros. El Festival no funciona como un parque de atracciones. Las pianistas francesas, De Lucía y otros grandes y célebres músicos que ya se anuncian para 2014, como Bobby Mc Ferrin, Jordi Saball y Fito Páez, son amigos que han respondido al llamado del maestro, sin demandar pago alguno por ello. Silenciosamente, instrumentistas de altísimo nivel, pero de menos “prensa”, a los que Brouwer no duda en calificar como “monstruos” de la música a nivel internacional (entre ellos el guitarrista Edin Karamasov) han realizado en la Isla intervenciones que quedarán también registradas con tinta de oro en nuestra historia cultural.

El Festival, que comenzó con cuatro recitales en La Habana y se propone llegar este año a 20 espectáculos en tres provincias del país, ha mantenido una programación de muy alta calidad sin acceder al alza de los precios de las entradas en las instituciones teatrales y salas de conciertos, por muy conocidos o esperados que sean sus artistas huéspedes. En lugar de convertir el evento en un festejo exclusivo para espectadores gourmets, la Oficina Leo Brouwer está a la caza de ideas para extender el alcance de la música de calidad abriéndose también al jazz, la fusión, la trova, el repertorio cubano antiguo, el flamenco y la electrónica. La inauguración de dos exposiciones fotográficas y una de artistas de la plástica que trabajan la música como temática fundamental; la realización de dos ciclos de cine y la presentación especial de igual número de documentales, son otros de los dispositivos que se activarán para cumplir con este propósito.

Aun teniendo conciertos y muestras visuales, e incluso con la celebración de jornadas teóricas (centradas esta vez en el patrimonio musical de Santiago de Cuba, la relación del Apóstol José Martí con la música y la obra de Bobby Carcassés) el programa del evento no se desmarcaría demasiado de la estructura tradicional de los festivales artísticos en el país. Pero si los creadores logran la descomunal tarea de tener listas para el 24 de septiembre las 40 piezas musicales que se proponen tocar por primera vez en la Isla, y si el equipo de producción consigue generar óptimas condiciones para la realización de espectáculos tan sui géneris como los que estarán dedicados a Benny Moré y los bicentenarios de Guiseppe Verdi y Richard Wagner, el Festival habrá probado una vez más su especificidad dentr